¿Quién no ha oído las expresiones “Eso es puro marketing” y también “No te lo creas, te lo están vendiendo”?

¿Por qué el sustantivo marketing tiene una connotación negativa? Quiero suponer que a los profesionales de la disciplina les hiere tal significado. Y a los vendedores ¿no les duele que la venta se tome como sinónimo de engaño?

Algo ha de sonar en este proceloso río de los negocios para que profesiones y profesionales sucumban a la estigmatización, lo que no deja de ser un prejuicio universalizado, pero si me apuran, amparado en desafortunadas vivencias que todos hemos experimentado en alguna ocasión. No en vano Jean Piaget identificó el fenómeno de la generalización del estímulo, o experiencia, que para el caso viene a ser lo mismo.

¿Y qué me dicen del juego perverso con que trabajadores de toda condición se obsequian al referirse a los profesionales de los ‘recursos inhumanos’?

Trabajadores inconsistentes los encontramos en todas las empresas; como también buenos y muy buenos profesionales que enaltecen oficios y ante quienes nos quitamos el sombrero. Auténticos profesionales que seguramente se indignan ante quienes exentos de pudor ensucian sus profesiones.

Con los comunicadores también sucede. Muchas veces los trabajadores se refieren a  nosotros como “Los de comunicación” o se quejan de que a “Los de comunicación no hay quien les entienda”. Y tienen razón, no hay como aplicar las técnicas de comunicación para decir sin decir nada (de lo que verdaderamente importa saber) o para vender ‘motos’ o para, como se dice ahora, hacer endomarketing para deconstruir el diálogo interno.

Al igual que opino que hay que evolucionar de “vender” a “ayudar a comprar”, también creo que tenemos que dejar de “emitir comunicados” para empezar a “gestionar comportamientos”. Menos palabras y más hechos. Se trata de abandonar el discurso institucional para construir realidades palpables. Cada vez me parece más imperativo hacer y menos decir.

Repensar la comunicación interna significa remangarse y empezar a gestionar lealtades entregando realidades. Para tener el poder de entusiasmar hay que saber depositar el poder en quienes pueden hacerle poderoso.

© jvillalba

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