You are currently browsing the category archive for the ‘Innovación’ category.

Innovar se ha traducido, para las empresas –lo quieran o no-, en una necesidad para distanciarse de la competencia en esa interminable carrera de fondo que ha sido auspiciada por el imperativo evolutivo de un mercado global. Un sistema de relaciones, presididas por el impulso de un desarrollo sinfín, para las que la vertiginosa sucesión de mutaciones representan nuevas amenazas –previsibles o sobrevenidas- para aquellas propuestas de productos o de servicios que, en un escenario mundial, no acierten a adaptarse a la nueva doctrina que predica que “La única constante es el cambio”; paradoja que ahora invocamos a modo de mantra a la búsqueda del cuerno de la abundancia.

Insatisfacción general

Sin embargo, hoy, cuando la innovación preside conversaciones y preocupaciones empresariales, todavía persiste el quejoso murmullo de las voces de usuarios y consumidores insatisfechos con empresas punteras y del montón, organizaciones que tienen que contender –y a la vista está que con desgana- con riadas de reclamaciones, manifestaciones de contrariedad y sinnúmero de quejas consecuencia o de la adquisición de productos defectuosos o a causa del mal servicio, ya sea por las suspensiones temporales -y sin previo aviso- de prestaciones contratadas, o por la inoperancia o las demoras de los servicios postventa, o por las trabas disuasorias de los servicios telefónicos de atención a los clientes… y ello por no citar otras arbitrariedades tales como las modificaciones unilaterales de contratos, los cambios tarifarios desproporcionados o abusivos, los cobros indebidos de comisiones o las dificultades para poderse dar de baja de algunos servicios.

Basta con seguir la pista del reguero de quejas, reclamaciones y denuncias publicadas en los medios sociales o, simplemente, con preguntar al vecino. Desgraciadamente, quien más y quien menos puede relatar más de una nefasta experiencia de consumo en cualquier sector de la economía: comercio, banca, seguros, comunicaciones, automoción, construcción, suministros energéticos, electrodomésticos, alimentación, restauración, educación, servicios de salud… Un rosario de insatisfacciones que lo prueba la proliferación de asociaciones de consumidores, de todo tipo, en defensa de unos derechos que hoy en día se tiene la sensación de que, “a quien le toca la china”, solo puede ejercerlos en precario y a costa de enormes esfuerzos. Pero las empresas siguen poniendo el foco de su competitividad en la innovación.

Un caso ilustrativo

En tres años las reclamaciones habían experimentado un crecimiento cercano al 25% en una empresa del sector bancaseguros, por lo que el CEO convocó, a una reunión “urgente”, a la primera capa directiva con el objetivo de poner freno a la espiral de bajas. Tras una tan sesuda como infructuosa lluvia de ideas alguien apuntó que lo que tenían que hacer era “innovar”. De manera que fijaron un plan de reuniones hasta que en una de ellas convinieron que la manera de hacerlo era creando una oficina de “productos” que asumiera el cometido de concebir nuevas fórmulas promocionales para seguir “vendiendo” los servicios de siempre; solo que “mejor armados”, con ligeras, pero atrayentes, modificaciones de algunas características. Para lo cual tendrían que exprimir al máximo su creatividad y se fijarían en lo que venía anunciando la competencia a fin de contrarrestarlo para no quedarse atrás. Así, de esta manera, no se abordó la necesidad de analizar las quejas o la conveniencia de escuchar las reclamaciones de clientes para corregir deficiencias, pero –eso sí- crearon una “factoría” que les permitiría ofrecer nuevos “productos” con los que atraer otros conjuntos de consumidores para compensar –o eso creían ellos- la disminución de la cartera de clientes. Y, por supuesto, para comunicar tales innovaciones, se abrieron a los medios sociales patrocinando una conocida marca deportiva que sirviera de paraguas para introducir los cebos de sus renovadas proposiciones.

Este caso no es único. Algunas empresas tienen la tendencia a compensar la falta de excelencia en los servicios que forman parte del corazón de su negocio con implementaciones, en cuestiones periféricas o de embellecimiento, consistentes en modificaciones -en realidad- insustanciales, superficiales o anecdóticas, que se presentan como logros innovadores dirigidos a atraer amplios sectores de usuarios o consumidores en vez de hacer lo que tendrían que hacer: esforzarse en dispensar servicios excelentes a los propios clientes, pues ya se sabe que es menos costoso y más rentable hacer lo que hay que hacer para mantener un cliente que hacer lo que habría que hacer para atraer nuevos consumidores. Una ecuación que si no se resuelve nos deposita en vía muerta.

Expectativas incumplidas

Por lo que se ve, y debido a la experiencia que tenemos la mayoría de los consumidores, la estrategia de ventas de no pocas empresas parece estar concebida más para atraer clientes que para mantenerlos. Así, el engatusamiento inicial, las promesas de servicio armadas con contraargumentaciones irrefutables ante cualquier objeción, la eliminación de todo tipo de barreras, incluso las económicas para facilitar la compra o la contratación forman parte de la andanada de seducciones con las que se persigue colmar, en el acto de la venta, las expectativas de quienes pretenden satisfacer una necesidad albergando la esperanza de ser correspondidos en sus aspiraciones; razón de peso que anima a realizar el esfuerzo de pago que el producto suponga o que incita a asumir el compromiso de abono que la prestación del servicio entrañe.

Ahora bien, una vez cerrado el acuerdo, la bondad del producto se manifiesta en el uso y aprovechamiento funcional de sus características y la ventaja del servicio toma cuerpo en el disfrute de las prestaciones suscritas. El problema sobreviene cuando el producto deja de cumplir su función o cuando no se obtienen las prestaciones que fueron comprometidas. Es, precisamente, cuando algo falla cuando la excelencia de la empresa se pone en juego, cuando su credibilidad corre el riesgo de arruinarse o encuentra la oportunidad de reforzarse; es en ese momento cuando la marca se juega el abandono o la permanencia de su público, la deserción o la fidelidad de sus clientes. Innovar está muy bien si verdaderamente aporta utilidad y ciertamente se traduce en una ventaja económica, pero ofrecer productos conformes y dispensar servicios satisfactorios es lo que marca la diferencia entre la vulgaridad y la excelencia. Sin embargo, aunque es bien sabido por todos que cuando un consumidor se siente defraudado abandona, retira su crédito y contribuye activamente al desdoro de la marca que lo ha ofendido, seguimos oyendo todos los días el eco de nuevas promesas en formato de cantinelas innovadoras mientras es público y notorio que los mismos voceros prestan servicios como los prestan: dejando mucho que desear, incumpliendo promesas, deficitariamente; dicho en román paladino: “tarde, mal y nunca”.

El problema de la heterogeneidad

Fabricar productos es un asunto que suele contar con el apoyo de diferentes ingenios o automatismos. Está claro que máquinas y autómatas, aunque precisen ser recalibradas o necesiten ser reprogramados, ofrecen una ejecución homogénea. Lo cual no sucede de la misma manera en los servicios, que mayormente suelen dispensarse por personas. Personas que son distintas, que tienen diferente talante y actitud, variada personalidad, desigual experiencia y, en suma, que tienen perfiles diferenciales lo que introduce la heterogeneidad en la prestación de los servicios y –nuevamente- coloca a las personas en el centro de las organizaciones, pues son los empleados, con su trato, quienes procuran una  percepción u otra del servicio a los clientes y, por ende, quienes trasladan una imagen positiva o negativa de la marca que representan.

Si garantizar la homogeneidad en la prestación de los servicios pasa por crear una cultura fuerte de empresa y por poner al frente empleados cualificados, empáticos y óptimamente entrenados, que hagan suyos los problemas planteados por los clientes, nada resolverá la implicación de quienes atienden las incidencias y poco solucionará que hagan gala de una actitud positiva, si las políticas de quejas y reclamaciones y los procedimientos establecidos para su atención, con el supuesto objetivo de subsanar errores o deficiencias, no han sido concebidos para resolver realmente los problemas y quienes atienden no cuentan con un margen de libertad para responsabilizarse de los asuntos y poder solucionar con presteza las cuestiones que se les plantean. En esta trascendental cuestión, ante la que la mayoría parecen clonadas, se está perdiendo la ocasión de que las empresas sean realmente innovadoras en el cumplimiento de sus promesas de servicio.

¿Innovación o excelencia?

Considero que en vez de obsesionarnos con el abracadabra de la innovación mejor nos iría si verdaderamente primero fuéramos capaces de asegurar la prestación conforme y satisfactoria de las garantías y de los servicios contratados que, por otra parte, son el corazón del negocio y representan la mejor oportunidad para granjearse el reconocimiento de los clientes. De poco sirve contar con un plantel de técnicos excelentes si los clientes se quedan sin servicio por cortes del suministro. En nada nos avala disponer de los últimos adelantos si cuando los clientes telefonean se les somete a un laberinto de demoras. ¿Qué aporta contar con las mejores instalaciones si quienes atienden al público no están capacitados o autorizados para tomar decisiones que resuelvan las incidencias planteadas?

Cuando hablamos de innovación nos estamos refiriendo a creación de una solución para resolver una necesidad o a la introducción de cambios que procuran ventajas o beneficios, pero no soy capaz de alcanzar a vislumbrar mayor prosperidad que la que puede deparar cumplir con presteza y buenos modales las promesas que se comprometieron en el acto de la compra. Dado el panorama actual, cuesta muy poco ofrecer servicios sin parangón y diferenciarse por ello. Los ingredientes son muy conocidos, pero pocos aciertan en el aderezo. La actitud, tomarse el asunto como propio, la apertura y la escucha, una sonrisa a tiempo y buenos modales acompañados de un esfuerzo sincero en la personalización y en la óptima dispensación del servicio, apoyándose en que consultas y sugerencias son una fuente inagotable de mejoras y en que el análisis de las quejas y de las reclamaciones ofrece la mejor información para la mejora de los servicios.

A propósito de la innovación, ese mantra que en los últimos años preside la gestión empresarial, me pregunto si la verdadera diferenciación no estribará no tanto en el redescubrimiento del Santo Grial de la disrrupción ni en la adición incremental, sustracción o sustitución de ínfimas características aplicadas a los servicios de siempre, sino en lograr prestar con el mayor acierto, con la mejor disposición y a conformidad del cliente la promesa de servicio que nos comprometimos a dispensar cuando le dimos todos los parabienes animándole a confiar en nosotros.

Anuncios

Cristóbal Fernández, Director de Desarrollo Corporativo, me ha puesto sobre la pista del último estudio de Burson-Marsteller sobre la participación digital de las 100 principales empresas del mundo, según el cual “De las Fortune 100, el 65% tiene cuentas activas en Twitter, el 54% tiene páginas de admiradores en Facebook, el 50% tiene canales de video en YouTube y el 33% tiene blogs corporativos”

Y es que no cabe duda de que las grandes marcan tendencias y crean escuela. Entre las cien hay tres españolas: Telefónica, Santander y Repsol-YPF.

Pero, si nos atenemos al Directorio Central de Empresas, ¿qué sucede con las menos grandes, con las PYMES, cuando los datos nos informan de que el universo empresarial español está prácticamente constituido por microempresas, pequeñas y medianas empresas, siendo éstas las que representan del orden del 90% de los puestos de trabajo y alrededor del 87% del PIB?

Sucede que existe una brecha enorme entre grandes y pequeñas y que, mientras que las grandes marcan tendencias, las pequeñas concentran sus esfuerzos en sobrevivir ajenos, en numerosos casos, y cuando no de espaldas, al progreso. Lo que también da al traste con el esfuerzo de profesionales conscientes de otras realidades en la sociedad global.

Sage, publicó en Febrero un interesante estudio (“Radiografía de la PYME 2010”) que contrasta con el enfoque Social Media adoptado por las grandes: sólo un 17% de las PYMES tiene presencia, asociada al negocio, en las redes sociales y un 83% no las está utilizando para la obtención de algún beneficio.

Incluso, el 46% de las PYMES encuestadas ni tan siquiera tiene presencia web; sólo el 47% dispone de una web corporativa y el 7% de una web comercial (permite transacciones on line). Sorprende que el estudio ni tan siquiera mencione los blogs.

Del 17% con presencia social on line, un 37,7% se encuentran en Facebook –una red social generalista-, un 8,2% en Twitter, el 6,4% está en LinkedIn y un 4% en Xing. El 4,2% en otras redes. Y tan solo el 6,55% emplea las redes sociales para estar al día en su negocio, lo que es lo mismo que decir que están fuera de “la conversación”.

Mucho me llama la atención cómo nos alejamos de la realidad económica y productiva de nuestra empresa española, generadora de puestos de trabajo y riqueza, cuando hablamos de empresas, debatimos sobre técnicas de gestión, estudiamos cómo poder aplicar las TIC, nos esforzamos por determinar las aplicaciones de las soluciones 2.0 al propósito de los negocios y miramos hacia delante capturando las últimas novedades de la industria del management.

Así las cosas, difícilmente las tendencias apuntadas por las grandes serán escuchadas por las pequeñas, cuya realidad dista mucho de la que se pinta en los medios de comunicación, se expone en los foros profesionales y se dicta en las aulas de las escuelas de negocios.

Propuestas que se interpretan como caras modas, artículos de lujo inaccesibles para los bolsillos de las PYMES, justificación que, no lo neguemos, es una simple excusa y de las menos elaboradas que podrían argumentarse.

© jvillalba

Sistema para la interoperabilidad de contenido multiplataforma.

Iniciado en el verano de 2008, tuve conocimiento de edit@ a primeros de 2009. Hasta este verano no se iniciará la fase de evaluación con usuarios y la evaluación final no se cerrará hasta finales de año.

© jvillalba

Entre los meses de marzo y abril se tiene previsto publicar los resultados del ”Estudio sobre el modelo español de gestión y reporting de intangibles para un director de comunicación” que, a iniciativa de la EOI Escuela de Negocios con la colaboración de la Asociación de Directivos de Comunicación -dircom-, se encuentra ahora en la última fase de análisis.

No tan alejado de ello, el próximo martes, 2 de febrero, de la mano de Carlos Sánchez-Olea, Vicepresidente RSE, de la Asociación de Directivos de Comunicación -dircom-, se nos dará a conocer el “Manifiesto Dircom por una Sociedad Responsable”, que deviene de la encuesta realizada por la Vocalía RSE de dircom a finales de Octubre pasado.

Así, habremos de cotejar ‘estudio’ y ‘manifiesto’ en busca de concomitancias e incompatibilidades porque está claro que en ambas materias nos encontramos frente a una multiplicación terminológica cuya polisemia propicia colisión entre opinantes. Por ello, antes que nada, el sentido común requiere que se establezca la semántica de los intangibles en la empresa actual, o no será factible fijar un corpus doctrinal de partida que nos permita -en primer lugar- comunicarnos, empezar a hablar en los mismos términos, y luego concebir modelos, sobre la base de investigaciones consistentes, que orienten nuestros progresos en materia de gestión de intangibles.

Pese a las numerosas divergencias interpretativas, o de concepto, sobre lo que sí parece haber acuerdo, entre los profesionales sensibles a dicha ‘materia’, es en la afirmación de que la gestión de intangibles opera a favor de la reputación o, si se prefiere, que no se puede pretender ‘cocinar’ una buena reputación sin considerar la importancia de los denominados intangibles.

Así las cosas, en pleno debate, urgido, si cabe, más por la crisis, se puede –en opinión de los expertos- afirmar que no es, precisamente éste –la reputación-, un asunto al que se le esté prestando demasiada atención.

Por lo que se sabe, entre los sistemas más extendidos en España para ‘medirla’ suelen citarse “El seguimiento de noticias en los medios”, “Los estudios cualitativos” –en genérico; sin concretar- y “El seguimiento de la reputación del primer ejecutivo”, siendo el “Tracking continuo de reputación” el indicador menos utilizado. También sucede que se admite (57,8% de los dircom* entrevistados) que no suelen medirse los riesgos reputacionales y que la mejor fórmula de que se dispone para prevenirlos o minimizarlos es “Cuidar las relaciones con los medios de comunicación”. Curiosamente, el estudio también destaca la importancia que se le confiere al “Contacto directo con los grupos de interés” y al “Análisis de quejas y reclamaciones”.

Quizá sea un ejercicio de responsabilidad –no sé si social- empezar a poner orden en estas cuestiones ante las que cada uno, más o menos, vamos tomando postura, pero lo importante es que sea colegiada y que parta de un consenso referencial en el que también lo terminológico juega un papel esencial.

Vienen a colación ambas citas porque no parece que hoy esté muy claro a qué nos estamos refiriendo cuando unos hablan del paradigma de gestión RSE y otros de las memorias de sostenibilidad, ni parece que haya acuerdo ni en los significados ni en los postulados, como tampoco a qué figura o figuras les compete asumir la responsabilidad de su gestión, como tampoco en cuáles son los intervinientes ni en qué grado, ni cómo mejor hacerlo.

Eso sí, parece también aquí, al igual que en otros asuntos transversales en manos de las áreas ‘blandas’ de la empresa, que la atención sobre RSE versus gestión de intangibles -y en consecuencia los muchos o pocos logros- correlaciona directa y positivamente con el tamaño de la empresa.

En un país en el que el 98% del total de empresas constituidas en España son PYMES (según el censo empresarial de febrero de 2009), si el tamaño de empresa condiciona la sensibilización en asuntos de tamaño calibre, o se produce una revolución conceptual en las mentes de empresarios y emprendedores o numerosas empresas españolas seguirán o entrarán en riesgo.

© jvillalba

* Sigue existiendo manifiesta heterogeneidad en la denominación del cargo de dircom: 21 acepciones diferentes entre los 81 entrevistados (45 Dircom y 36 Asesores de Comunicación/Otros cargos), en el caso del primer estudio citado. [Universo: miembros de la Asociación de Directivos de Comunicación, realizado sobre un total de 450 socios, muestra que ha supuesto una tasa de éxito de 18%, con un error muestral para el conjunto de la muestra de ±10,0%]

Promovido por Atos Origin, quienes hemos acudido hoy a Teatros del Canal, hemos tenido ocasión de disfrutar de la 5ª edición de “INnovautas 09 La conquista de nuevos espacios”, donde hemos podido visualizar el significado de la lexía el futuro presente.

Una densa agenda que se ha resuelto con dinamismo, profesionalidad, humor y propuestas innovadoras basadas en realidades contrastables.

Omitiendo las muchas cuestiones, de concepto y de detalle, que han llamado mi atención –ver los tag del post-, pongo el foco en dos conclusiones que me interesa resaltar:

(1) O las empresas aprendemos a comprometer en nuestra actividad a todos los intervinientes en la cadena de valor o, poco a poco, iremos renunciando a tener futuro; es decir, a pervivir en la vida del cliente (y de la sociedad).

(2) Las personas hemos ‘mutado’ y hemos cambiado nuestra forma de ver el mundo y de instalarnos en diferentes contextos: personal, familiar, social y profesional. El eje axial se ha desplazado y pretender gestionar una empresa con las viejas verdades ya no funciona. Para encontrar el equilibrio sostenible se impone escuchar, asimilar, traducir, adaptarse, asociarse, anticipar y proponer en la dirección que marca el futuro.

Hoy en día, el establecimiento de conversaciones con todos los grupos de interés y la vigilancia competitiva son ya actividades irrenunciables para las empresas.

Aprovecho para citar a Enrique Palau, que nos ha obsequiado con la frase “Sin datos no hay contratos…”, y para darle mi reconocimiento a Inma Shara, que ha puesto un broche de distinción, apasionamiento, frescura y naturalidad en el ante cierre de la jornada.

© jvillalba

Esta vez no tuve ocasión de acudir a tan esperada cita semestral, que en Madrid se consumó –como estaba previsto y es costumbre- en dos horas, hace tan solo un par de días, en el Palacio de Congresos.

En esta edición, las diez ideas fuerza también han adoptado un formato sinóptico, nemotécnico, sugestivo:

  1. K x S = Keynes x Schumpeter
  2. El futuro de la enseñanza
  3. S- (‘smart everything’)
  4. ‘The venturesome economy’, de Amar Bhidé
  5. Tecnologías disruptivas
  6. Agricultura urbana
  7. Industria 3.0
  8. ’Trickle-up innovation’
  9. Reimaginar los modelos de negocio
  10. África de los negocios

Por suerte, el resumen del evento, que días antes acogió Barcelona, puede consultarse en Infonomía, lo que, al fin y a la postre –para quienes no estuvimos-, es de agradecer aunque la lectura no pueda suplir la audición en vivo de dos estilos tan caracteríscos como son los de Antonella y Alfons.

No a mucho tardar, es posible que, además de consultar y poder mantener a mano tan atractivo resumen, podamos presenciar en diferido – en Infonomía.tv– una síntesis en vídeo de estas ponencias.

Entre otros muchos, Santi García y Javier García León también se han hecho eco y nos han dejado una interesante reseña que se suma al resumen recogido en Infonomía.

¡Hasta dentro de seis meses!

© jvillalba

El Innobarómetro es una nueva herramienta impulsada por el Observatorio Español de la Innovación y el Conocimiento –ICONO– para conocer la capacidad innovadora del sector empresarial español.

El 17 de septiembre, el Ministerio de Ciencia e Innovación difundió nota de prensa informando que “La FECYT pone en marcha el Innobarómetro, instrumento para conocer las condiciones que favorecen la innovación en el sector privado”.

La encuesta ha abarcado a un universo de 2.500 empresas, a las que se les ha preguntado sobre sus prácticas y estrategias innovadoras. Con posterioridad se ha reunido una mesa de expertos para analizar las conclusiones.

Los resultados aún no están disponibles en el sitio Web de ICONO, entidad dependiente de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT), donde en su lugar figura el siguiente mensaje: “En breve estará disponible el informe con el análisis de los resultados de la encuesta de Innobarómetro 2009”, por lo que habrá que estar pendientes de su publicación.

ICONO quiere ser –tal y como declara en su Web- una plataforma de referencia para el análisis y seguimiento permanente de la actividad en I+D+i. Presentado oficialmente, el 15 de julio, por Cristina Garmendia en la clausura del Foro Nueva Economía curso 2008-2009 Foro España Innova, quienes estén interesados cuentan con un prometedor sitio de consulta en materia de innovación ‘en tiempo real’.

Pendiente aún de editarse el número 1 de la Revista ICONO, muy posiblemente esta publicación nos mantenga al día en materia tan atractiva como necesaria.

© jvillalba

Referencia

Innovar resulta arriesgado y costoso, pero no hacerlo significa poner en riesgo la supervivencia de las organizaciones, máxime en épocas de crisis en las que reforzar el posicionamiento resulta crítico.

 

Las crisis, que en esencia son cambios, representan oportunidades. Son la ocasión para centrarse en lo importante, permiten replantearse rutinas, hábitos y prácticas y posibilitan darse cuenta de que las cosas pueden hacerse de otro modo, por lo que cabe interrogarse sobre lo que se hace, el por qué y para se hace y cómo se viene haciendo.

 

Normalmente estos planteamientos giran en torno a productos, servicios y procesos de negocio, pero pocos directivos se plantean la necesidad de revisar los estilos de dirección, las rutinas de toma de decisiones, la gestión de los activos intangibles y cómo diseñar políticas de gestión de personas para integrar en el proceso de desarrollo el talento organizativo.

 

  1. Innovar es aplicar el conocimiento para desarrollar (innovación incremental) productos, servicios, procesos, negocios y modelos organizativos existentes o para crear (innovación radical) nuevas soluciones (disrupción).
  2. Innovar es también mejorar.
  3. Innovación y cambio son sinónimos.
  4. Si cambiar es arriesgado, mucho más lo es no arriesgarse a evolucionar.
  5. La innovación es el elemento clave que explica la competitividad.
  6. Sin innovación no hay ventajas competitivas (diferenciales y sostenibles) en las que sujetarse.
  7. La innovación representa la oportunidad de obtener ventajas competitivas.
  8. Innovación es una idea que tiene éxito (acogida y aceptación).
  9. Si la novedad no obtiene el reconocimiento de los mercados (demanda de clientes traducida en ventas), no es innovación.
  10. La gestión estratégica de la información se ha revelado clave en el proceso de innovación.

© jvillalba

 

Aún estamos pendientes de que Infonomía encuentre patrocinadores para celebrar también en Madrid el esperado update’ 09.

 

De momento, nos aportan su selección de 10 ideas clave para el semestre y podemos seguir visitando y participando en BlogsFuerza:

 

1. Crecimiento/supervivencia en la crisis

2. Los próximos 5.000 días de Internet

3. Womenomics

4. ‘Free!’ La economía de lo gratuito

5. Tecnologías emergentes del semestre

6. Innovación en innovación

7. Ciencia y negocios

8. La nueva era del servicio al cliente

9. P2P economy

10. Porter se reinventa

Enlace recomendado

 

 

 

 

Innovación ¿positiva o negativa?

Innovación se asocia con cambio, nuevas formas de hacer o de producir, introducción de nuevos productos o servicios, nuevas maneras de entender la realidad o nuevas propuestas de perspectivas (paradigmas, modelos) para entender, de manera diferente, viejos fenómenos.

 

Cambio e innovación van unidos y el concepto de novedad puede relacionarse con los de cambio e innovación; sin embargo, implícitamente parece que innovación es sinónimo de bondad, deseabilidad. ¿Toda innovación representa ventajas? ¿Toda novedad ha de ser considerada buena, deseable, ventajosa?

 

Implícitamente, positivamos la innovación; no obstante, existiendo numerosos ejemplos que apuntalan esta asociación, mi opinión es que hay que ser cauteloso a la hora de tildar cualquier cambio de innovador.

 

Quizá resulte que el binomio innovación-positiva devenga de que las innovaciones fallidas e involutivas no alcancen la popularidad de las primeras o que, incluso, no se registren en la historia de la innovación.

 

La aplicación social de los principios democráticos Summerhill -Alexander Sutherland Neill; 1921- a la educación de los hijos, avanzados los años 60, fue un movimiento innovador, acaudillado por la contracultura hippie y adoptado por muchas jóvenes familias burguesas de toda Europa, representando un rotundo fracaso pedagógico.

 

¿Hemos de limitar el concepto de innovación a ciencia, tecnología, biotecnología, nanociencia, nanotecnología, ingeniería de nanosistemas? ¿A la producción artesana o en masa de bienes de consumo o de equipo? ¿A los aspectos cósicos, modélicos y objetales? ¿Sólo hay innovación si un producto llega al mercado?

 

Si innovador fue el movimiento sufragista de mediados del XIX, regresivo fue el concepto innovador del superhombre nietzscheano, adoptado por el tercer Reich y vigente en la sociedad nazi de los años 30; el segundo, es un ejemplo de cómo un paradigma innovador no tiene por qué representar una adquisición social positiva.

 

Los servicios también son una realidad sujeta a la innovación y las relaciones -entre personas, entre personas y objetos, con el medio y con el entorno- se alteran o se modifican sobre la base de modelos conceptuales, de nuevas maneras de pensar o de concebir la realidad, nuestras relaciones, nuestra particular forma de instalarnos en el mundo.

 

Innovación, calidad y creatividad

La relación entre innovación y calidad no parece muy próxima, pero van íntimamente unidas. En el ámbito de los servicios, éstos tienen vagas diferenciaciones y los modelos de prestaciones se copian con facilidad; hay servicios que tienen una mala percepción en su mercado, como los seguros, en los que la cadena del servicio implica un amplio abanico de intervinientes para dispensarlo.

 

En este mercado, calidad e innovación no pueden disociarse y son una necesidad para la supervivencia del negocio. La innovación representa una oportunidad para diferenciarse de los competidores.

Por ser más concreta, la industria siempre ha representado un patrón por el que guiarse, así, los paquetes de servicios adoptan un lenguaje industrial y los procesos de conceptualización de los mismos se denominan fábricas de productos. Teniendo en cuenta que el desarrollo descansa en el análisis e investigación (I+D) y que la innovación también (I+D+i), además del trabajo y de la casualidad, no me cabe duda de que el pensamiento creativo juega un papel esencial en el campo de la innovación.

 

La radioactividad, la relación entre electricidad y magnetismo, la penicilina, el post-it, son ejemplos de descubrimientos casuales. Las guerras, la industria del automóvil, la carrera espacial, entre otros, son ejemplos de fábricas de innovaciones permanentes, incluso en cuestiones poco transparentes para el usuario o para propietario del vehículo: la aplicación de los infrarrojos para permitir la visión nocturna, el uso de materiales anti-inflamables, la aplicación del goretex en la industria textil…

 

Si la innovación requiere afirmarse en los mercados y supone la introducción de productos novedosos o fórmulas originales, ésta requiere del pensamiento creativo para descubrir nuevos usos o aplicaciones y precisa de unos patrones de calidad para afianzar su estabilidad y aceptabilidad por parte de consumidores y usuarios, pues las innovaciones de baja calidad no triunfan en los mercados, no sobreviven.

 

Conclusión

Innovar es una necesidad para sobrevivir en un entorno en perpetuo cambio.

 

© jvillalba

Autor

Javier Villalba

Estadísticas del blog

  • 99.029 Visitas

Escriba su dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 3.288 seguidores

junio 2019
L M X J V S D
« Dic    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930

Categorías

Archivos

ISBN: 978-84-941845-4-3

Cuando las personas son el centro

El grito de guerra Impulsando personas nos gusta y lo abanderamos.

ISBN: 9789587621990

ISBN: 9789587621990

Edición para Latinoamérica

Actualizaciones de Twitter

Entradas recientes (5)

Últimos comentarios (5)

jvillalba en “Gracias”
jvillalba en “Gracias”
Rodrigo Louvre en “Gracias”
Cristina en “Gracias”
jvillalba en “Gracias”

Observatorio de la Blogosfera de RRHH

Observatorio Blogosfera RRHH

OBSERVATORIO DE LA BLOGOSFERA DE RRHH

Observatorio de la Blogosfera de RRHH

Observatorio de la Blogosfera de RRHH

Sólo una cosa convierte en imposible un sueño, el miedo a fracasar…

Apolo recorrió la tierra y los infiernos... Sumido en un sueño profundo surcó la grande mar a nado y bajó hasta las profundidades abisales en busca de sí mismo...

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: