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Nos encontramos ante una “nueva normalidad” que está afectando la recta conducción de una parte del tejido empresarial, entre cuyos intersticios las corruptelas se vienen abriendo paso por doquier. De hecho, a la luz del último informe del Centro de Investigaciones Sociológicas, tenemos la certeza de que el fraude y la corrupción se encuentran entre las principales inquietudes de los españoles.

[Artículo completo publicado el 11.04.17 en el blog Con tu Negocio].

meta4abril

Solo el 13% de los líderes empresariales, a nivel mundial, reconoce sentirse preparado para la disrupción digital.

[Artículo completo publicado el 29.03.17 en el blog Con tu Negocio].

Todas las empresas, sin excepción, necesitan disponer de un elemento aglutinador que  les permita integrar a las personas, dirigirlas y darles ocasión de “auto-dirigirse” para mejor rendir.

[Artículo completo publicado el 17.08.16 en el blog Con tu Negocio].

Entrevista de Rocío Celis, en el programa Recreándonos, de Radio El Día Tenerife, con motivo de mi libro “Cuando las personas son el centro”, publicado en Altaria Ediciones. ISBN: 9789587621990.

http://www.ivoox.com/cuando-personas-son-centro-07-12-2015-radio_md_9642848_wp_1.mp3″ Ir a descargar

eldiaes

Ética empresarial, valores organizativos, estilo relacional y práctica comunicativa son referentes para el recto comportamiento organizacional. [Artículo completo]

(Publicado en el blog Con tu Negocio | 31.12.14)

Cómo hacer posible que la relación laboral resulte más fructífera para todos. [Artículo completo]

(Publicado en el blog Con tu Negocio | 02.10.14)

Gestión de personas en las organizaciones

Resumen ejecutivo

Resulta obligado anticiparle la orientación de esta lectura, ya sea con la finalidad de animarle a ahondar entre párrafos como, si es el caso, ahorrarle el esfuerzo de destinar su tiempo a unas líneas que no formen parte de sus intereses.

¿Qué nos hemos propuesto conseguir con esta publicación? Si bien no es fácil garantizarle el resultado, la intención está clara. Pretendemos servir de incentivo para definir una marca interna centrada en las personas. El grito de guerra Impulsando personas nos gusta y lo abanderamos. Queremos dotarlo de identidad, estamos determinados a definir un estilo que lo represente y que nos imprima carácter. Un sello singular que estampamos en un cuadrifolio de valores: respeto, cercanía, compromiso e innovación. Y lo enarbolamos para proponer -a mujeres y a hombres de empresa; trabajadores al fin- posicionarse respecto de su grupo de interés interno, del que también somos parte, y tomar partido por él. ¿Por qué no? Creemos que es posible edificar un lugar deseable para trabajar, un lugar en el que las personas perciben el interés por ellas y, por ello, se transforman en personas que resultan. Conocemos la piedra angular para sostenerlo: reputarse internamente sobre la base de las propias actuaciones iluminadas por un solo principio: Nos guían los hechos; único argumento incontrovertible para influir en los hombres y en las mujeres de hoy y ser seguidos por las personas que -está demostrado- son nuestra principal fuerza para acometer proyectos perdurables. No les quepa duda, todos estamos embarcados en la misma causa y de todos nosotros depende transformarla en un motivo que merezca la pena.

Si lo conseguimos, o no, usted lo dirá.

Publicado en Qbinet MK2 Blog 07/11.

Publicado en Directivos y Gerentes (dir&ge) 03/11.

Cada vez que recibo a los representantes de una agencia de comunicación, solemos debatir más sobre filosofía de comunicación, y en especial sobre comunicación interna, que sobre otra cuestión, pues habitualmente, aquellos que representan agencias o consultoras y te las quieren presentar, se informan antes por su cuenta -vía web, medios de comunicación y otras fuentes-, lo que respeto y me parece un mérito básico, eligen alguna propuesta genérica en la que incrustan tu logotipo y adaptan, según su percepción -que no es que esté equivocada, sino que no da en la diana- lo que te quieren vender, y así se sienten preparados para exponer (un tanto a ciegas) su proposición sin conocer realmente la nave en la que se están embarcando.

Ahí creo que radican sus principales errores en estas reuniones, en no tener la visión de qué aportar para centrar su propuesta de valor, diferencial o no, en una utilidad que ofrecer. Por parte del cliente, un error reiterado es acudir a dichas presentaciones a ver que nos cuentan y, por supuesto, sin hacer los deberes: examinar la documentación recibida, visitar el website del proveedor, prospectar algunos de los perfiles de sus representantes, conocer alguno de sus trabajos…

Son, por tanto, de uno y otro lado, presentaciones con enfoque ‘macro’, superficial, que dejan al interlocutor el trabajo de averiguar en qué le podrían ayudar y al proponente el esfuerzo de descubrir qué tecla tiene que tocar para entonar la melodía que le brinde una oportunidad.

Lo creo un error de relaciones públicas, por ambas partes. Es verdad que no todos mis colegas estarían dispuestos a recibir a ejecutivos de cuentas para someterse primero a un examen de situación, y acto seguido a un análisis de expectativas, para luego darles ocasión de preparar y poder centrar su propuesta de servicios en aquellas conclusiones traducidas a utilidades. Y también es cierto que no todos los consultores están dispuestos a invertir más allá de cierto grado de esfuerzo con la tarifa bajada.

De manera que jalono de comentarios estas presentaciones, reformulo acotaciones ante algunas de las afirmaciones que escucho, matizo enunciados de preguntas y aporto anotaciones que me parece esencial considerar.

Creo que hay, entre otros, dos ejes básicos a los que referir toda presentación o propuesta de comunicación interna: (1) la cultura de la empresa cliente y (2) la actitud organizativa de la misma; y que es obligado guardar coherencia con ambas si hablamos de acciones de continuidad o impulsión; cuestión distinta serán las (re)evoluciones internas orientadas a ejercer cambios más o menos profundos.

Además, es un error (3) basarse en afirmaciones que hace tiempo han sido asimiladas por la empresa y ahora mismo parecen una obviedad, pues da la sensación de que mentalmente te proponen que te sitúes un paso atrás. Como también lo es (4) poner el acento en las herramientas en vez de en la visión, la política, la estrategia y los objetivos de comunicación interna.

© jvillalba

La situación actual pone de manifiesto que las empresas tienen que encontrar nuevas fórmulas para relacionarse con la sociedad y hacer negocios que garanticen su sostenibilidad.

Desde una perspectiva estratégica de la Comunicación Interna (CI) se necesita recuperar un impulso que ayude a transformar la crisis en una nueva oportunidad.

Según lo veo, una de las ‘fórmulas secretas’ la tenemos ante nosotros: las empresas tienen que aprender a comunicarse con los empleados transformando dicha conversación en valores tangibles, lo que no resultará si no se enfoca con el mismo interés, convicción, tenacidad y compromiso con que nos comunicamos con los clientes.

Por ello resulta imperativo recuperar el interés en el grupo de interés interno: un activo con cuyo concurso quizá encontremos la ‘piedra filosofal’: el impulso imparable que se necesita para despegar y remontar el vuelo.

La gran conversación.

No solo los mercados son conversación; la vida lo es: toda nuestra interación social descansa en la conversación, entendida como un flujo continuo e inacabado de transacciones en evolución y muda constante.

Si nos interesa la conversación social, que incluye el diálogo con los clientes, forzosamente nos han de interesar muy especialmente aquellos portavoces a través de quienes las empresas se relacionan y conversan, pero adoptando un papel activo; no ya para dialogar, sino para tener la oportunidad de producir y gestionar diálogos con valor en los que tengamos ocasión de demostrar que resolvemos necesidades y producimos utilidades diferenciales que facilitan la vida a unos costes que traen cuenta.

Conversación que no sólo se encuentra en los medios on-line, sino en la vida toda.

Y esto hay que comunicarlo también en el día a día (no sólo en las redes sociales) aprovechando toda interacción: los momentos de la verdad.

Embajadores de la marca.

Los trabajadores, en mayor o menor medida, directa o indirectamente somos los embajadores de la marca. No pretendo ser original, se ha dicho infinidad de veces, pero no estoy seguro de que hagamos de ello nuestra religión, cada quien según su liturgia.

Tal vez algunas empresas lo estén haciendo sin considerar variables relevantes. Me refiero a que  quizá también haya que preguntar dentro antes de establecer estrategias, mensajes y tácticas de negocio; hacerlo con el concurso general y luego, todos a una, actuar afuera y dentro.

Constructores de puentes.

Los comunicadores internos tenemos la responsabilidad de predicar la importancia del grupo de interés interno y de establecer los medios que faciliten su inclusión en la gran conversación.

La CI es un puente entre la dirección y los trabajadores: somos los sirgadores del diálogo, arrastrando nuestra prédica río arriba. Mientras que los trabajadores representan el puente entre los clientes y la empresa.

Si los eventos institucionales y los actos de empresa son momentos también de la verdad; si campañas y publicidad acercan mensajes a la sociedad; no es menos cierto que la relación directa, cara a cara o por cualquier otro medio de comunicación o a través de colaboradores externos y otros intermediarios, son momentos absolutamente clave para conformar la percepción y la experiencia del cliente con la marca. De ahí que resulte imprescindible recuperar la importancia del grupo de interés interno. Y ponerlo en valor. Aprender a capitalizarlo.

Si en las empresas directivos y mandos son los principales agentes del cambio y de la comunicación, en la sociedad los trabajadores son los principales gestores de la confianza en la marca. Y si no se es capaz de ganar la confianza, no se atraen clientes. Y si una vez ganada, se defrauda, el cliente simplemente deja de serlo. No olviden que sólo un 4% de los defraudados se quejan.

La comunicación interna no como función, sino como realidad actuánte e innegable, es uno de los elementos estratégicos que tenemos que gestionar para dar consistencia a la marca, pues la marca se fundamenta y se reputa -o se desacredita- en los hechos, afianzándose o debilitándose según sea la experiencia del cliente en cada contacto con la empresa. Contacto que fundamentalemente se produce a través de los trabajadores.

Si ya hemos logrado reconocer que el conocimiento nos pertenece a las personas, que va con nosotros donde nosotros vayamos, que lo traemos y que lo llevamos y que, cuando marchamos, con nosotros marcha; el mismo control tenemos sobre la comunicación de las personas: reside en nosotros, somos nosotros quienes la producimos y la proporcionamos según sintamos y percibamos, según sea nuestro estado de ánimo, tal y como nuestras creencias y convicciones nos dicten. Según el momento en el que nos encontremos. Y ya que lo admitimos, ¿no merecerá la pena hacer algo?

El reto no será, entonces, ni ordenar ni manipular la comunicación, sino lograr que ésta se produzca en todas y en cada una de sus voces en la misma dirección.

Atraer a la causa común.

Un propósito fundamental para la CI es anclar en la marca, que es lo mismo que decir contribuir a alinear al grupo de interés interno con el negocio. Con el negocio y con todos sus predicamentos.

Para ello se necesita evolucionar de una situación de ‘desfondamiento’ empresarial a un estadío de amarre en la realidad-empresa. Esto se consigue empezando por definir y recrear una cultura de marca interna, que fijará el estilo de empresa y que, una vez asimilado y asumido, se hará visible en todos y en cada uno de los comportamientos de empresa; ya sean actos  institucionales o hechos personales en el ejercicio del rol profesional.

Alinear es atraer a nuestra causa y retener en nuestra causa. Como en el amor, la lealtad en las empresas hay que revalidarla a diario.

De cara al grupo de interés interno, una alternativa cultural puede buscar su raíces en el acrónimo, positivándolo, de modo que pueda cobrar forma mediante la fórmula rh+; Idea según la cual, los trabajadores somos el Factor rh positivo, la sangre de la empresa, la savia que corre por sus venas. Sin trabajadores no valemos nada. Y cada trabajador somos un grano que suma en el granero de nuestra causa profesional.

Atraer a la causa es hacer sentir la empresa y sentirse parte de ella. Con ello quiero remarcar la necesidad no solo de hacer participar en la dinámica empresarial, en tanto que agentes activos de los resultados, sino la necesidad de la contribución de cada uno para construir entre todos una empresa mejor. Donde ‘mejor’ quiere ser aquí un término polisémico, multiconceptual, plurisignificante que resume y significa el principio de sostenibilidad desde todos los ángulos de vista posibles.

© jvillalba 

Autor

Javier Villalba

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