Imagino un futuro en el que las empresas que piensan diferente contraigan organigramas y aplanen estructuras para deglutirlos y transformarse en organizaciones “redondas”; empresas que se  organizarán en torno a una comunidad de intereses, con los de dentro y con los de afuera, adquiriendo una fuerza que las impulse a rodar para abrirse camino y superar obstáculos.

Empresas esféricas cuyas membranas exteriores sean transpirables, dejándolas respirar, pero aislándolas lo justo para mantener un microclima que rezume complicidad y ofrezca protección ante inclemencias o crisis o recesiones porque no dejan de rodar y van por delante, anticipándose, abriendo caminos donde antes no los había. Empresas a cuyo rebufo es presumible que se guarezcan otras.

Imagino una retícula casi imperceptible, un halo de finísima superficie, pero suficiente para percibir a esas organizaciones desde la distancia lo justo para reconocerlas; una delgadísima película permeable que a un tiempo facilite la transferencia del interior al exterior, evacuando valor, y, viceversa, para recibir nutrientes.

Me figuro empresas “redondas”, confortables, en movimiento constante, funcionales, fluyendo en continua interacción con el exterior, retroalimentándose, porque cada elemento suma, porque cada sujeto contribuye y porque cada rodada impulsa la siguiente.

Esta mañana en la ducha he recordado este sueño. Como tantas veces sucede con lo onírico esta vez se trataba de un suceso visual; me encontraba –ésa era la sensación- como si estuviera buscando algo en una monumental biblioteca de origen remoto, entarimada, un espacio lleno de lo que parecían libros, polvo y telarañas, a imagen de esos templos arquetípicos que se recrean en las películas de Indiana Jones y que consiguen trasladarte a otra dimensión. Lo que sucedía acontecía a mí alrededor y se iba produciendo como si lo visualizara en 3D, proyectándose en una atmósfera cargada, enrarecida, espesa, únicamente iluminada por el suceder de los fotogramas. Me se sentía abobado, como cayendo en la cuenta de algo evidente, teniendo al mismo tiempo una sensación de obviedad y sorpresa. No me he resistido a contarlo.

Las organizaciones que pretendan tener futuro han de contar con estructuras flexibles, evolutivas y dinámicas, organizándose en red, una red de fuerzas que impulsa la esfera, entendida como una expresión de la equidistancia o del equilibrio de fuerzas e intereses, singulares y exteriores, haciéndola rodar sin trabas ni cortapisas.

© jvillalba

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