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  1. Internet sigue siendo trascendental.
  2. La Conversación también está en La Red.
  3. Internet obliga. Abrirse a La Red supone cambiar.
  4. Sigue vigente la e-revolución.
  5. El micropoder suma.

La aparición de Internet en nuestras vidas, cuando menos, no resulta indiferente, excepción hecha del debate al que nos conduciría la todavía existente brecha digital, cifrada en 1.100 millones de hogares en todo el mundo, el 90% de ellos en países en desarrollo (Unión Internacional de Telecomunicaciones), lo que no invalida que Internet sigue siendo trascendental. Parafraseando a Genis Roca, Internet ya no puede considerarse un canal, sino una plataforma sobre la que poner en servicio diferentes canales de comunicación.

Internet es La Conversación o, si se prefiere, representa a la sociedad de la conversación. Comprenderlo es el primer paso para evolucionar de la mera participación en dicha concurrencia a proponerse gestionar la que nos concierna tomando en cuenta la aseveración de Neil Revilla, “A las redes sociales se va a conversar no a vender”, en vez de plantearse la presencia en la red social como burda táctica de negocio para hacer caja.

Internet es un medio que permite el establecimiento de diálogo, sin el cual no hay comunicación. Podrá trasladarse información, podremos intercambiar ‘objetos’, resultará posible emitir juicios o ideas en tiempo real o depositarlas para su consumo en diferido, podremos desplegar innumerables actividades, pero si no hay conversación no habrá realmente comunicación. Es en este detalle en el que reside toda la fuerza de Internet y las posibilidades que brinda para diferenciarse y obtener ventajas competitivas para organizaciones, empresas y, ¿por qué no?, para particulares. La Conversación también está en La Red.

No me resulta posible disociar comunicación y valores. Internet me parece que refuerza esta exigencia. Internet obliga. Internet, por sí misma, no genera interactividad, aunque dicha posibilidad ya esté implícita en este protocolo de comunicación. Al diálogo se llega habiendo hecho antes los deberes, siendo consistentes, resultando creíbles, ganándose una reputación, estrechando lazos de confianza. Por ello creo que Internet no es un medio más, como los otros, es diferencial y ésta es una plataforma multicanal que obliga a cambiar el paradigma de las prácticas de comunicación, sea ésta de la especialidad que fuere: corporativa o institucional, comercial, de marketing, interna, interpersonal o cualquier otra que se soporte en dicho medio.

Creo, en resumen, que en la sociedad actual (SIC) las empresas grandes y pequeñas que pretendan sobrevivir, si no lo han hecho ya, tienen que revisar sus paradigmas; tengamos en cuenta que en el S. XXI seguimos gestionando empresas con principios del S. XIX –lo decía Gary Hamel en el siglo pasado (The future of management)-. Las empresas tendrán que redefinir su visión, apostar por un estilo propio y afianzar valores, adaptando sus políticas –y entre ellas las de comunicación- bajo una óptica de auténtica responsabilidad social, definir su posicionamiento públicamente y demostrar coherencia en todos sus comportamientos -incluidos los comunicacionales-. Abrirse a La Red supone cambiar.

Internet es una palanca estratégica que posibilita adaptarse y cambiar, pero también ejerce como espada de Damocles dispuesta a malograr cambios superficiales, pues sigue vigente la e-revolución impulsada por el activismo ciudadano. La Red supone todavía una revolución trascendental a la que nos estamos adaptando, un nuevo idioma que seguimos aprendiendo, cuyo principal activo descansa en el micropoder que confiere, que abarca desde el pronunciamiento individual hasta el poder de la multitud (crowdpower) expresado en convocatorias, manifestaciones y protestas.

No descubro nada nuevo si destaco que la revolución del protocolo TCP/IP, entre los numerosos cambios de estado que ha venido propiciando, nos ha procurado la democratización de las comunicaciones, que cobra un matiz especial al rebufo de los avances tecnológicos que han dado lugar a la cultura 2.0, un movimiento que nos permite experimentar una nueva evolución en la manera de concebir el mundo y las relaciones.

El ciberciudadano, en todas las facetas de su vida, se transmuta de mero espectador en productor, lo que ya fue posible en la etapa 1.0, si bien entonces para una minoría. Hoy, el impulso de las TIC ha desplazado el poder y nos ha dotado de una capacidad antes insospechada (micropoder) sobre la que, cada vez más, vamos tomando conciencia.

Además de nuevos usos y profesiones, hoy cobra vigor la figura del ciudadano periodista y muy especialmente la de quienes son capaces de influir desde la palestra digital, generando corrientes de opinión y macrotendencias, en las que puede residir el foco de algunas alegrías o disgustos (e-fluentials).

Hay que admitir que Internet ha desplazado el centro de atención desde el Establishment hasta los grupos de interés, entre ellos los consumidores, quienes reclamamos un nuevo estilo de gestión y de relaciones; ahora nos podemos unir para sumar, podemos expresarnos y está en nuestras manos hacer y deshacer. El micropoder suma.

Ser consciente y admitir, por tanto, el nuevo reparto de papeles y poder –cambio propiciado por Internet-, asimilarlo e integrarlo en el propio pensamiento estratégico de empresas y organizaciones todavía hoy puede ser el hito que marque la diferencia entre tener y no tener futuro.

© jvillalba

No cabe duda de que la visión personal, cómo se ve y se interpretan realidad y circunstancias, influye de manera decisiva en el proceso de búsqueda de empleo, ya sea para acceder al primer empleo como si se trata de recolocarse o, incluso, de promocionar externamente.

Se ha dicho hasta el hartazgo que el demandante de empleo tiene un trabajo: el de buscar trabajo. También se ha repetido hasta la saciedad que quien está forzosamente parado es su propio empresario cuyo proyecto (re/colocarse) pasa por “vender” su producto/servicio (propuesta de valor) a un supuesto cliente: la empresa contratante.

En fin, que algunos orientadores, en un esfuerzo por animar a sus pupilos, y algunos consultores de empleo, para quienes disfrutan de la ventaja de un servicio de outplacement, han venido ideando fórmulas para mentalizar a demandantes del derecho al empleo con el fin de que su perspectiva cambie, se traduzca en positiva visión y se transforme de una barrera en un facilitador; pues la visión pesimista puntúa a la baja en esta ardua y dura misión de colocarse, o de recolocarse, en un país devastado por el paro.

Me temo que, para quienes buscan trabajo, tales argucias son una desafortunada entelequia. No hay nada como la necesidad para agudizar el sentido práctico. Y tales ilusiones, que no digo que no cumplan un papel, son a la realidad lo que el eufemismo es al término que pretende sustituir: una fórmula para evitar llamar a las cosas por su nombre.

Quien se encuentre en esta situación mejor hará poniendo en valor sus recursos: re-escribiendo su hoja de ruta,  reforzando idiomas, ampliando sus conocimientos en tanto que usuario tecnológico, analizando alternativas para reciclarse a otros sectores con mayor demanda de profesionales, incrementando su frecuencia relacional, a todos los niveles, y preparándose para cambiar de residencia en el caso de que la búsqueda de nuevos caladeros de empleo se lo exigieran.

© jvillalba

No más de quince espectadores nos reunimos el sábado pasado en una sala en la que se proyectó la última película dirigida y coproducida por George Clooney. Los que fuimos juntos convinimos, a la salida, que la adaptación merecía la pena; coincidiendo, esta vez, con la crítica mayoritaria.

El mensaje principal, sencillo: “el poder corrompe”. La trama, bien urdida. El guión, bien resuelto. La moraleja, consabida: la historia se repite. La conexión con nuestras vidas, creíble: “la ambición seduce”. La conclusión, el círculo está viciado.

Un político bienintencionado que cada vez que trazaba una línea sobre la arena se ve obligado a dibujarla un poco más allá del límite que se había impuesto (¿les suena?); renunciando a sus ideales.

Un director de campaña forjado en el esfuerzo y la lealtad que sale perdiendo (¿les resulta familiar?).

Un jefe de prensa con criterio y capaz, animado por unos ideales, que se termina hundiendo en el fango para (curiosamente) salir a flote (¿les extraña?).

Una reportera del Times que juega aquí el rol del ‘vidente del César’; simbólicamente representado por el jefe de prensa.

(¿No somos, cualquiera de nosotros o nosotras, los Césares de nuestros imperios?)

Los personajes, bien dibujados. El escenario, bien descrito. Un cabo suelto: la inexplicable muerte de una becaria que le permite al jefe de prensa extorsionar al candidato y quitarse de encima a quien antes le había aleccionado (familiar, ¿no?); exigencias del guión, en este caso justificadas, para sostener el leitmotiv del mensaje.

Un film de presupuesto ajustado en el que no se echan de menos otros efectismos, y cuyos beneficios llevan la etiqueta de exitosos.

Una obra adaptada para pensar y debatir, una película para la reflexión sobre la distancia que media entre las convicciones y la lealtad, pasando por la moralidad, en la que cobra un papel principal la comunicación como elemento central de nuestras vidas, que bien puede ponerse del lado de la transparencia como del lado de los intereses de parte, pervirtiendo lo que llamamos estrategia.

Un guión en el que los personajes se van autodefiniendo sobre la base del estilo de comunicación por el que finalmente optan, expresando así su personalidad, adaptando su manera de comportarse y fijando la visión del mundo que hacen prevalecer y, en consecuencia, de sus vidas.

Una cinta que les recomiendo porque su mensaje me parece ejemplar.

Decidan ustedes el precio del poder, o del supuesto éxito social; nuestra libertad también consiste en eso. En decidir quiénes nos proponemos ser y hasta qué punto somos capaces de lograrlo.

© jvillalba

Me parece poco, pero lo que si me creo es que cerca del 83% de los trabajadores españoles no se sientan comprometidos con el proyecto de empresa para la que trabajan. En la dirección, en las políticas, procedimientos y rutinas y en los directivos es donde hay que poner el foco para auditar la consistencia de la marca interna.

Si se cumple que, como dice Ricardo Alfaro, director de Recursos Humanos de Asepeyo y presidente de Aedipe Cataluña, “Solo el 17 por ciento de los empleados de una organización están activamente comprometidos, el 63 por ciento no está comprometido y el 20 por ciento están activamente no comprometidos”, me pregunto qué hacen directivos y gestores para asegurar la obtención de beneficios sostenibles. Obviamente suspenden, pues impera la visión a corto, ya es tradicional echar balones fuera (el abanico es amplio y las justificaciones profusas) y prevalece la defensa a ultranza de sillones y prebendas. Y qué porcentaje de ese cien por cien representan mandos y directivos –me pregunto-.

Lo ha dicho en Barcelona Cristina Prats, Directora de Seresco, el 14 de febrero, en el marco de unas jornadas organizadas por Seresco y la Asociación Española de Directivos de Personal Cataluña, bajo el sugestivo interrogante ¿Amor al trabajo?: “…sabemos que aquellas (personas) que se implican emocionalmente con ella (la empresa) son un 4% más productivos.” Insisto, me parece poco; mi experiencia personal en un proyecto de gestión del cambio, llevado a cabo entre los años 1995 y 1997, me informa que es mucho más y que fortalecer el entusiasmo de los trabajadores no es una quimera.

Admitimos que en España tenemos un problema de productividad. Y me parece cierto, pero ¿nos vamos a quedar ahí? A la crisis de valores de la cultura del ‘pelotazo’ le ha sucedido inmediatamente otra generalizada de baja profesionalización que en el sector servicios resulta notoria: numerosos trabajadores de diferentes facturas en funciones de atención al cliente, y por diferentes canales, dejan muy mal sabor de boca en ese momento de la verdad en el que se forja la experiencia del servicio. La rotación de clientes hoy es una verdad.

Pero al mismo tiempo argumentamos que es necesario incrementar la reputación para convertirnos en empresas más competitivas, como bien expusieron algunos ponentes, el 16 de febrero, en la V Jornada Anual del Instituto de Innovación Social de ESADE.

Obviamente lo creo, pero también que la responsabilidad social de las empresas ha de empezar demostrándose en su interior, en el trato con su grupo de interés preferencial, los trabajadores. De nada sirve, por ejemplo, implementar prácticas para reducir la  huella de carbono -y lucir la certificación- si no contamos con una propuesta de valor interna que fomente el entusiasmo, ‘enganche’ porque trae a cuenta y permita trabajar el compromiso de los empleados porque realmente merece la pena trabajar ‘aquí’.

Dicho de otro modo; sí a la RSE, pero primero dentro y luego fuera, que es como hay que construir el posicionamiento de una empresa: de dentro a fuera y no al revés.

© jvillalba

Con la colaboración de Villafañe & Asociados, la vocalía de responsabilidad social de DIRCOM ha puesto esta mañana a disposición de empresas, profesionales y usuarios en general una herramienta gratuita (Dircom2R) orientada a facilitar el audiagnóstico reputacional bajo la premisa de que RSC y reputación son conceptos que se implican mutuamente, si bien en la percepción de la reputación, además del comportamiento ético (ética y responsabilidad corporativa), intervienen otras dimensiones como son los resultados económicos y financieros (la rentabilidad, la calidad de la información económica de la empresa), su oferta comercial (los valores de los productos y sus marcas, el servicio y la atención al cliente), la reputación interna (el clima de trabajo), la dimensión internacional de la empresa y su innovación.

Se trata de una práctica y sencilla herramienta que en cinco pasos ayuda a determinar la situación actual en la que se encuentra la empresa, pudiendo extraer conclusiones y fijar un plan de acción para la mejora del comportamiento responsable, medir su evolución e incidir, así, en el reconocimiento social.

Este modelo también descansa en un enfoque ‘multistakeholder’, no solo por el hecho de que la empresa se relacione con diferentes grupos de interés, sino porque a simultáneo cada persona juega numerosos roles por los que se enclava, a la vez, en distintos segmentos de audiencia para la organización.

Por otra parte, entre las tendencias sociales emergentes cada vez cobra mayor relevancia la conciencia social de ciudadanos, inversores, trabajadores… lo que ya justifica una creciente ocupación de las empresas por su comportamiento, pues no en vano una parte de su reconocimiento social deviene de sus compromisos éticos, de su transparencia y buen gobierno, de su comportamiento con los empleados o de su propuesta interna de valor (EVP), de su conciencia medioambiental y de su contribución social, factores que cuando menos conviene cultivar para fijar un posicionamiento responsable y acertar a comunicarlo de manera consistente para que también sume en la percepción que los públicos objetivos tienen de la empresa.

© jvillalba

Noticia

Damos por sentado que podemos atraer profesionales con talento a nuestras empresas, ¿pero es del todo cierto? Quizá los haya que no quieren trabajar en determinadas organizaciones. ¿O sí?

Es posible que nuestra situación, en España, haga que alguien que lo necesita se sume a cualquier propuesta de trabajo, pero ¿no hay alguna empresa, de la que tiene referencia, en la que no quisiera trabajar?

Es un acierto introducir los valores en los reclamos de empleo, como también hablar del alma de las organizaciones. Pero ¿y la ética? ¿Y la moralidad? Es verdad que tienen que ver con los valores, pero con suponerlo no basta. Además, la declaración de los valores es una cuestión que no tiene por qué implicar que realmente se apliquen. ¿O sí?

Creo que las empresas prosperarán más por el camino de la ética que por el de la inteligencia, conduciéndose rectamente y dando ejemplo por medio de líderes y directivos, a través de sus decisiones materializadas en actos de empresa, y que solo así podrán aspirar a edificar el compromiso, una relación de correspondencia que ni nace por generación espontánea ni se urde a expensas de la otra parte, ya que descansa en la complicidad.

En estos tiempos ya no me parece acertado poner el acento en el talento sin más; considero que en los procesos de reclutamiento y selección, pero también en los de evaluación, hay que asegurar primero la calidad humana de cuantos conforman una empresa dada y solo si se satisface esta propiedad o característica nos interesará pasar a evaluar su perfil competencial.

La integridad me parece esencial, una condición sine qua non, pero es cierto que insuficiente, pues también demandamos competencias y proactividad para trabajar, pero éstas últimas sin la primera pueden ocasionar un foco tóxico en las organizaciones cuando topamos con el “todo vale” de quienes no sienten escrúpulos. Ni tan siquiera bajo la premisa de los beneficios a corto es recomendable contar entre nuestras filas con gente sin conciencia; un desliz que se paga caro y cuanto más tarde más costoso resulta.

Me parece un reto interesante prepararnos para retener y atraer a las mejores personas, crear las condiciones para emocionar y conseguir que trabajar en y para determinada organización sea realmente un valor en si mismo. Un proyecto doloroso, costoso, que tiene nombre: gestionar la lealtad.

© jvillalba

A iniciativa de APD, con el patrocinio de Deloitte y Adecco, ha tenido lugar hoy la jornada Nuevos valores nuevos liderazgos”, lo que esencialmente hace referencia  a dos cuestiones de calado. Por un lado, a la necesidad de recuperar unos valores que, siendo universales, fundamentales para la convivencia y el disfrute de un estado del bienestar-sostenible, no predominan en el prácticum del quehacer social, una sociedad de la opulencia, de la ostentación, del enriquecimiento a corto, una ‘borrachera económica’ que nos ha devorado; de otra parte, refiere también el ineludible compromiso personal e individual de mandos, directivos y dirigentes para promover un estilo de producción ético y responsable. De ahí el uso del plural en el segundo término de la oración, que habla de ‘liderazgos nuevos’ porque importan el hacer y la práctica frente al espejismo demagógico de lo genérico, del liderazgo en tanto que concepto teórico, pues lo que a la postre cuenta –y cuenta mucho- es la acción y no el concepto.

Cabe aquí mencionar un dato citado por Francisco Belil, Ceo Siemens Suroeste de Europa: _ “¿Saben que el 70% de los que dejan sus empresas no dejan sus empresas? Dejan a sus jefes.”

Así, los promotores de la jornada, referentes para el progreso de la dirección, se posicionan con rotundidad de parte de la responsabilidad individual en el ejercicio del mando –lo que ni quita ni resta compromiso a profesionales y trabajadores-, manifestándose con claridad del lado de “la renovación ética de la función directiva” –una necesidad ineludible- convencidos de que existen numerosos ejemplos que ponen de manifiesto las causas del devenir social que nos han conducido a la actual crisis; una crisis que ya dura demasiado cuyas hondas raíces se asientan en el desprecio de los que otrora fueran valores fundamentales como la integridad. Una proposición de partida que queda expresada en el subtítulo de la jornada: necesitamos acometer en nuestras empresas una regeneración ética en cascada, desde la ejemplaridad, para tener ocasión de obtener beneficios sostenibles.

Sin demérito del resto y menos aún de Antonio Garrigues, Presidente de honor de APD, quien afirmó sin timidez alguna que “(…) sin comportamiento ético generalizado no hay sostenibilidad”, y animó a la sociedad civil a exigir líderes no dañinos, mencionaré alguna idea más que me pareció menos habitual en los discursos al uso.

El profesor  e investigador Alejandro Córdoba propuso una interesante reflexión. Valores y principios, ¿son una cuestión de conciencia o de conveniencia? Si como nos demuestra la vida cotidiana las empresas están mal vistas y los poderes fácticos están desprestigiados y de lo que se trata es de recuperar la credibilidad perdida, con independencia de que la responsabilidad sea o no una cuestión de conciencia, lo que está claro es que en todo caso se trata de un asunto de conveniencia, pues la nueva sociedad que está emergiendo exige un escenario bien distinto al actual que, en el caso de las empresas, pasa por crear otra cultura del trabajo toda vez que tener visión pasa por tomar en consideración todos los cambios que se vienen produciendo. Negarlo demuestra ya una falta de visión estratégica.

Por su parte, José Antonio Marina, filósofo y pedagogo, elevó la importancia de la ética sobre la razón, pues si bien es cierto que el razonamiento resuelve los problemas no lo es menos que lo verdaderamente difícil no es obtener las soluciones, sino ponerlas en práctica. En este sentido importan las virtudes, que se adquieren mediante la educación y la repetición hasta convertirlas en un hábito de comportamiento, que es lo que tenemos que recuperar, unas virtudes cívicas porque queremos ser felices y para ello necesitamos satisfacer tres necesidades: pasarlo bien, sentirnos cómodos; mantener vínculos afectivos; y, sentir que progresamos, que somos útiles.

La felicidad no es una tontería, y la felicidad en el trabajo tampoco; lo contrario es malgastar la vida. Un indicio más de su importancia ha sido su nominación al “Noveno Objetivo  de Desarrollo del Milenio”, propuesto por Jeffrey D. Sachs en el Foro Económico Mundial en Davos; a lo que también aludió Antonio Garrigues en el cierre de la jornada.

© jvillalba

NP ADP | NP Deloitte

#IDCSB # idce20

¿Qué ha aportado la jornada que ha tenido lugar hoy en el Hotel Palace, en Madrid,  “La transformación 2.0 en la empresa: Social Business, liderada por IDC y promovida por IBM, Raona, Ibermática, Palo Alto y Tecnocom?

No sé si la centena de asistentes pensarán como yo, pero me parece que -en resumen- nada nuevo; cuestión distinta podrá ser para las empresas allí representadas, como también para el atento examinador de nuestra agenda empresarial.

Y es que no se comprende. Resulta difícil llegar a entender los evanescentes argumentos de quienes todavía se oponen (¿Sobre qué base?), los de aquellos que no dotan presupuestos (¿Con qué criterio coste/beneficio?), los de aquellos otros que se niegan a estar donde hay que estar (¿Por qué razón?) o, cuando menos, rechazan plantearse si se ha de estar o no estar.

Quizá lo más importante sea seguir insistiendo y poner en evidencia que aquellas resistencias no significan sino una sola cosa: que ni se sabe ni se quiere aprender. Por ello todavía lo social y la empresa no terminan de engranarse.

Porque no hay un plan o no se tiene; porque no hay una estrategia, ni se tiene ni se quiere plantear, porque hay que abandonar las zonas de confort y ello entraña resistencias. Parece, en efecto, un asunto complejo porque no se han planteado cómo aprovechar, para el negocio, esta potencia democratizadora y generadora de valor, la inteligencia colectiva. En suma, porque se adopta un posicionamiento resistente tan solo porque no hay visión, porque no se tiene enfoque. O quizá porque se tengan las miras puestas en otras apuestas, que también.

No creo que los medios sociales sean la panacea, pero sí creo que las personas lo son cuando están alineadas y comprometidas con un proyecto. No es la plataforma la que nos va a dar lo que no tenemos; lo que no tenemos no se suple, pero las herramientas nos van a permitir reformular relaciones, crear cultura, reorientar la organización, replantearnos la manera en que veníamos haciendo las cosas.

No es la herramienta, es la actitud empresarial vehiculada por la capa directiva la que va a permitir aprovechar el talento y, en consecuencia, gestionar el conocimiento, crear las bases para fomentar un espíritu contributivo (crowdsourcing), hacer realidad el trabajo en equipo y desarrollar procesos de innovación para obtener un diferencial que revertir en la sociedad y crear riqueza.

No es la herramienta, es una sincera actitud relacional basada en la transparencia (ética/buen gobierno), promovida en la cercanía, alimentada por la información de ida y vuelta, multidireccional, la que contribuye a gestionar lealtades y, como consecuencia, compromiso (engagement).

No son las plataformas 2.0 el abracadabra que necesitamos para dirigir proyectos sostenibles, es la actitud alineada, la cultura colaborativa, la meritocracia pública orientadas en una dirección, sujetas al ejemplo (ejemplaridad), lo que como resultado aportará valor tangible al negocio.

¿Y todo ello no se puede conseguir artesanalmente? Sí y no; sí con un alto coste en el que incluyo el tiempo relacional y de reacción; no en el mismo plazo ni con el mismo impacto ni con la misma economía de recursos ni con el mismo retorno ni con la misma inteligencia (social analytics).

_ “Pero eso hay que demostrarlo.”

A quienes me lo dicen, les respondo que no hay recetas, que no hay dos casos parecidos, que hay mucha literatura, tanta sobre fracasos como sobre casos de éxito, y que tendremos que aprender a medir por el camino, pero sobre la base del análisis, inspirados por una idea, con un objetivo bien establecido, en convergencia con el negocio y en armonía con la estrategia global, bajo un objeto social de valor que ofrecer a la comunidad, con una tecnología supeditada al proyecto -no al revés- y previo establecimiento de indicadores y métricas que nos permitan conocer la evolución. Y, además, ir aprendiendo por el camino para corregir el tiro.

Antes no podremos demostrarlo con números ni podremos establecer correlaciones para cuantificar resultados e inferir beneficios (¿Cuánto vale una idea?).

Un asunto complejo en verdad, pero posible con voluntad. Y no nos engañemos, las altas direcciones son quienes tienen en su mano o la apuesta o el ninguneo.

Es verdad que todo nos empuja a evolucionar hacia un modelo entreprise 2.0, pero hay que hacerlo desde la actitud y con cabeza, con una estrategia de la que dimanen las propias hojas de ruta y desde la búsqueda continua del valor porque -como dice Ricardo Míguez- Social Business es estar conectado + ser transparente + ser ágil ‘con el objetivo de crear valor negocio’. Tres atributos que no todos los CEO están dispuestos a cumplir.

Una reflexión más. ¿Podemos impulsar una cultura social business cerrada, de espaldas al resto de los grupos de interés?

Mucho me temo que un reto principal será integrar lo interno y lo externo, romper las aparentes fronteras que nos separan y aprender a gestionar de una manera integral, pero sin renunciar a discernir todos los vectores de relaciones de la empresa.

Mi conclusión es que hoy estamos en estado ‘beta’ permanentemente y que colonizar territorios no es cuestión de suerte, sino de proyecto; resultado de un esfuerzo de análisis y posicionamiento, de asunción de compromisos y de fijación de objetivos; un asunto que nos lleva a replantearnos los marcos de relaciones y las estructuras de poder y que nos está obligando a reinventar las formas de trabajar y de hacer negocios.

¿Es acaso esto lo que nos paraliza?

Tener presencia en la web social no es la clave. No se trata de llegar y ya está. Queda tanto por avanzar y nos queda tanto por ganar que lo primero será empezar a  plantearnos en serio si de verdad somos capaces de ganar algo en esto. Y reconocerlo.

© jvillalba

Según el Informe1 RepTrak TM Pulse España 2011, “… incrementos de 5 puntos en la valoración de la reputación de una empresa suponen aumentar en 7,5 puntos el porcentaje de personas que manifiestan actitudes favorables hacia ella.”

Al igual que en ediciones anteriores, un estudio interesante, ya un referente, que Fernando Prado ha sabido exprimir para exponer lo principal: la reputación vende, lo creamos o no. Es rentable.

Sin duda alguna el estudio es un referente y sus principios generales no se pueden obviar, sin embargo me queda la inquietud: partiendo de distanciados contextos y de circunstancias muy diferentes, me parece posible suponer que, si la reputación es la suma de percepciones y juicios de valor, tamaño y potencia económica condicionan para ‘fabricar’ y multiplicar experiencias directas en los consumidores o para producir iniciativas empresariales con impacto y también para incrementar los flujos de conversación sobre algo o sobre alguien (empresas/personajes); luego la reputación empresarial y la personal tendrán que fijarse de conformidad con su marco de relaciones (actuales y posibles), lo que nos encara –según se mire- o con nuestros stakeholders o con nuestro social graph.

La gente expresamos nuestras emociones por medio de actitudes y comportamientos que al final son de acercamiento o de evitación: tenemos impresiones favorables o desfavorables, admiramos o rechazamos, estimamos o desestimamos, confiamos o desconfiamos. La buena o mala reputación que algo o alguien nos  inspira es lo que finalmente condiciona nuestra relación con dicho objeto o sujeto.

Como es natural, los objetos empresa puntúan en las 7 dimensiones en las que el Reputation Institute hace operativos aquellos indicadores emocionales, pero en nuestro caso merece la pena destacar que la segunda dimensión más valorada – según el Informe RepTrak TM Pulse España 2011- ha sido la integridad, lo que alude a una manera intachable de hacer negocios, refiere autenticidad, significa coherencia y exige trasparencia.

Un dato más para la reflexión. Los medios de comunicación conforman el sector con peor reputación en este estudio, precedido, quizá no por casualidad, por la banca y las telecomunicaciones.

Si no pudo acudir al acto, puede leer el resumen elaborado por Compromiso RSE o dejarse llevar de la mano de Ana María Márquez para hacerse con una gavilla de conclusiones.

© jvillalba

  1. Las Empresas con Mejor Reputación de España.

Me gusta encontrarme, como esta mañana tomando un café, con notas sobre comunicación en la prensa. En esta ocasión, ojeando “20 minutos” (página 16), descubro un artículo promocional de Paula Arenas (“El abecé de la comunicación”), en referencia al libro de Matthew McKay, Martha Davis y Patrick Fanning –de próxima aparición- que lleva por título “Los secretos de la comunicación personal” y cuyo subtítulo centra el propósito, contenido y destinatarios del mismo: la mejora del propio estilo de comunicación, al servicio de las relaciones interpersonales, para el público en general (“Aprenda a comunicarse de manera efectiva en cualquier situación”). Un volumen editado por Paidós que bien puede clasificarse entre los de autoayuda. Bien.

Digo bien porque –en opinión mía; vaya por delante el matiz- los medios de comunicación también cumplen una función socializante, que se viene distorsionando, y cuyo primer escalón es el pedagógico. Me refiero a la formación de la población y a la generación de una opinión informada.

Y la comunicación necesita del apoyo de la prensa, en particular, y de los medios de comunicación, en general, para educar a la población en la importancia que dicha función relacional tiene; tanto en las distancias cortas como a mayor escala y por cualquier vía.

La inclusión de pequeñas notas como ésta, educativa, nos trae a la agenda de actualidad la importancia –en este caso- de una competencia que no se nos enseña en la escuela, que nos creemos que dominamos desde la infancia, sobre la que todos opinamos y que suele ser fuente de conflictos o ventajas, según como la convirtamos en acto y pase a formar parte de nuestra identidad.

Que no es un libro para especialistas, está claro; pero quienes lo sean en esta materia serán los primeros en comprender la trascendencia de educar a la población en técnicas de comunicación activa. Como también los profesionales de cierto nivel reconocerán inmediatamente la repercusión que la buena o la mala comunicación tienen en la trayectoria de mujeres y de hombres de empresa. Cuestión que tampoco nos pasa desapercibida en otros ámbitos de nuestras vidas.

Aún tratándose de una sencilla nota en un diario gratuito, la periodista tiene el acierto de destilar los elementos esenciales de la comunicación interpersonal en un apretado resumen y dejando claro el mensaje subyacente: si tiene interés en poner su estilo de comunicación de su parte, acuda a las librerías…

Cuantas más veces y desde más canales se emitan y reiteren estos mensajes mayores posibilidades de impacto y fijación tendrán; que es lo que nos está sucediendo con otros acontecimientos que mejor sería dejarlos orear.

Tomo esta anécdota para recordar la responsabilidad social de los medios de comunicación y el compromiso de los profesionales de la comunicación de atenerse al código deontológico profesional, que exige ponerse al servicio de la sociedad y de los ciudadanos, siempre del lado de la objetividad y no de parte de otros intereses. Sin exceptuar al periodismo de opinión que, debiendo atenerse a lo mismo, tiene ocasión de posicionarse, si se ofrece como tal y sin disfraz, y no con la apariencia de la verdad; como está ocurriendo.

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Encuentros

Cuando faltan las palabras, cuando sobra el silencio, cuando a solas te relegan o cuando a solas te encuentras, de ese encuentro contigo, surgen estos escritos, compañeros de viaje, que quizá sólo tú entiendas, que quizá sólo a tí atiendan, que quizá sólo tú leas cuando sin compañía te acompañes.

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RSS Cultura comunicativa

  • Primera Reunión de 2014 de la AAdeCI en San Juan 9 abril 2014
    Estimados/as, los quiero invitar a participar de la “Charla sobre gestión de la comunicación en ámbitos laborales” que ofrecerá el Lic. Manuel Tessi dentro del marco de reuniones y encuentros de la Asociación Argentina de Comunicación Interna (AAdeCI) en su sede de San Juan. La charla se realizará el miércoles 16 de abril, de 18 […]
    Maximiliano Bilella
  • La importancia de dinamizar el diálogo al interior de las organizaciones 7 febrero 2014
    La gestión de la comunicación interna debe dinamizar el diálogo, no dinamitar el diálogo. Promover la dinamización del diálogo en las organizaciones, entendiendo por dinamización del diálogo el proceso o actividad de establecer acciones destinadas a conseguir que el diálogo puertas adentro se agilice y cobre mayor importancia, ofrece unos cuantos beneficios: […]
    Maximiliano Bilella
  • 10 blogs sobre Comunicación Interna que no puedes dejar de leer 22 enero 2014
    ¿Te interesa la Comunicación Interna? Entonces permíteme darte algunas recomendaciones sobre 10 excelentes blogs que no deberías dejar de visitar y leer… Comunicar, integrar y progresar (Lelia Zapata): http://leliazapata.com/ Todo Significa (Alejandro Formanchuk): http://formanchuk.com.ar/todosignifica/ Oxean Blog (Grupo Oxean): http://grupooxean.com/wordpre […]
    Maximiliano Bilella

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