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Bajo el reclamo “El trabajo cada vez enferma a más gente”, incrustado en un email, conozco que los días 26 y 27 de noviembre tendrá lugar en Mataelpino, Madrid, el I congreso de salud laboral y bienestar personal, promovido por Desarrollo Humano; cuyas inscripciones pueden formalizarse hasta el 11 de noviembre.

Afirmación que, punto y seguido, se completa con un dato (“Hasta el 60% de las bajas de los ciudadanos de la UE se deben a problemas de ansiedad y estrés) capturado -según se da a entender- en 20 minutos, en marzo de este año, si bien la autoría del estudio corresponde a Randstad, quienes también afirman -en Tendencias (abril 2011)- que “la ‘economía de la felicidad’ (Happinomics), está en alza”.

Lo que hasta ahora teníamos bastante claro es que el trabajo, que empezó siendo un castigo (divino), luego pareció convertirse en un don; hasta ahora mismo, tiempos en los que parece notorio que es un problema en España. Un verdadero problema; la consecuencia de una administración incompetente.

Primero porque hemos asumido (nos creemos) que el trabajo es un problema estructural o sistémico (bajo los supuestos de la era industrial en la que seguimos anclados), lo que equivale a admitir que es connatural a nuestra sociedad. Y si fuera así, ¿por qué no nos concentramos en cambiar una sociedad que ya no es del bienestar?

Luego porque, asumido el gazapo, se justifican prácticas (a todas luces inmorales) como son el aumento del patrimonio de altos cargos y ejecutivos mientras se argumenta la esquilmación de la clase trabajadora (derechos y salarios) sobre la base del mantenimiento en precario de un empleo por tiempo definido, pues la deslegitimación del derecho está a la orden del día. Y siendo así, ¿cómo no lo erradicamos?

Seguidamente, porque las conquistas en materia de conciliación y calidad de vida laboral empiezan a chocar frontalmente, y a claudicar, ante el claim‘Todos contra la crisis’ cuando debiéramos reformular la arenga para vocear ‘Todos contra el fraude, el engaño y la prepotencia’ de poderes que se revelan no otra cosa, sino absolutamente impotentes, porque no pueden, remediar la situación a la que nos han conducido. Y admitiéndolo, ¿cómo lo consentimos?

En cuarto lugar, porque tal estado de situación pone de actualidad la puja sobre la fecha en la que rebasaremos la frontera de los cinco millones (5.000.000) de parados.¡Todo un notición! Un record Guiness, para nuestra gloria y regodeo.

Quinto. Porque nuestra sociedad (hologramática) ha propiciado la inclusión de nuevas patologías en el vademécum de enfermedades profesionales: síndrome del quemado (burnout), adicción al trabajo, dependencia del estrés (ergodependencia), fatiga crónica, tecnoestrés… y probablemente surjan algunas otras. Y sabiéndolo, ¿no nos vacunamos?

Para terminar, porque en esta sociedad del malestar cada vez son más las voces que demandamos administrar sociedades y gestionar empresas sobre la base de una  economía de la felicidad que se nos viene escapando de las manos cuando la creíamos conseguida. ¿Nos lo podemos permitir?

© jvillalba

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[Los lunes al sol]

Retomando mensajes anteriores, una nueva expresión del sentir popular se  los está apropiando y propaga por la Red (e-mail y blogosfera) para decir lo que a muchos importa en España. 

A continuación lo reproduzco como ejemplo vivo de las percepciones que ciertas “realidades” suscitan en quienes las experimentan y se suman a mensaje y significados amplificándo el clamor y sus efectos.

Con poner tres palabras (cigarra hormiga española) en cualquier buscador encontrará en 0,38’’ numerosas reproducciones con el mismo mensaje.

© jvillalba

La cigarra y la hormiga (versión española)

Recordarás la fábula de la Cigarra y la hormiga en el que la hormiga trabajó a brazo partido todo el verano, bajo un calor aplastante, mientras construía su casita y se aprovisionó de víveres para el invierno.

La Cigarra, que pensaba que la hormiga era tonta, se pasó todo el verano riendo, bailando y jugando.

Cuando llegó el invierno, la hormiga se refugió en su casita, donde tenía de todo lo que necesitaba hasta que llegara la próxima primavera. La cigarra, tiritando y sin comida ni cobijo, se murió de frío

FIN

… hasta aquí la versión tradicional. Pero ¿Qué pasaría si la fábula se desarrollara en España?

La primera parte sería prácticamente idéntica – la hormiga trabajando y la cigarra a lo suyo – y cuando llega el invierno, la hormiga también se refugia en su casita, donde tiene todo lo que necesita hasta la primavera, pero…

La cigarra, tiritando y medio muerta de frío organizaría una rueda de prensa en la que haría que nos preguntáramos “¿Porqué la hormiga tiene derecho a vivienda y comida, cuando hay otros, con menos suerte que ella, que tienen frío y hambre?

La televisión organizaría un programa, en vivo, en el que la cigarra saldría pasando frío y calamidades, a la vez que muestran extractos de vídeo de la hormiga, confortablemente establecida en su casita y frente a una mesa llena de comida.

Los españoles – sorprendidos – no entenderían como es posible que en un país moderno como el suyo se deja sufrir a las pobres Cigarras y el Gobierno aprobaría un plan de ayuda para proveer de cobijo y comida a todas las Cigarras desvalidas.

Para ello se dotaría un Fondo de Financiación Transitorio – aunque de transitorio sólo tendría el nombre – con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, que sólo pagan las Hormigas debido a su exceso de trabajo, de riquezas y resultados.

Las Cigarras, asimismo, rápidamente se organizarían para reivindicar sus derechos y para que se valorara la enorme contribución por el arte de estas al cante español. Un grupo de Cigarras, con cargos oficiales, aceptarían otorgar más fondos – en este caso de carácter cultural – para el realce de éste nuevo arte, con cargo a un nuevo impuesto que – lógicamente – soportan las Hormigas.

Las Hormigas, ante la cantidad de nuevos impuestos y de la “solidaridad impositiva”, decidirían emigrar a un país con menor carga fiscal, donde no existiera tal cantidad de Cigarras, y transferirían sus fondos a ese país montañoso o caribeño rápidamente.

Al conocerse este hecho, la Hormiga sería considerada como poco sensible a las necesidades de la sociedad… que le ha dado todo lo que tiene. Por otro lado la Hormiga, desde ese país montañoso o caribeño, leería en el periódico todas esas noticias… eso sí, un poco más tranquila.

Mientras tanto, la Cigarra – erigida en líder de las cigarras – el colectivo de cigarras, la nueva ONG, el Gobierno y otros… seguirán buscando más hormigas.

Autor

Javier Villalba

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