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Algunos trabajadores preguntan qué pueden hacer ellos en la crisis, salvo trabajar.

 

Sí, es verdad, trabajar; pero también las empresas para evolucionar necesitan dotarse de trabajadores que tengan la voluntad de evolucionar a profesionales; es decir, de crecer como personas en el trabajo con independencia de su puesto y posición en la organización.

 

Apuesto por aquellos que también en el trabajo se atreven a disfrutar, trazan su propio guión y se enriquecen haciéndose dueños del trabajo que realizan, recreándolo, profesionalizándolo, ejecutándolo con pasión, por sí mismos, ante sí, confiriendo el nivel de rigor y experticia que su actividad diaria tiene y su desempeño demuestra, pues cualquier actividad que realices lleva tu sello.

 

¿Con qué blasón eliges significar tu fachada profesional?

 

Propuestas para trabajadores

 

  1. Aprender es estar dispuesto a evolucionar. Evolucionar es atreverse a hacerse competente. Preguntar lo que no se sabe es un signo de inteligencia.
  2. Del error dimana el aprendizaje. Atreverse a equivocarse incrementa el bagaje profesional.
  3. La observación es la base del trabajo bien hecho. Observar, escuchar, preguntar y fijarse en el entorno es condición para poder reflexionar sobre el propio trabajo.
  4. Contextualizar las actividades resulta necesario para comprender la importancia en el proceso, y todas lo son. Sin contexto desconocemos las consecuencias de lo que hacemos.
  5. Fijarse en los inicios y finales de los subprocesos, establecer los propios indicadores de calidad para las entradas de trabajo y validar las salidas de los productos que uno fabrica o de los servicios que uno presta, antes de darlos por concluidos, es clave para trabajar con eficiencia.
  6. La eficacia no resulta productiva, pues no se trata de hacer algo con independencia de lo que cueste hacerlo, se trata de hacerlo con la máxima calidad al menor coste. Ofrecerse y proponer nuevas soluciones significa tener interés en lo que uno hace.
  7. Hay costes que interesa vigilar en el propio puesto, como son el esfuerzo invertido, el tiempo empleado y lo que se deja de hacer por hacer lo que se está haciendo. Aportar soluciones es indicio de perspicacia.
  8. Los costes de actividad los soporta el propio trabajador en términos de objetivos, por lo que hay que asegurarse de que lo que se hace le acerque a uno a los objetivos que tiene planteados.
  9. Hacer bien las cosas a la primera representa una guía para el enfoque de actividades: lograrlo es estar en el camino de la productividad.
  10. Los jefes pueden ser facilitadores o representar una traba para el trabajo de los subordinados. Si una decisión no se entiende, es mejor preguntar los porqués. Los jefes tienen la responsabilidad de contribuir al crecimiento y consecución de los objetivos de los trabajadores.

 

© jvillalba

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Innovar resulta arriesgado y costoso, pero no hacerlo significa poner en riesgo la supervivencia de las organizaciones, máxime en épocas de crisis en las que reforzar el posicionamiento resulta crítico.

 

Las crisis, que en esencia son cambios, representan oportunidades. Son la ocasión para centrarse en lo importante, permiten replantearse rutinas, hábitos y prácticas y posibilitan darse cuenta de que las cosas pueden hacerse de otro modo, por lo que cabe interrogarse sobre lo que se hace, el por qué y para se hace y cómo se viene haciendo.

 

Normalmente estos planteamientos giran en torno a productos, servicios y procesos de negocio, pero pocos directivos se plantean la necesidad de revisar los estilos de dirección, las rutinas de toma de decisiones, la gestión de los activos intangibles y cómo diseñar políticas de gestión de personas para integrar en el proceso de desarrollo el talento organizativo.

 

  1. Innovar es aplicar el conocimiento para desarrollar (innovación incremental) productos, servicios, procesos, negocios y modelos organizativos existentes o para crear (innovación radical) nuevas soluciones (disrupción).
  2. Innovar es también mejorar.
  3. Innovación y cambio son sinónimos.
  4. Si cambiar es arriesgado, mucho más lo es no arriesgarse a evolucionar.
  5. La innovación es el elemento clave que explica la competitividad.
  6. Sin innovación no hay ventajas competitivas (diferenciales y sostenibles) en las que sujetarse.
  7. La innovación representa la oportunidad de obtener ventajas competitivas.
  8. Innovación es una idea que tiene éxito (acogida y aceptación).
  9. Si la novedad no obtiene el reconocimiento de los mercados (demanda de clientes traducida en ventas), no es innovación.
  10. La gestión estratégica de la información se ha revelado clave en el proceso de innovación.

© jvillalba

 

 

Anteayer alguien me dijo, con motivo del post del día 11, que el enfoque de Einstein sobre la crisis le parecía positivo. No tengo duda de ello, creo que esa es la intención de dicho escrito, sin embargo yo pretendía llamar la atención sobre el tono del mismo, que desde una perspectiva racional me parece discutible.

 

Ayer tuve ocasión de escuchar a Paco Muro hablando de las actitudes empresariales que caben ante una crisis, siendo lo habitual que se diga que son dos: resignarse o adaptarse, pero él propuso una tercera: aprovechar las crisis para progresar.

 

La perla que aportó no me pareció una novedad, pues aunque yo no lo supiera, debiera saberlo, pues muchas veces se ha dicho lo mismo por activa y por pasiva: toda situación de cambio representa una oportunidad. En esto, crisis y cambio van parejos, de la mano, hasta casi parecer sinónimos.

 

Aquí, como en todo lo demás en la vida, lo que condiciona es la VIP del sujeto. En Otto Walter dicen que la VIP es la Visión Interior Positiva; en mi opinión, VIP es la Visión Interior Personal, que podrá ser positiva o negativa o, incluso, neutra, si no sientes vinculación alguna con el asunto de que se trate.

 

Dicha VIP tiene también alguna vinculación con la personalidad premórbida o de base; es decir, con nuestra forma de ser, que a la vista queda: se expresa en nuestro talante. Difícil me parece que alguien que en la vida se muestra resuelto,  innovador, activo, echado para adelante, luchador… adopte una postura de resignación ante las dificultades. ¿Entonces?

 

Adaptarse tiene una connotación positiva, significa adoptar una postura activa para asimilar los cambios y quizá también para presentirlos, siendo una actitud muy cercana a la propuesta por el Sr. Muro, pues progresar es también seguir vivo en toda la extensión del término: sobrevivir al cambio, permanecer tras las crisis.

 

Estar es una forma de progresar como progresar en situaciones de crisis es también mantenerse, en términos de empresa, en el mercado.

 

Básicamente estoy de acuerdo con la esencia del discurso de Francisco Muro y con el escrito de Einstein: a las crisis hay que plantarles cara como el instinto de supervivencia le planta cara a las amenazas del entorno. Y esto significa actuar. Y en estas situaciones complicadas, más aún si cabe, pues lo que no viene (clientes) tienes que irlo a buscar y lo que tienes has de saberlo conservar (fidelización).

 

Llegados a este punto ¿por qué hablamos de vender y no de “ayudar al acto de la compra”? ¿No es el mejor seguro “asegurarse la permanencia en el tiempo del cliente”? Si esto es así, me parece que hay que empezar a redefinir algunos conceptos transaccionales de las empresas. ¿Vender para facturar o resolver necesidades reales para satisfacer? ¿Centrarse en los objetivos de facturación a costa del precio o de reducir los patrones de calidad o hacer de los clientes el epicentro de las empresas?

 

Ya se viene diciendo desde hace años que “El cliente es el rey”, sólo que “A rey muerto, rey puesto” y con esa visión terminas entrando en el ciclo de las políticas de retención porque está demostrado que las de fidelización parece que no te funcionan: “Le Roi est mort, ¡vive le Roi!”

 

Tan sólo lo dejo enunciado: según lo veo –y hablo desde la perspectiva cliente-, los consumidores no recibimos un trato distintivo de parte de las empresas, cuyo diálogo con nosotros se ha venido cercenando hasta llegar a omitirse en numerosos supuestos. ¿Cómo pueden pretender algunas organizaciones que les seamos fieles? ¿Saben lo que queremos y por lo que estamos dispuestos a pagar? ¿Nos hacen la vida más fácil, acaso? ¿Nos sorprenden gratamente? ¿Son capaces de entusiasmarnos?

 

© jvillalba

Otto Walter

Algo tendrá un texto*, que se le atribuye a Albert Einstein, que está circulando por Internet y se ha convertido en punto de encuentro para mucha gente en este último período.

 

Alguien, a quien agradezco su envío, pues desconocía dicho texto, me lo remitió por correo, lo que ha despertado mi curiosidad y, deseando fijar la fecha y el contexto, he acudido a Internet.

 

Blogs, emails, presentaciones, menciones en declaraciones a la prensa, citas textuales…, por doquier aparece reproducido el texto que se le atribuye al genio (1879 – 1955) y que, a falta de mejor referencia, fecho en el entorno del crack de 1929. Y repentinamente he reparado en algo en lo que no había caído hasta visitar la Red: la crisis ha puesto de moda a Einstein, lo que me ha hecho reflexionar, pues parece que la gente estamos necesitados de amarre ante este tifón que ya es incuestionable.

 

¿Por qué? Quizá porque necesitemos creer en algo que nos de seguridad y la caída del modelo actual de al traste con el ídolo ante el que la sociedad se ha venido postrando y, como consecuencia, la gente eche la mano al primer madero, que a mano tenga, para asirse con fuerza en vez de ponerse a bracear con determinación para sortear la fuerza de la corriente.

 

Me seducen la fuerza y el sentido poético del mencionado texto, no así su discurso racional, pues me parece que pone el foco en un excesivo entusiasmo en detrimento de los datos de realidad. Es como si a alguien que acaba de perder la vista le dijéramos que se alegre porque así podrá ejercitar el resto de sus sentidos, hasta ese momento sin explotar en todas sus posibilidades.

 

Soy de los que piensan que la maduración del individuo se va gestando en los momentos difíciles, también con las pérdidas que vamos elaborando en nuestro desarrollo; es decir, visualizándolo, que “llorar nos ayuda a madurar”. ¿Que es verdad que el ingenio se agudiza en situaciones de penuria y escasez? ¿Que sabe más el pícaro, por necesitado, que el noble por cultivado? También.

 

En dicha línea, ¿por qué no instaurar la crisis permanente como fuente de innovación y creatividad continua? ¿Y si eleváramos la crisis a la panacea en tanto que agente motivador universal?

 

Me entristecería pensar que la creatividad, los cambios, el progreso nazcan de la angustia y no de la motivación para construir un mundo mejor y para todos –subrayo el adverbio de cantidad– y no sólo para los herederos de la vida fácil, del capital, del occidente, de las tierras al norte…, del mundo interconectado.

 

No quiero creer con Einstein que las crisis sean la energía que precisa nuestra sociedad en el S. XXI y por eso me quedo con el sentido poético del discurso, pues quisiera seguir creyendo que aún nos quedan arrestos para asumir nuestro principal compromiso vital, que es hacer de este mundo un mundo mejor, más habitable, más fácil, más agradable para todos y cada uno de los que habitamos este planeta. Y éste debería ser, con crisis y sin ella, el plan rector que orientara la política mundial sin excepción.

 

En nuestra mano, y por extensión en la de los políticos, líderes y fuerzas vivas, está crear y recrear crisis o construir y ejecutar un plan global, real, mundial de habitabilidad en hermanamiento e igualdad.

 

¿Quieren asumir ustedes su parte de compromiso?

 

© jvillalba

*

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos.

 

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar “superado”. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

 

La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

 

El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

 

Hablar de Crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.

 

En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla.”

 

Albert Einstein

Autor

Javier Villalba

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