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La falta de respaldo directivo lastra, hasta su degeneración, el desarrollo de la función de comunicación interna.

Extraigo del Monitor Europeo de Comunicación 2009 el dato de que el 74% de los profesionales de las Relaciones Públicas son consejeros reputados, cuyas recomendaciones son tenidas en cuenta por el management de la compañía; y que en el 64% de los casos se valora y considera su opinión en los procesos de decisión y planificación estratégica.

¡Perfecto! ¿Qué directivo conoce que no asegure sin titubear la importancia que le concede a la comunicación y ¡por supuesto! a la Interna?

Según el IV estudio de comunicación interna –que vengo comentando-, en 2004 el apoyo directivo a la comunicación se tildó de “escaso”, por parte de los investigadores, pero hete aquí que nada menos que el 94% de los directivos encuestados afirmó que cada vez era mayor la importancia de la comunicación en su sector.

Transcurrido el tiempo, en la actualidad nos encontramos con que en más de la mitad de las empresas asociadas a DIRCOM, que cumplimentaron la encuesta a la que me vengo refiriendo, no tiene asignado un presupuesto propio para la comunicación interna. Pero aún daré, sin desvelar todavía los datos que la asociación difundirá como corresponde, otro anticipo: el tiempo de dedicación de la alta dirección a la comunicación interna es “infrecuente”, más de la mitad no tiene un plan de reuniones de comunicación interna con directivos y mandos; también es “infrecuente” el tiempo de dedicación de directivos y mandos; algo más de la mitad no asigna objetivos CI a mandos y directivos; “e item más…”, datos, en fin, para calcular la distancia que media entre los dichos y los hechos; es decir, en revelaciones sobre la función de comunicación interna parece que prima más lo verosímil que lo real.

Retrotrayendo un quinquenio, los investigadores del Observatorio cuantificaron en un 90,7% el porcentaje de encuestados de la muestra que reconocía abiertamente que la comunicación mejoraría los resultados y en un 85,6% que facilitaría la toma de decisiones en sus respectivas empresas, sin embargo sólo un 34,5% reconoció la especial importancia de la comunicación interna a la hora crear marca como empleador (curiosidades de los datos, por no hablar de inconsistencias).

A la luz de los resultados, los investigadores de 2004 creyeron que “los retos de los directivos para mejorar la comunicación interna son habilidades y actitudes todavía muy básicas como desarrollar empatía con el resto de trabajadores y ser capaces de exponer sus mensajes con impacto”; conclusión a la que también ha llegado la encuesta realizada por Xial en América Latina este mismo año (“… el área principal de oportunidad se encuentra en capacitar a directivos y gerentes en habilidades de comunicación, con el fin de mejorar su rol como comunicadores.”), cuya información puede consultarse en la e-letter RedInside (Nº 36: “Tendencias en comunicación interna.”) [Observatorio Xial]

Como se ve, hay ‘cosas’ más allá de la lengua que nos hermanan a España y América Latina.

Finalmente, añadir alguna más de las conclusiones del Monitor Europeo de Comunicación 2009, que recoge las respuestas “de 1.863 profesionales de 34 países europeos”:

Por primera vez la comunicación corporativa se posiciona como la primera. Seguida de la comunicación de marketing y consumo. Se prevé que la comunicación interna puede llegar a ser más importante que la de marketing. La comunicación interna adopta el papel de conductor del cambio organizacional (DO) demostrando una clara relación con la estrategia corporativa en tiempos de crisis.

Por su interés, significo el enlace a las ponencias del III Encuentro Latinoamericano de Comunicación Interna, celebrado en la Universidad Mayor de Chile.

© jvillalba

Según los últimos datos recabados por DIRCOM, cuya difusión está próxima, casi la mitad de las empresas encuestadas admiten no tener definida explícitamente una política CI y en un porcentaje significativo -prácticamente en la tercera parte- no hay un plan director CI al que referir las acciones a desarrollar en el ejercicio.

Tales datos permiten inferir una falta de método en comunicación interna que posiblemente no estén muy distantes de las impresiones y experiencias personales que cada profesional de la comunicación tenga sobre esta especialidad; lo que muy posiblemente se traduzca en no buena imagen de la función.

No olvidemos la importancia de las PYMES en el tejido industrial español: en palabras de Jesús Bárcenas, Presidente de CEPYME, entorno a la Confederación Española de la Pequeña y mediana Empresa se congregan del orden del 99% del empresariado español, que representa a un 80% del empleo y alrededor del 70% del PIB, localizándose la mayoría de empresas en municipios de menos de 50.000 habitantes. Una hipótesis que me parece creíble es suponer que el tamaño de la empresa tiene una correlación directa con los procesos de formalización y planificación de las diferentes funciones en las empresas.

Retomando los estudios referidos en el post anterior, los investigadores del I estudio de 2001 concluían: “Sin embargo, se trata todavía de una tarea poco desarrollada y formalizada, ya que sólo un 43,9% de las Administraciones dispone de un plan de comunicación interna como reflejo de una política coherente y coordinada.” Dato al que hay que sumarle el 18,2% de aquellas administraciones que optaron por responder NS/NC.

En el estudio informado de 2003 se identificó que Un 41% dispone de un plan estructurado de Comunicación Interna y el 21% no tiene ningún plan de estas características.” Aunque un 38% afirmó tenerlo, admitió que no estaba suficientemente estructurado.

En el III estudio CI se aseguraba que “sólo el 53% de las empresas tienen un plan de Comunicación Interna formalizado. Es decir, que todavía existe mucha improvisación a la hora de comunicar. Por tanto, la comunicación interna es una función que todavía no está completamente estructurada.”

En el estudio de 2004 avalado por DIRCOM se estableció que un 34% disponía de un Plan de Comunicación formalmente escrito; un 29% decía no tenerlo escrito, pero estar en desarrollo; el 14% admitió no tenerlo todavía, pero estarlo considerando; un 11% declaraba su inexistencia; el 9% se reservó el derecho a responder, y, el 3% no lo sabía si lo tenía o no. No obstante, en opinión de los investigadores, esta situación suponía un incremento de 10 puntos frente al año 2000.

El mismo estudio sostenía que “También ha crecido del 25 al 36% el porcentaje de compañías que cuentan con un Plan de Comunicación específico de crisis.” Tales datos fueron los que siguen: Formalmente establecido (36%); no por escrito, pero en desarrollo (19%); todavía no, pero se está considerando (9%); no existe (31%); y, no contesta (5%)

Si damos por buenos los porcentajes referidos por Enrique Alcat (“El 95% de las empresas tiene, a lo largo de su vida, como mínimo una crisis …”), tendríamos que ocuparnos en hacer lo posible por estar entre el 10% de las que las aprovechan para corregir errores y mejorar.

También en 2004, el IV estudio mostró que “Un 68,7% de las empresas afirma disponer de un Plan de Comunicación Interna estructurado, frente a un 31,3% que asegura no tenerlo. Esta situación ha mejorado frente a los datos obtenidos en el Estudio de 2003, en el cual sólo un 53% de las organizaciones participantes declaraba tenerlo. Esto confirma la tendencia a la profesionalización de la función y, por lo tanto, a desarrollar protocolos y actuaciones que eviten la improvisación y aumenten la credibilidad de la información.”

Con todo, los investigadores añadieron el siguiente comentario: “A lo mejor no son todavía verdaderos planes directores que definan mensajes, estrategias, procesos, acciones y, sobre todo, los olvidados indicadores, pero al menos ya suponen un esfuerzo por empezar a ordenar y definir un compromiso.”

Aun hoy me parece vigente la segunda gran conclusión que el Observatorio de Comunicación Interna e Identidad Corporativa planteaba como grandes retos de la comunicación interna:

“Crear planes estratégicos. La comunicación no se basa en hacer más o menos cosas, sino en tomar decisiones, adoptar compromisos, crear procesos y herramientas y evaluar su impacto. Para ello hay que investigar, alinear con la estrategia de negocio y medir. Es la única manera de conseguir que la comunicación nos sirva para transformar nuestras compañías al ritmo que requieren estos tiempos.”

© jvillalba

El Monitor europeo de comunicación 2009 informa que “el 84% de los encuestados sigue confiando mayoritariamente en los clippings.”

En cualquier actividad de empresa que se precie solemos aplicar el principio que enunciara Peter Drucker: “Lo que no se mide no existe”, lo que hacemos con el propósito de mejorar los resultados, siendo la medición la base de la gestión. Pero no se trata de medir por medir ni de medir cualquier aspecto; entre los atributos que tienen que cumplir los indicadores se encuentran su relevancia y especificidad, además de la validez, confiabilidad y sensibilidad. Considérese que, según la norma UNE 66.175 (2003), un indicador es un “Dato o conjunto de datos que ayudan a medir objetivamente la evolución de un proceso o de una actividad.”

Para justificar la dificultad de la medición de la comunicación interna suele aducirse que la medición de los intangibles resulta muy difícil -¡cierto!, pero no imposible (véase: Global Reputation Pulse)-, pero lo que suele suceder es que nuestra actividad (hacer comunicación interna) se caracteriza –tanto más cuanto menor es la dimensión de la empresa- o por la ausencia de indicadores fiables y alineados o por la utilización de algunos que no terminan de concordar con un lenguaje de negocio.

Por considerar lo que se instruye en los templos del saber, antes de proseguir echo un vistazo de soslayo a algún manual universitario. Me encuentro con indicadores de la siguiente guisa, que ustedes me podrán dar pistas sobre su utilidad:

“¿Qué porcentaje de la plantilla se identifica con el (los) mensaje(s) clave(s) de la Política de CI de la organización?”…

“¿Cuántas fases de la planificación estratégica en CI se han ejecutado hasta el momento y su nivel de cumplimiento?”…

“¿Cuáles prácticas de estímulo –si las hubiere- cuenta la organización para promover la CI?”…

“¿Cuántas personas de la organización están dedicadas a tareas de la función de CI?”…

“¿Cuántos canales/herramientas de CI existen en la organización?”…

“¿En cuantas fases se elabora la revista interna de la organización?”…

“¿Cuantas campañas internas tuvieron lugar en el anterior ejercicio?”…

¿Cuál fue su efectividad?”…

En el “I Estudio de Comunicación Interna en las Administraciones Públicas Españolas”, realizado en 2001, un 30% de las organizaciones estudiadas admitió que no se realiza investigación alguna para conocer el impacto de la CI en la organización.

El “Estudio de opinión informada en organizaciones líderes en comunicación interna” de 2003, publicado por DIRCOM: “Expectativas, prácticas y resultados de la Comunicación Interna en empresas e instituciones españolas”, señaló que  el 16% de aquella muestra no tenía establecido procedimiento alguno para conocer el estado de la CI y del 84% que decía tenerlo, un 41% reconocía que la información obtenida era ‘demasiado genérica’; del 43% que decía tenerlo y lo considerarlo útil, un 32% admitió que no se trataba de un procedimiento con aplicación periódica.

En el “III Estudio sobre la Comunicación Interna en España”, de 2003, se formulaba la siguiente pregunta: “En el último año, ¿qué tipo de investigación ha realizado para medir la eficacia de su comunicación y/o saber qué ocurre en su compañía?”, pero en ésta no se incluyó la opción N/S, N/C, permitiéndoles a los investigadores concluir que “Aunque los estudios de clima laboral siguen siendo el medio más utilizado, cabe destacar que la auditoría específica de comunicación interna, tanto cuantitativa como cualitativa, está avanzando.”

Ante la pregunta “¿Y cómo se valora en su empresa la función de Comunicación?”, un 17,2% admitió que no bien, pero el estudio de DIRCOM 2004 –“El estado de la Comunicación en España”- no se ocupó de averiguar cómo los encuestados llegaban a dicha valoración.

En el mismo año, el Observatorio de comunicación interna e identidad corporativa reveló –en su IV estudio– que cerca del 50% de las empresas encuestadas admitieron que debería mejorar la investigación en CI (Marca interna y mandos intermedios: Claves para la comunicación interna como estrategia empresarial)

Ya en 2007, según el Instituto de Análisis de Intangibles (“La Comunicación de La Intangibles en España Intangibles España”) una de las principales limitaciones para que se realice una adecuada comunicación de intangibles es la escasa consideración de los intangibles como fuente de valor (70%); dato que me parece cabe ser extrapolado a la comunicación interna, cuyo indicador de nivel de desarrollo de las áreas de comunicación de intangibles resultó bajo-medio en las empresas del IBEX-35 (2,9/4) y bajo-bajo en el resto de empresas medias y grandes (2,2/4)

(Recuerdo que seguimos pendientes, desde enero, de la publicación del V estudio CI anunciado por Inforpress)

Según una reciente prospección realizada por DIRCOM, cuyos resultados oficiales se publicarán en breve, prácticamente en la mitad de las empresas encuestadas no se han realizado estudios sobre la percepción de la CI en los dos últimos años. Obviamente se cumple que aquellas en las que se evalúa su impacto suelen utilizar más de un sistema de medida. Cabe destacar que resulta muy significativo el peso de las manifestaciones individuales para la cuarta parte de las empresas encuestadas, lo que significa que se concede bastante importancia a las impresiones individuales que, creen o no opinión, cuantitativamente son minoritarias.

Estos últimos datos de actualidad sugieren que la práctica de la medición sobre el impacto de la comunicación interna resulta, todavía, insuficiente, cuando nos han de interesar más los efectos a identificar y medir que determinadas métricas que realmente poco o nada informan o que, incluso, pueden llegar a confundir el objeto de nuestra función.

Si pretendemos ofrecer un servicio a la empresa, tenemos que sustentar nuestras capacidades en datos y aprender a traducirlos en un lenguaje de beneficios.

© jvillalba

En el cuaderno XIII de Forética -dedicado a la comunicación de la RSE-, Diana Azuero presenta, en el anexo 12, un avance de resultados sobre el V estudio de comunicación en las empresas españolas, que en esta edición se enfoca hacia el cambio organizativo, por lo que también incluye datos sobre acciones de comunicación con foco en la RSE.

Dicho avance, de enero de 2009, consta de cuatro páginas de gráficos:

Disponibilidad/utilidad de herramientas para la CI: destacan  el bajo uso/utilidad de los blogs corporativos, los TV channel (que contrasta con la creación de vídeos para su difusión interna), las jornadas de puertas abiertas y la caída de herramientas tan clásicas como son los tradicionales tablones y los buzones de sugerencias.

Se necesita esperar a la publicación oficial para conocer el marco del estudio, con todo, aventuro que una posible explicación de la caída de tablones y buzones podría deberse a su integración en las plataformas portal, pero esto no explica la ausencia del e-mail entre las herramientas que se citan, lo que merecerá una consulta  marginal en evitación de interpretaciones erróneas pues, a todas luces, la entidad del correo electrónico está más que demostrada y es la herramienta que mayor uso y frecuencia tiene por parte de la comunidad de internautas y por el personal de las empresas. 

[Según la AIMC. Febrero 2009. España] BASE 40.446 usuarios. Frecuencia de uso del Correo electrónico (e-mail): Varias veces al día 27.582 (68,2%). Todos o casi todos los días 10.209 (25,2%). Varias veces a la semana 1.810 (4,5%). Una vez por semana 339 (0,8%). Un par de veces al mes 143 (0,4%). Una vez por mes 39 (0,1%). Menos de una vez al mes 41 (0,1%). Nunca ó prácticamente nunca 99 (0,2%). NS/NC 184 (0,5%).]

Grado de acuerdo sobre determinados asertos relativos a la CI, que mezclan mitos y ventajas CI, de los que nos falta por conocer la descripción de la muestra y acercarnos a los planteamientos metodológicos del sondeo.

Acciones recientes y específicas -se entiende que de CI- para intervenir en la gestión del cambio.

Llama la atención el bajo esfuerzo aplicado a Marca Interna (28,3) en contraposición con la actividad declarada por las empresas en Imagen corporativa (54,2), pues mientras que la segunda hace referencia a los significados que el público asocia con una organización la marca se vincula con la reputación y alude a todo nombre o signo susceptible de representación gráfica que permite diferenciar los resultados de una empresa en términos de ofertas circulantes en el mercado, pero –cito a BBDO- “La marca no es simplemente un logotipo, sino que debe representar el conjunto de valores empresariales y sociales bajo los que una empresa, producto o servicio es contemplado.”

Por otra parte, resulta curioso que la intervención CI en Estrategias/proyectos (77,1) no integre proyectos en el marco de gestión RSE, como que también las acciones en cultura corporativa no vayan maridadas en el mismo paradigma.

Es posible que, como aseguran algunos autores, sigamos confundiendo conceptos tales como identidad, imagen, marca (brand) versus marca-interna, reputación. Arrojará luz conocer la construcción del cuestionario.

Iniciativas RSE desarrolladas en relación con la plantilla:

En este apartado no detecto la discriminación entre la comunicación con el traslado de información, que se lleva la palma (75,4), y termino de distinguir entre lanzamiento de campañas para movilizar a la participación y notificación situacional del estado de la cuestión. Al fin y al cabo, la verdadera comunicación (conversación) se llevaría a efecto más en puridad con la intervención directa de los empleados (23,1) en los órganos de gestión.

Por otra parte, los datos confirman el común denominador en el que todos estamos, pues no podemos hurtarnos al olor del mes: medio-ambiente, igualdad, conciliación, integración de personas discapacitadas (¿requerimiento legal de mínimos o iniciativas adicionales?) y voluntariado.

Mención a parte merecen la formación en RSE (30,8) y el Plan diversidad (no sé a qué se refiere). Resulta poco preciso el contenido del primer epígrafe. ¿De qué estamos hablando? ¿Se trata de formación generalista o, p.e., de formación para educadores en proyectos dirigidos a la integración y desarrollo de jóvenes? Según lo veo los programas para la generación de aprendizajes RSE encuentran su mejor terreno de abono en procesos de RE-construcción de la marca interna en programas de construcción de la reputación.

Objetivos y fines RSE:

Las categorías elegidas en este apartado, dan poca luz. Un ejemplo: ¿qué significado se ha dado a mejorar las relaciones con la (sociedad)?. Otro, ¿los productores de la encuesta ven la RSE como iniciativas más o menos dispersas o integradas o como un paradigma de gestión posible y recomendable que nos interesa empezar a plantearnos? El resto de posibilidades que se contemplan apuntan hacia el interior, en mi opinión, de manera un tanto imprecisa para poder obtener referencias.

Campañas comunicación + MK en procesos DO.

Ninguna (8,7) y externo (2,4) son las prácticas menos comunes; casi la mitad de los encuestados reconoce articularlas sólo a nivel interno (40,2), mientras que la otra mitad realiza campañas tanto a nivel interno como externo (48,8).

Surge la duda al pensar el alcance que cada cual le damos a procesos de cambio.

Resulta obvio que siendo meritorio el avance, necesitamos esperar a la publicación oficial para conocer el marco de este estudio, cuya difusión estaba inicialmente prevista para el mes de abril-mayo.

© jvillalba

Autor

Javier Villalba

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