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Los motivos tienen la propiedad de traducirse en aspiraciones personales que nos impelen a obrar. [Artículo completo]

(Publicado en el blog Con tu Negocio | 01.04.14)

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Arenga de Pep Guardiola en la Supercopa de Europa (2009)

Declaro que no soy aficionado al fútbol, que mi ignorancia es manifiesta en materia tan aviesa para mí y que no sigo información alguna sobre el citado negocio.

Con todo, es imposible inhibirse del bombardeo mediático que airea por doquier algunas de las cosillas que por ese mundillo suceden. Así nadie es ajeno al fenómeno Guardiola, ni tan siquiera yo.

Según parece, todo el mundo atribuye a Guardiola el éxito del FCB. No me parece descabellado que el ‘jefe-entrenador’, que antes ejerció de ‘empleado-futbolista’, asuma la responsabilidad de los éxitos y fracasos del ‘equipo-plantilla’, pues no en vano a él corresponde la responsabilidad de hacer que su equipo –la plantilla que circunstancialmente tiene asignada- logre alcanzar los objetivos que toda ‘empresa-futbolística’ tiene fijados para el ejercicio.

Según lo que llevo medio oído, medio leído, la directiva del FCB ha movido ficha para renovar el contrato de su entrenador, pues en virtud de las declaraciones emitidas en TV aquellos no conciben el próximo ejercicio sin el Pep Guardiola al frente del equipo. Dicho en castellano, para dicha directiva Guardiola es insustituible ahora mismo, si bien es muy posible que sea prescindible y de hecho lo será un día u otro.

Guardiola ni juega en el campo ni pega patadas al balón ni suda la camiseta ni hace jugadas magistrales ni regatea ni… ‘da un palo al agua’. No soy entendido, ya lo dije, pero mucho me temo que un partido se juega desde antes (estrategia, planificación, entrenamiento, tácticas… mentalización), durante (seguimiento atento desde el banquillo, reorientar acciones de jugadores, provocar cambios en el ‘once inicial’, readaptación de tácticas… formulación de consignas) y después (análisis de aciertos y errores, reconocimiento de méritos, reorientación y animación de ineficiencias, asimilación de experiencias, valoración de resultados… y proyección a futuro), lo que informa de que la ‘delegación’ de la jugada en los actores del partido no exime a la dirección del equipo ni de presencia (involucración) ni de responsabilidad en el resultado (compromiso).

¿A qué pueden deberse los éxitos de Guardiola? No lo sé, pero barrunto que sabe lo que se hace con la plantilla de jugadores porque él tiene la acreditación de exfutbolista, luego es muy probable que tenga una mayor capacidad de comprensión y de empatía con los miembros del equipo, con el que se puede sentir cercano, y además sabe qué se ‘cuece’ en el terreno de juego.

Por sentido común pienso que otros habrá habido, e incluso que los hay en activo, que antes fueron cocineros que frailes y que no han obtenido los resultados de Guardiola. ¿Cuál es la diferencia? ¿Y a mi me lo pregunta? ¡Vaya usted a saber!

Lo que sí he percibido –las pocas veces que he prestado atención a la TV- en el denominado, por los medios, ‘comunicador’ Guardiola es que suele mostrarse natural, sencillo, humilde, respetuoso con sus competidores, fiel a su equipo y afirmado, pero no rígido, en algunos cortes de declaraciones y ruedas de prensa que he medio escuchado. Tras los éxitos, traer a colación el próximo reto en vez de embelesarse en las mieles del triunfo. Me da, por olfato, que el Pep es un ‘jefe-entrenador’ que goza del respeto de su ‘plantilla-equipo’, que es en donde muy probablemente él sabe que descansan sus triunfos y su consideración por parte de la directiva del club.

¿Qué sería Pep Guardiola sin su equipo? Tiendo a pensar que Guardiola tiene la visión de que el entrenador está al servicio del equipo, lo que le permite sacar de cada uno de ellos lo mejor de sí, pero para agregar valor al fin común: que el equipo gane y se posicione, no que destaque un jugador en demérito de los demás.

Como de muchos otros que saben inspirar su impronta, se prescindirá antes o después de Pep, que será sustituido por otra persona que haga sus veces, pero no su misma ‘vez’, la que él hace, por lo que siendo sustituidos somos irreemplazables.

© jvillalba

O la prueba del algodón: un pequeño check-list que le puede ayudar a reflexionar en qué punto del continuo se encuentra, si más cerca del avatar de jefe o más próximo a la figura de la persona que dirige.

¿Está su empresa madura para afrontar un proceso de 360° Feedback para líderes?

En pocas organizaciones he visto –aunque quizá lo tuvieran- un mapa de liderazgo como tampoco un mapa promocional con mayor extensión que el plan de sucesiones reservado para la cúpula, sin embargo el asunto del liderazgo es materia angular sobre la que descansa el edificio empresarial: así se conduzcan las cabezas, así responderán los miembros del organismo.

Quizá pudiera buscarse alguna alternativa previa a la implantación de un MDS (Management Development Suite) para empezar a dibujar un mapa de liderazgo que empiece a poner negro sobre blanco sobre la situación del liderazgo en la empresa. Una local, de andar por casa, pero económica, me viene a colación de la mano del artículo 174 publicado por Guillermo S. Edelberg con fecha de ayer: “Un buen jefe en las buenas y en las malas.

Tras reflexionar en la dirección que apunta el título, concluye citando un artículo de Robert I. Sutton, How to Be a Good Boss in a Bad Economy. Harvard Business Review. Boston: junio de 2009.

En una situación como la actual, en la que predomina la incertidumbre de los trabajadores, los directivos que aspiren a convertirse en líderes respetados harían bien en replantearse sus responsabilidades considerando la importancia de involucrarse con el equipo para compensar los ‘déficits’ vivenciales que ocasionan las crisis o reaparecen ante las malas situaciones. Tales áreas críticas de intervención comprenden: gestionar la información (Predictibilidad), dar sentido a la situación (Comprensión), gestionar las percepciones (Control) y dar pruebas de verdadera empatía (Identificación).

Predictibilidad

Dote instrumentos de anticipación a su equipo, traslade tanta información como le sea posible sobre lo que sucederá y cuándo sucederá. Si las crisis son precedidas por honradas advertencias, y se facilita la información relevante que le concierne al equipo y a las personas, estará aportando un haz de luz en situaciones un tanto oscuras y facilitará instrumentos para que cada quien gestione sus oportunidades.

Comprensión

Usted tiene la obligación de dar sentido a las situaciones y de explicar los cambios y reajustes que se puedan producir, pero debe esforzarse también por orientar el entendimiento de las mismas sobre la base del pensamiento estratégico de su empresa.

Control

Afronte hechos y situaciones que le vienen dados, tome la dirección y traslade una visión –si puede, honestamente positiva- en la que también, cuando menos, tengan cabida las opiniones de su gente. Escuche y hágales partícipes promoviendo el diálogo pues, aunque ellos no puedan influir en dichas situaciones, al menos podrán participar en el cómo suceden, lo que contribuye a la salud laboral del equipo y a su credibilidad como jefe.

Identificación

Ante las situaciones dadas “póngase en los zapatos de la otra persona”, muéstrese empático y, si procede, exprese sus sentimientos por aquellas decisiones dolorosas que deban tomarse a su pesar.

[Recordatorio: Mercado 23/02/2009] “En los próximos cinco años las compañías globales reemplazarán entre 50 y 60% de sus líderes. Dos tercios de ellas, elegirán mal. En medio de una crisis de escasez de talentos y con ciclos de mercado cada vez más cortos, la planificación de la sucesión de puestos críticos se está convirtiendo en eje central de la gestión de recursos humanos.”

© jvillalba

 

 

Quisiera aprovechar el artículo de Rosario Sepúlveda, en el que citan algunos comentarios de profesionales, para contrastar algunas reflexiones, necesariamente sucintas.

 

Uno de mis asuntos recurrentes con directivos y mandos intermedios, pero también con la ‘tropa’, consiste en poner en evidencia la necesidad, que es más que la conveniencia, de conocer el trabajo de los subordinados, y de los demás, y también el de los ‘jefes’ por parte de sus equipos.

 

Si pudiera hacerlo y su coste no resultase tan disparatado, establecería un plan de intercambios, en la propia empresa, con el fin de promover espontáneamente la empatía interna, de la que estamos muy necesitados (entre la rotación al 100% y el intercambio al 0%, hay medidas intermedias y campañas, que siendo muy medidas se pueden establecer en este sentido y que, según mi experiencia, resultan verdaderamente recomendables).

 

¿Cómo vamos a ponernos en el lugar de los otros –me pregunto- si desconocemos desde su cometido hasta sus contribuciones al conjunto e, incluso, la actividad de otros departamentos? Confieso que me parece difícil hacerlo desde la ignorancia y que ésta difícilmente se suple con un sentimiento de bondad; si bien admito que la visión amparada en la experiencia, que creo que favorece la prudencia, aconseja atemperar juicios y recomienda esforzarte en conocer lo que otros hacen, cuando menos los más cercanos o aquellos de las que las respectivas actividades dependen, ya sea como input o como output; y si no puedes, al menos harás bien en plantearte que, lo que se hace y no se hace, desde luego, tiene alguna causa que lo explica –cuestión diferente es que, conocida la causa, sea ésta suficiente o insuficiente, admisible o imperdonable-.

 

Aquí, como en otras tantas ocasiones, la primera responsabilidad corresponde al ‘jefe’. ¿Por qué? Porque para eso es un directivo, para asumir la primera responsabilidad. ¿Cuántos managers saben y conocen el trabajo que desempeñan sus subordinados y el esfuerzo que les representa; el con qué se enfrentan, el con qué y con quiénes contienden; lo que pueden y no pueden solucionar, etcétera?

 

Muchas veces he oído frases similares a “Queremos alguien que sepa motivar”. “Buscamos a alguien que sepa mandar; da igual si sabe o no sabe de tal o cual especialidad”. “Promocionemos a fulatino, éste sí que sabe mandar”.

 

Para mi es un grave error; significa menospreciar la función de gestión de personas, pues las emociones no se gestionan ni con recetas trasnochadas de lo que se da en llamar recursos ‘inhumanos’ (al decir tradicional de los trabajadores. Por algo será-) ni con pamplinas (engaños) ni –en su sentido coloquial- panoplias humanistas ni con paños calientes (contemporizar) desde la debilidad de algunos enunciados huecos en boca de tantos (“Esto se resuelve motivando al personal”, p.e.). La competencia técnica, además de otras, me parece necesaria en un líder.

 

Así converjo con el artículo de Rosario Sepúlveda, ¿Cómo puede dar feed-back, ni tan siquiera evaluar, alguien que desconoce el quehacer de otro y que desconoce cómo se desarrolla su trabajo?, pues ante la célebre frase, “Los resultados cantan”, caben contraponerse otras realidades, ineficiencias del sistema, entorno, falta de recursos proporcionados, medios y oportunidades…, por ejemplo, y también adecuación hombre-puesto. ¿Por qué no? La trampa en estos asuntos está precisamente en la generalización de los asertos.

 

Pero suele suceder que cuanto más incompetente es, menos se comunica un manager y menos retroalimentación aporta, pues quien debe darla es el mando directo, que es del que hablamos aquí.

 

El feed-back no es ni más ni menos que una técnica de lo que se ha dado en llamar comunicación activa y, si bien son oportunas las características que la autora pone en boca de Lucía Langa, tratándose de retroalimentación y no de una evaluación del desempeño al uso, se le ha olvidado citar una de las características esenciales que todo feed-back debe cumplir: o ser solicitado por quien demande recibirlo o, si es alguien quien necesite o crea conveniente darlo, buscarse un abre puertas para obtener la conformidad de quien deba recibirlo. Esta es la regla sagrada –no la única- del feed-back.

 

De forma muy breve diré que hay una manera de estructurar el feed-back en la empresa e introducirlo como una herramienta más de gestión de personas, con miras a su desarrollo profesional y motivacional: las reuniones estructuradas de progreso con todos y cada uno de los colaboradores, que bien pueden tener una frecuencia semestral y de hecho sirven para ayudar a mandos y directivos en su función y a los colaboradores no sólo para recibir feed-back (información perceptivo evaluativa de terceros, de alguna manera sus resonantes sobre ti), sino también –y esto es lo importante en la dialéctica del trabajo- para reconfirmar o reorientar prácticas profesionales y recibir mensajes claros sobre la propia situación y desarrollo en la empresa y en la unidad organizativa en concreto. Esta metodología evita muchos problemas.

 

Para finalizar, decir que el Feed-back 360º, para implantarse con garantías en la organización requiere entrenamiento concienzudo de evaluadores y un riguroso control de variables, pues es sabido que se presta a otros intereses (manipulación/amenaza), máxime si el clima de la empresa se encuentra contaminado, por lo que no me parece un elixir aplicable en barbecho.

 

Aunque resulta arriesgado hacer afirmaciones generales, asumo el riesgo: por lo que sabemos, y a las obras nos remitimos, no tenemos una condición humana a salvo de esta tentación.

 

© jvillalba

“Jefe, no me ignore, ¿qué le parece mi trabajo?” Rosario Sepúlveda. ABC.es. Domingo, 22/02/2009

 

A estas alturas ya sabemos que la realidad se construye en la convergencia, por consenso de mayorías y que la Realidad así, con mayúsculas, no es ni más ni menos que un constructo social. Luego, ¿Qué es real o qué irreal?

 

Hasta ahora pensábamos que la realidad es incontrovertible, pero no es así, pues ante el consenso cabe la disensión.

 

Cada quien se queda con lo que le conviene de lo que le acontece y de lo que sucede a su alrededor y así va construyendo su realidad, que va completando con otra que le viene dada. Los medios de comunicación juegan aquí un papel esencial, construyendo significados, creado identidades, acercando lo distante e incognoscible desde la propia anécdota vital.

 

Un mismo hecho resulta multidimensional como plurales son las interpretaciones acerca de la misma realidad, que es poliédrica y no siempre alcanzamos a capturar ni a comprender todas sus facetas. Así, el entente, la comunicación, la visión sobre los mismos hechos se dificulta, pues tropieza con la visión del observador, necesariamente subjetiva y pocas veces sujeta a cuestionamiento y pocas veces prudente y generosa, quizá por falta de reflexividad o de excentricidad en quien observa selectivamente y sin afán investigador.

 

No existe la Realidad, vivimos amparados en nuestras pequeñas realidades y comunicamos deficientemente nuestra visión, quizá porque tampoco nos sobren las ocasiones para hacerlo, puede que también porque otros, cegados con su propia visión, hagan oídos sordos y no quieran saber decidiendo anteponer un velo entre lo que ven y no se permiten ver.

 

Los constructores de realidades haríamos bien en hacer gala de prudencia, quizá así construyéramos la ocasión de mejorar nuestro entendimiento y nos diéramos ocasión de mirar otros paisajes que no fueran nuestro ombligo.

 

© jvillalba

Autor

Javier Villalba

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