You are currently browsing the tag archive for the ‘EjecuDivos’ tag.

Haciendo balance del año, me doy cuenta de que –entre otras- he llegado a una conclusión que me interesa compartir: 2.0 no es 0.0.

La cuestión viene porque, tras constatar la resistencia de algunos directivos a abrir el interior a una cultura 2.0, he comprendido lo que ya sospechaba: la cultura contributiva, la de la participación en toda su extensión y con todas sus consecuencias no es inocua; entraña riesgos, puede hacer daño.

Así visto el 2.0 no es “Sin…” Es “Com…”. Por decirlo con todas las palabras: comprometida. Quienes defienden el 0.0 lo hacen esgrimiendo su responsabilidad de conductores, al volante de complejas organizaciones, y por ello han de mantenerse ‘sin…’. Sin una gota de alcohol en sangre. Pero el argumento es confuso, pues la savia que circula por las autopistas de la información es el nutriente 2.0.

Quiero retomar el asunto del peligro, pues peligro y riesgo no tienen ni el mismo significado ni las mismas consecuencias.

Lo peligroso contiene una connotación obscena, impúdica ante la vida, prácticamente psicótica en su desprecio más absoluto por la preservación de la propia identidad. Quien adopta conductas peligrosas es un imprudente, puede ser un suicida. Es un prepotente cegado por su superioridad o por su torpeza.

No es lo mismo acometer una empresa peligrosa que arriesgada.

Los escaladores creo que podemos convenir en esto. Cuando emprendes una ruta vertical eres muy consciente de la cantidad de riesgo que puedes asumir con ciertas garantías de éxito (tu fondo de recursos, tu preparación, tu habilidad…) y nunca decides acometer una pared que objetivamente supere tus posibilidades; lo que sería peligroso.

Pero a base de entrenamiento, de rebasar poco a poco el límite, de pedirte más forzando lo justo para salir airoso del trance, vas ganando “grado”, que es lo mismo que decir técnica y experiencia que te permiten ir, cada vez, un poco más allá.

Así, las personas podemos –y debemos; si se me permite- asumir determinado gradiente de riesgo, pero no nos conviene emprender empresa alguna que sea peligrosa.

Riesgo y peligro son los dos extremos de un continuo cuyo centro de gravedad, desdibujado bajo un esfumato, se desplaza a derecha o izquierda según sea la capacidad y el fondo de recursos que vaya adquiriendo o perdiendo quien a dicha escala se sujete. Una diferencia esencial entre lo peligroso y lo arriesgado es que el peligro provoca miedo y, por ende, rechazo, huida; mientras que el riesgo permite confrontar capacidades y desarrollar la inteligencia, pudiendo llegar a representar un estímulo: estudiar, entrenarse, probar y volver a analizar hasta conseguir una migaja más de pericia que nos pondrá más cerca de la solución o, si se prefiere, del manejo de la situación.

Déjenme decirles que el alpinismo, el montañismo o la escalada, al igual que otras actividades que requieren asumir ciertas cantidades de riesgo, exigen, antes que nada, cabeza.

Retomando mi interés por desenmascarar las argumentaciones que se oponen a la implantación de la cultura 2.0 en el seno de las organizaciones, me encuentro con una decena de clases de sujetos:

  1. Quienes intuyen que esto va de escucha, y no quieren escuchar.
  2. Los que han oído que esto va de preguntas, y no quieren verse impelidos a responder.
  3. Ésos que entienden que esto va de hacer circular la información, e invariablemente se la apropian.
  4. Aquellos a los que alguien les ha advertido que esto puede ir de reformulación de mensajes, en el toma y daca de las conversaciones, y no admiten puntos de vista divergentes, ni discusión ni contraste de opiniones.
  5. Los que saben que han de expresarse y se ocultan entre bambalinas porque ni saben qué decir, ni se lo han planteado, ni quieren exponerse a que su discurso se muestre vacío.
  6. Quienes sabiendo que se demanda ‘valor’, no tienen el que dicen tener, y temen quedarse sin contenido.
  7. Quienes advertidos de que esto va de conexiones, y saben que fuera de su escenario no interesarían a nadie.
  8. Ésos que presienten que esto va de compartir, y lo que por costumbre tienen es acaparar.
  9. A los que han prevenido de que esto va de democratizar e igualarse, y sin su colección de distintivos no se sienten alguien.
  10. Finalmente, aquellos árbitros que arbitran a su arbitrio.

Esta colección de opositores irredentos, defensores del cero-cero, ven en la web social, como no podría ser de otra manera, una amenaza cierta y consistente que les obligaría a abandonar sus zonas de confort, pudiendo precipitarles al vacío y exigiéndoles un esfuerzo constante.

Hay, por lo tanto, “direcDivos”, jefes tóxicos, jefes psicópatas, “ejecuDivos” y “mandos mIedos” que temen a las alturas, y aunque no lo reconozcan, o lo disfracen, se les advierte el vértigo. Y es que la web social es una montaña de relaciones en crecimiento exponencial, sujeta a un fuerte plegamiento, en alza imparable, para cuya escalada hay que estar preparándose continuamente; lo que obliga a enfrentarse a la posibilidad de dejar debajo de los piés, muy abajo, las plácidas zonas de abrigo y confort para colonizar brechas, precipicios, cortados, crestas y cumbres. Un territorio en el que un mal paso puede representar el final; y cada paso bien dado una conquista.

©jvillalba

Anuncios

Desde la piel del directivo, es posible que Dilbert no forme parte de su agenda de contactos; aunque quizá sí.

Como la mayoría sabe, el principio de Dilbert* establece que las empresas tienden a ubicar a los trabajadores más ineficientes en aquellos puestos donde puedan causar el menor daño posible a la organización: la dirección.

Hay quien afirma que así sucede en las compañías internacionales, pero -por lo que conozco de las empresas españolas- dicho principio no parece consistente cuando reflexionas sobre la existencia de los ‘jefes tóxicos’ y la infelicidad que provocan a  su alrededor, así como sobre los daños que causan a personas y empresas, pudiendo, algunos de ellos, incluso llegar a poner en situación de quiebra a empresas que no tendrían por qué empobrecerse, descapitalizarse o extinguirse.

Me atrevería a asegurar que casi cualquiera de nosotros conocemos casos de directivos democionados, que literalmente son ‘aparcados’ en cargos para cuyo título se eligen ampulosos eufemismos -tan vacíos de contenido como engordados de nombre- y todo el mundo sabe que la ineficiencia manifiesta y/o la pérdida de credibilidad del profesional cesado y/o su demonización por parte de la nueva guardia no responde a otra razón que no sea quitárselo de encima y entretenerle en espera de que se jubile. Eso sí, con pretendida salvaguardia de su orgullo, pero sin merma alguna del daño que esta medida causa; en primer lugar en el denostado y a la postre en toda la organización.

Pero hay un hecho más preocupante aún. Tal y como refería en otro post hace pocos días, me llegan algunas confirmaciones de trabajadores que piensan que las afirmaciones de Paula Arenas** son bastante fidedignas con su experiencia más cercana: por alguna oculta razón se reubica en puestos de mayor atractivo a trabajadores -a todas luces- menos eficientes, pero más complacientes con quienes toman decisiones no tan afortunadas (remítanse a los resultados) como les debiera corresponder en razón del cargo que ocupan.

La razón no es otra que la habilidad de ciertos ejecuDivos para infiltrarse entre las castas directivas y ejercer aquella falacia del mando, la cual explica que los mediocres se rodean de toda una legión de insustanciales y anodinos incapaces de hacerles sombra.

Parece que hoy el miedo les atenaza a muchos trabajadores, y que el grial de la crisis permite hacer rodar cabezas como si nos encontrásemos ante una parodia de la Revolución Francesa, cuya principal amenaza es el holograma de la afilada cuchilla del despido. ¿Deberíamos cambiar de óptica y empezar a aplicar el principio de Dilbert a los políticos?

© jvillalba

* Scott Adams (1990)

** Sálvese quien pueda: “… los pelotas florecen, los mentirosos ganan puestos, los mediocres más avispados se sitúan, los chivatos se llevan el gato al agua y los menos atrevidos (antes peor considerados) ganan en escalafón…”

Autor

Javier Villalba

Estadísticas del blog

  • 99.007 Visitas

Escriba su dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 3.288 seguidores

junio 2019
L M X J V S D
« Dic    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930

Categorías

Archivos

ISBN: 978-84-941845-4-3

Cuando las personas son el centro

El grito de guerra Impulsando personas nos gusta y lo abanderamos.

ISBN: 9789587621990

ISBN: 9789587621990

Edición para Latinoamérica

Actualizaciones de Twitter

Entradas recientes (5)

Últimos comentarios (5)

jvillalba en “Gracias”
jvillalba en “Gracias”
Rodrigo Louvre en “Gracias”
Cristina en “Gracias”
jvillalba en “Gracias”

Observatorio de la Blogosfera de RRHH

Observatorio Blogosfera RRHH

OBSERVATORIO DE LA BLOGOSFERA DE RRHH

Observatorio de la Blogosfera de RRHH

Observatorio de la Blogosfera de RRHH

Sólo una cosa convierte en imposible un sueño, el miedo a fracasar…

Apolo recorrió la tierra y los infiernos... Sumido en un sueño profundo surcó la grande mar a nado y bajó hasta las profundidades abisales en busca de sí mismo...

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: