No cabe duda de que la visión personal, cómo se ve y se interpretan realidad y circunstancias, influye de manera decisiva en el proceso de búsqueda de empleo, ya sea para acceder al primer empleo como si se trata de recolocarse o, incluso, de promocionar externamente.

Se ha dicho hasta el hartazgo que el demandante de empleo tiene un trabajo: el de buscar trabajo. También se ha repetido hasta la saciedad que quien está forzosamente parado es su propio empresario cuyo proyecto (re/colocarse) pasa por “vender” su producto/servicio (propuesta de valor) a un supuesto cliente: la empresa contratante.

En fin, que algunos orientadores, en un esfuerzo por animar a sus pupilos, y algunos consultores de empleo, para quienes disfrutan de la ventaja de un servicio de outplacement, han venido ideando fórmulas para mentalizar a demandantes del derecho al empleo con el fin de que su perspectiva cambie, se traduzca en positiva visión y se transforme de una barrera en un facilitador; pues la visión pesimista puntúa a la baja en esta ardua y dura misión de colocarse, o de recolocarse, en un país devastado por el paro.

Me temo que, para quienes buscan trabajo, tales argucias son una desafortunada entelequia. No hay nada como la necesidad para agudizar el sentido práctico. Y tales ilusiones, que no digo que no cumplan un papel, son a la realidad lo que el eufemismo es al término que pretende sustituir: una fórmula para evitar llamar a las cosas por su nombre.

Quien se encuentre en esta situación mejor hará poniendo en valor sus recursos: re-escribiendo su hoja de ruta,  reforzando idiomas, ampliando sus conocimientos en tanto que usuario tecnológico, analizando alternativas para reciclarse a otros sectores con mayor demanda de profesionales, incrementando su frecuencia relacional, a todos los niveles, y preparándose para cambiar de residencia en el caso de que la búsqueda de nuevos caladeros de empleo se lo exigieran.

© jvillalba

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