You are currently browsing the tag archive for the ‘Gestión del compromiso’ tag.

Un diálogo interno dirigido a encontrar la convergencia de intereses si se acierta a poner en valor la información para despertar actitudes de lealtad. [Artículo completo]

(Publicado en el blog Con tu Negocio | 09.07.14)

Anuncios

La mayoría de empresarios, directivos y mandos admiten abiertamente que la motivación laboral es uno de los principales problemas con los que se enfrentan a diario. [Artículo completo]

(Publicado en el blog Con tu Negocio | 06.05.14)

Todas las organizaciones ponen sumo cuidado en la determinación de sus públicos y muy especialmente en la clasificación de sus stakeholders. La finalidad es obvia: edificar relaciones mutuamente beneficiosas. Sin embargo los enlaces externos son los que suelen acaparar la atención de empresarios e inversionistas en detrimento de sus plantillas.  [artículo completo]

Activación, participación, pragmatismo, discriminación, inmediatez y desilusión, seis exigencias a gestionar para recuperar el compromiso.

Cuando hablamos de empresas, nos duelan prendas o no, tenemos que reconocer que, al fin y a la postre “esto va de personas”, por encima de cualquier otra consideración.

Se querrá o no admitir, pero nuestra opinión no tiene peso ante una realidad tan incontrovertible como es el hecho de que las empresas son, y solo serán, lo que las personas que las dan vida sean, asunto que por si solo justifica saber cuál es el perfil de los nuevos los trabajadores, qué notas nos caracterizan, qué nos mueve.

La revolución social que hemos aupado entre todos al rebufo de los últimos hitos tecnológicos también ha importado sus conquistas al mundo del trabajo. Antes una obligada penitencia en la que el “pecador” era un espectador de sucederes; ahora un espacio de derechos y contribuciones que se considera legítimo ocupar y al que se ha incorporado personas que se sienten protagonistas y desean afiliarse a una causa que les es propia, lo que pone a los dirigentes empresariales en el brete de ganarse su confianza y lealtad; es decir, comprometerles. Un espacio con el que – según datos de Tower Watson: GWS 2010/11- un 46% de los trabajadores españoles admite no estar comprometido; situación que sigue siendo inquietante en los resultados de 2012.

Una reconquista que se impone como necesaria al haberse perdido la credibilidad en el telar de la corrupción, una red mundial que ha salpicado a fuerzas vivas y poderes públicos; un dios con minúsculas al que algunos dirigentes se han inmolado guiados por el exclusivo enriquecimiento personal; una religión del todo vale cuando, en nuestra realidad, cuando en una sociedad civilizada, si es que a estas alturas el adjetivo tiene algún significado, todo no vale. Una reedificación de las mínimas normas de convivencia exigida por la pérdida del prestigio de quienes han ostentado un poder tendencioso y parcial en beneficio de unos pero no de todos y en detrimento de la mayoría. Consecuencias que son mayestáticas en un mundo en recesión y que obligan a la población a ponerse en guardia, dando como resultado un nuevo posicionamiento social cuyas principales características se evidencian en seis rasgos emergentes, de los que también el ciudadano es portador en su condición de trabajador. No tenerlos en cuenta por parte de empresarios y dirigentes equivaldrá al suicidio de la productividad por mucho que la crisis haga prevalecer el deseo de seguridad laboral frente la expectativa de desarrollo personal.

Activación.

El individuo ha cobrado auge en tanto que sujeto de acciones que confieren o restan votos, que emiten testimoniales o pueden incrementar la incertidumbre o la desconfianza; del sentimiento de inferioridad cuantitativa del uno frente al muchos, hemos evolucionado a la concepción de la persona como productora de opinión (WOM), que expone impresiones e intercambia percepciones, juicios individuales que, ante ciertos supuestos, se toman como referentes creíbles por encima incluso de otros discursos institucionales. La opinión, por tanto, cobra fuerza, un valor del que también se conciencia el trabajador al experimentarse sujeto de acciones boca-oreja, cuyo buzz cobra protagonismo siendo activamente requerido por diferentes actores empresariales y, con ello, tomando conciencia de que su criterio también interesa y tiene un valor, a resultas de lo cual lo hace valer.

Participación.

Cada vez más la sociedad demanda el concurso de los ciudadanos, desde el llamamiento local hasta los pronunciamientos, sino globales, glocales, impulsando al protagonismo a quienes antes se les pedía expectación. Así el trabajador actual demanda participar activamente en el curso de los acontecimientos empresariales y reputarse por ello; por medio de su trabajo pretende sentirse parte del resultado global (reconocimiento) y tiene la exigencia de ser tenido individualmente en cuenta (prestigio) para activar sus recursos al servicio de la causa y en espera de que la actuación sea conjunta (correspondencia).

Pragmatismo.

El trabajador busca sobrevivir, procurarse un medio para garantizarse una vida razonablemente confortable y exige predictibilidad en su sistema de vida, una responsabilidad individual -y familiar- por la que tiene el deber de velar. De este modo a cambio de su entrega espera obtener valor cierto (relevancia), un bien que exceda la retribución, una ventaja psicológica y social que justifique su implicación. No está dispuesto a perder su tiempo y es su percepción de la relevancia, y no los criterios de autoridad empresarial, la que le guía, por lo que no está dispuesto a malgastar su energía en asuntos de empresa que ni le vayan ni le vengan o en los que no se cuente con él.

Discriminación.

El trabajador también se ha hecho selectivo, examina propuestas mientras decide qué le interesa y que no, discierne entre lo que le resulta relevante o irrelevante, se centra en lo que le aporta valor cierto y tangible y gestiona su tiempo sobre la base de lo que considera más útil a sus fines. Ha aprendido a filtrar y elige con independencia de lo que de él se espere; pues en justa correspondencia también él espera que se cumplan sus expectativas. El trabajador se ha puesto en su centro y busca centrarse para dirigir su vida.

Inmediatez.

Nos hemos acostumbrado a las relaciones síncronas, hemos aprendido a procurarnos respuestas inmediatas, la dilación se ha convertido en una barrera franqueable por otros atajos dando al traste con la impaciencia, porque ahora tenemos la certeza de que hay alternativas que ofrecen la respuesta buscada en milisegundos. Se tiene prisa y poco tiempo; prisa por resolver, prisa por producir, prisa por obtener y hay fórmulas que nos han demostrado que anticiparse tiene un valor muy superior a demorar la actualidad. Se vive por delante y con el afán de no perderse la ocasión de cambiar antes de sucumbir a la inmovilidad. Compartir la agenda empresarial será un imperativo inexcusable para hacerse respetar y mantener bajo control los principales acontecimientos.

Desilusión.

Personas desencantadas que llevan consigo, en su condición de trabajadores, la desconfianza ante el poder, un antídoto contra las clases dirigentes que también abarca a las jerarquías empresariales, un sentimiento de indignación ciudadana, cargado de impotencia, que obliga a ponerse en guardia y que hace mucho más difícil poder traspasar las corazas psicológicas ante proclamas de toda índole y, por supuesto, ante las demandas de productividad amparadas en el deber ser; una herida emocional que solo podrá cicatrizar mediante la constatación de hechos que realmente coloquen a las personas en el lugar que les corresponde y que ellas sienten que en derecho les pertenece.

Resumen

El trabajador actual no es un iletrado, es una persona con conciencia ciudadana que reconoce su micropoder (identidad individual), que se experimenta sujeto de derechos (expectativa ética), que afronta la pérdida de valores en la sociedad exigiendo resarcimiento (esperanza moral), que demanda subsanar un sentimiento de indignación generalizada (conciencia social) y cuya visión concuerda con la opinión pública acerca de la mala percepción sobre los poderes fácticos (rechazo psicológico), un conjunto de rasgos al que no podrán hurtarse quienes aspiren a gestionar el compromiso de los trabajadores a favor de la productividad empresarial.

© jvillalba

Pienso en un espacio cultural en el que los trabajadores puedan participar y expresarse generando valor para ellos mismos y para los demás usuarios; un espacio lúdico, de aprendizaje, para intercambiar ideas, propuestas, aficiones, intereses, que les dé visibilidad en sentido amplio y diferencial y que facilite las conexiones entre ellos; pienso en un espacio flexible y escalable que ofrezca el lado humano de la organización mediante las contribuciones en torno de diferentes propuestas, objetos (social objects) alrededor de los cuales la gente quiere conectarse porque responden a motivos por los cuales diferentes personas están dispuestas a interactuar.

Si lo preguntamos directamente, y desde el principio, si somos capaces de ir construyendo el espacio con su participación, y como consecuencia de la misma lo vamos ampliando y redefiniendo, seguro que nos hacemos con la lista de “motivos” que nos “mueven” a interactuar y a conectarnos, a participar y a contribuir. Lo mejor, internamente, es encontrar la /kimiyá/* entre todos.

El lado humano tiene tirón, como años antes lo tenían –salvando distancias y contenidos- las secciones ‘rosa’ en las revistas internas. Ahora bien, según mi experiencia, de lo lúdico a lo profesional media menos de un paso.

¿Qué nos está demandando la gente? Ante todo, pluralidad de enfoque. Desde dar a conocer pasiones de índole cultural, artística o deportiva, y poder exponer producciones propias, volcadas en el ecosistema 2.0, hasta opciones centradas en necesidades profesionales que desean hacerse extensivas al conjunto. Y es que hay ‘apóstoles’ que movilizan voces demandando foros temáticos especializados, espacios para consultar y debatir asuntos de los que se ocupan a diario, soluciones para co-crear contenidos de ocio y de negocio.

La gente quiere sentirse parte de un conjunto, agruparse en comunidades –tanto para expansionarse como para mejorar en su trabajo-, crear sus redes, cultivar vínculos (social graph), suscribirse a lo que les interesa, encontrar aliados para facilitarse el trabajo, hacer más liviana su tarea y disfrutar trabajando. Quieren ser escuchados y resolver ineficiencias. No lo duden, buscan la eficiencia en su trabajo. Desean ser reconocidos, reputarse, ganar ascendencia en su especialidad, ser populares en su entorno. Las personas reivindicamos nuestro derecho a gestionar nuestra consideración en tanto que trabajadores, en tanto que profesionales competentes.

Estos son valores tangibles a los que también se llega abrazando la cultura 2.0. ¿Y para qué? Para reforzar la ecuación afectiva en virtud de la cual se cumple que siempre que obtenga valor (social capital), me engancho a lo que me lo proporciona; simplemente porque me entusiasma; porque me enriquece.

Si engagement es el resultado de aquellas prácticas que concebimos para atraer y retener a los clientes, desde una perspectiva interna puede traducirse por gestión del compromiso, a lo que podemos llegar aprendiendo de los logros conseguidos por las redes sociales para, una vez adaptados, aplicarlos en la construcción de la mancomunidad interna.

Numerosas voces se pronuncian en contra del software social en el seno de las empresas. Coincide que, en algunos casos, son las mismas que lo promueven en el exterior. Abundan las excusas que disfrazan su resistencia en argumentos de productividad, pero lo cierto es que la cultura 2.0 no está aún implantada en muchas empresas y quizá abordar un proyecto de apertura social no sea posible sin realizar previamente un estudio piloto, pues el cambio de mentalidad que significa y el abandono de rutinas que supone no lo hace fácil.

Sabemos que en el exterior la gente abraza rápidamente esta tecnología para proveerse de experiencias placenteras de las que antes no disfrutaban; al menos en los mismos términos que hoy. ¿Y dentro por qué no?

Ahí fuera tenemos el software 2.0 en todas sus versiones y que, por lo general, es mucho más potente y barato que el corporativo, abriendo numerosas posibilidades que mucha gente conoce y usa ya en su vida diaria; más, cuanto más jóvenes sean.

Puede que la solución esté en el juego. Y es posible que, aprender jugando, sea la manera menos amenazante para hacer entender las ventajas que internamente se podrían imputar en beneficio del negocio. Quizá sea ésta una de las pocas estrategias para ayudar a comprender a quienes se resisten cómo utilizar productivamente el software social en el día a día de la empresa.

Y las posibilidades, que son numerosas, están en la mente de todos.

© jvillalba

noticia_04

* Piedra filosofal.

No entendería la conclusión del estudio que sostiene que “La conciliación es la herramienta principal para fomentar el compromiso empresarial” si no fuera porque los autores se toman la licencia de ampliar el alcance del concepto a cinco variables constitutivas de la marca interna, generadoras de vínculos emocionales de pertenencia, permanencia y correspondencia.

El pasado 26 de octubre, el Observatorio efr* lanzó una afirmación que, no siendo nueva, conviene refrescar “El compromiso del siglo XXI se escribe con C de Conciliación”. Afirmación que se fundamenta en el estudio del mismo título, que puede descargarse ingresando en Tatum-publicaciones.

Según los autores, “el 80% de los trabajadores no se siente comprometido con su empresa”, dato más que preocupante para quienes creemos que el compromiso es uno de los principales motores de las organizaciones y para quienes opinamos que en la involocración de las personas se haya la piedra filosofal del arte de la dirección de personas, cuestión que tiene que ver con otra de las conclusiones del estudio citado, que sostiene que “Uno de los factores clave en la falta de compromiso es la actitud del jefe con sus equipos”; lo que equivale a decir que los mandos en general y los mandos medios en particular son determinantes en la moral de los equipos.

Abundando en las principales conclusiones, “Las mujeres, los mayores de 45 años y los trabajadores de base son los menos comprometidos con su empresa”, tres grupos que requieren especial atención. Y no en vano, pues:

Las mujeres en general, quizá porque en nuestra sociedad, de la que siguen siendo piedra angular (¿por qué no lo reconocemos de una vez?), se les exige una especial identificación, y en primer lugar, con un rol al servicio de la familia, y han de ingeniárselas para compatibilizarlo con su profesión. Condición o desventaja que no lastra el trabajo de los hombres.

Los mayores de 45 años, entre los que también ha de haber mujeres, tal vez porque, con una experiencia de más de una veintena de años, nos encontramos en una posición de privilegio para darnos cuenta y reconocer, nos pese o no, que las empresas, haga usted lo que haga y lo haga durante más o menos años, no se casan con los trabajadores, estableciéndose, por tanto, una relación de desequilibrio que el tiempo va situando en el lugar que le corresponde.

Y es que las empresas –mejor haría en decir las generaciones de directivos que las dirigen- tienen un acervo cultural sesgado, una historia incompleta, que se nutre de mitos, simbolos, iconos y personajes entre los que no figuran las pléyades de trabajadores que las hicieron posibles.

Finalmente, como les corresponde en toda ocasión menos en dos (recortes de plantilla o de salarios), los trabajadores de base porque habitualmente sucede que son los menos cotizados y, por ende, a los que menor atención y cuidados se dispensa.

El compromiso organizacional alude al grado de identificación de las personas con un proyecto dado, por lo que cabe suponer que el esfuerzo, la entrega y la pasión invertidas en el proyecto serán proporcionales al grado de compromiso logrado. Sin embargo, tal y como señalan los autores, “La mayoría de las organizaciones no tienen un modelo eficaz para medir y mejorar el compromiso de sus profesionales”; lo que es lo mismo que admitir que la gestión del compromiso es prácticamente inexistente.

Un diamante, el del compromiso, en el que la empresa de hoy ha de poner toda su atención si pretende hacerse con una historia en la que merezca la pena invertir.

© jvillalba

* Constituido por Fundación Másfamilia, Tatum, Fundación Adecco y Análisis e Investigación.

La gente que algo tenemos que ver, ya sea directa o indirectamente, con la gestión de personas, podríamos parecernos a peregrinos en Katmandú haciendo girar los molinillos de oración en un acto de fe para que nuestras plegarias llegaran, mecidas por el viento, hasta los dioses que habitan en las montañas.

Algunos, motivados por introducir algún ribete, quizá personal, echan mano del hispanismo y resumen una idea, que ya tiene entidad propia, en un término el ‘enganchin-g’, pero repárese en que se trata de una construcción sui géneris en imitación de la terminación británica del participio presente, lo que me recuerda nuestro favoritismo por los anglicismos, aunque éstos sean de andar por casa.

Así, en un reciente artículo, publicado por Expansión & Empleo, se vuelve sobre el ‘enganchin-g’ (que, escrito a la castellana, mataría la ‘ge’) en alusión a Montserrat Ventosa, directora de Employee Branding, quien, anglicismo en ristre y para pasar del compromiso al ‘enganchin-g’, receta tres ‘bes’: “believe (creer), belong (pertenecer) y be embassador (ser embajador)”

Pero no hay bebedizo posible que logre la auto inmolación de las personas como los japoneses lograran a la desesperada, con los pilotos de los cazas, en la cubierta de sus portaviones, allá por los años 40.

Tal y como me lo imagino, no dejamos de hacer que den vueltas y más vueltas los molinillos de oración –de hasta 130 euros-, sobre las mesas de nuestros despachos, buscando el milagro de que la gente se comprometa, participe y se involucre; pero ¿a cambio de qué? ¿Será tan difícil?

Ya he citado en alguna ocasión el artículo de Mónica Deza “La reformulación digital: E=m2c, que figuraba en al anuario Dircom 2009, en el que la ex-CEO de Universal McCann España, se refería al engagement en los siguientes términos:

 “La palabra inglesa Engagement significa compromiso, participación, involucración. En los últimos años se está generalizando el uso de esta palabra para definir las nuevas estrategias de relación entre la marca y los clientes, la evolución del concepto tradicional de marketing, su adaptación a las reglas de juego de la sociedad digital, el Engagement marketing.”

No hace muchos días, en la Jornada de tendencias de RRHH, el hilo conductor que los representantes de tatum recomendaban aplicar no era otro que la aplicación de las estrategias del marketing a la gestión de personas. Si en la sociedad actual resulta imprescindible establecer prácticas de engagement para atraer y retener a los clientes, ¿por qué no aplicamos las mismas estrategias para disolver el continuo que delimita el binomio burnout-engagement, alejándonos del primero a favor del segundo?

Una primera aproximación podría venir de la mano de Talent Engagement Solution, la herramienta Hudson de aplicación para quienes, a falta de mejores tácticas de ‘enganche’, no se les ocurran políticas auténticamente adhesivas.

Parecerá un asunto nuevo, pero no lo es, ya lo advertía el profesor Edelberg en 2005, quien nos ponía sobre la pista de las 12 preguntas emitidas por la Organización Gallup para medirlo.

Engagement me gusta más; con todo, ¿por qué no hablar de la gestión del compromiso?

© jvillalba

Autor

Javier Villalba

Estadísticas del blog

  • 98.806 Visitas

Escriba su dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 3.288 seguidores

junio 2019
L M X J V S D
« Dic    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930

Categorías

Archivos

ISBN: 978-84-941845-4-3

Cuando las personas son el centro

El grito de guerra Impulsando personas nos gusta y lo abanderamos.

ISBN: 9789587621990

ISBN: 9789587621990

Edición para Latinoamérica

Actualizaciones de Twitter

Entradas recientes (5)

Últimos comentarios (5)

jvillalba en “Gracias”
jvillalba en “Gracias”
Rodrigo Louvre en “Gracias”
Cristina en “Gracias”
jvillalba en “Gracias”

Observatorio de la Blogosfera de RRHH

Observatorio Blogosfera RRHH

OBSERVATORIO DE LA BLOGOSFERA DE RRHH

Observatorio de la Blogosfera de RRHH

Observatorio de la Blogosfera de RRHH

Sólo una cosa convierte en imposible un sueño, el miedo a fracasar…

Apolo recorrió la tierra y los infiernos... Sumido en un sueño profundo surcó la grande mar a nado y bajó hasta las profundidades abisales en busca de sí mismo...

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: