#IDCSB # idce20

¿Qué ha aportado la jornada que ha tenido lugar hoy en el Hotel Palace, en Madrid,  “La transformación 2.0 en la empresa: Social Business, liderada por IDC y promovida por IBM, Raona, Ibermática, Palo Alto y Tecnocom?

No sé si la centena de asistentes pensarán como yo, pero me parece que -en resumen- nada nuevo; cuestión distinta podrá ser para las empresas allí representadas, como también para el atento examinador de nuestra agenda empresarial.

Y es que no se comprende. Resulta difícil llegar a entender los evanescentes argumentos de quienes todavía se oponen (¿Sobre qué base?), los de aquellos que no dotan presupuestos (¿Con qué criterio coste/beneficio?), los de aquellos otros que se niegan a estar donde hay que estar (¿Por qué razón?) o, cuando menos, rechazan plantearse si se ha de estar o no estar.

Quizá lo más importante sea seguir insistiendo y poner en evidencia que aquellas resistencias no significan sino una sola cosa: que ni se sabe ni se quiere aprender. Por ello todavía lo social y la empresa no terminan de engranarse.

Porque no hay un plan o no se tiene; porque no hay una estrategia, ni se tiene ni se quiere plantear, porque hay que abandonar las zonas de confort y ello entraña resistencias. Parece, en efecto, un asunto complejo porque no se han planteado cómo aprovechar, para el negocio, esta potencia democratizadora y generadora de valor, la inteligencia colectiva. En suma, porque se adopta un posicionamiento resistente tan solo porque no hay visión, porque no se tiene enfoque. O quizá porque se tengan las miras puestas en otras apuestas, que también.

No creo que los medios sociales sean la panacea, pero sí creo que las personas lo son cuando están alineadas y comprometidas con un proyecto. No es la plataforma la que nos va a dar lo que no tenemos; lo que no tenemos no se suple, pero las herramientas nos van a permitir reformular relaciones, crear cultura, reorientar la organización, replantearnos la manera en que veníamos haciendo las cosas.

No es la herramienta, es la actitud empresarial vehiculada por la capa directiva la que va a permitir aprovechar el talento y, en consecuencia, gestionar el conocimiento, crear las bases para fomentar un espíritu contributivo (crowdsourcing), hacer realidad el trabajo en equipo y desarrollar procesos de innovación para obtener un diferencial que revertir en la sociedad y crear riqueza.

No es la herramienta, es una sincera actitud relacional basada en la transparencia (ética/buen gobierno), promovida en la cercanía, alimentada por la información de ida y vuelta, multidireccional, la que contribuye a gestionar lealtades y, como consecuencia, compromiso (engagement).

No son las plataformas 2.0 el abracadabra que necesitamos para dirigir proyectos sostenibles, es la actitud alineada, la cultura colaborativa, la meritocracia pública orientadas en una dirección, sujetas al ejemplo (ejemplaridad), lo que como resultado aportará valor tangible al negocio.

¿Y todo ello no se puede conseguir artesanalmente? Sí y no; sí con un alto coste en el que incluyo el tiempo relacional y de reacción; no en el mismo plazo ni con el mismo impacto ni con la misma economía de recursos ni con el mismo retorno ni con la misma inteligencia (social analytics).

_ “Pero eso hay que demostrarlo.”

A quienes me lo dicen, les respondo que no hay recetas, que no hay dos casos parecidos, que hay mucha literatura, tanta sobre fracasos como sobre casos de éxito, y que tendremos que aprender a medir por el camino, pero sobre la base del análisis, inspirados por una idea, con un objetivo bien establecido, en convergencia con el negocio y en armonía con la estrategia global, bajo un objeto social de valor que ofrecer a la comunidad, con una tecnología supeditada al proyecto -no al revés- y previo establecimiento de indicadores y métricas que nos permitan conocer la evolución. Y, además, ir aprendiendo por el camino para corregir el tiro.

Antes no podremos demostrarlo con números ni podremos establecer correlaciones para cuantificar resultados e inferir beneficios (¿Cuánto vale una idea?).

Un asunto complejo en verdad, pero posible con voluntad. Y no nos engañemos, las altas direcciones son quienes tienen en su mano o la apuesta o el ninguneo.

Es verdad que todo nos empuja a evolucionar hacia un modelo entreprise 2.0, pero hay que hacerlo desde la actitud y con cabeza, con una estrategia de la que dimanen las propias hojas de ruta y desde la búsqueda continua del valor porque -como dice Ricardo MíguezSocial Business es estar conectado + ser transparente + ser ágil ‘con el objetivo de crear valor negocio’. Tres atributos que no todos los CEO están dispuestos a cumplir.

Una reflexión más. ¿Podemos impulsar una cultura social business cerrada, de espaldas al resto de los grupos de interés?

Mucho me temo que un reto principal será integrar lo interno y lo externo, romper las aparentes fronteras que nos separan y aprender a gestionar de una manera integral, pero sin renunciar a discernir todos los vectores de relaciones de la empresa.

Mi conclusión es que hoy estamos en estado ‘beta’ permanentemente y que colonizar territorios no es cuestión de suerte, sino de proyecto; resultado de un esfuerzo de análisis y posicionamiento, de asunción de compromisos y de fijación de objetivos; un asunto que nos lleva a replantearnos los marcos de relaciones y las estructuras de poder y que nos está obligando a reinventar las formas de trabajar y de hacer negocios.

¿Es acaso esto lo que nos paraliza?

Tener presencia en la web social no es la clave. No se trata de llegar y ya está. Queda tanto por avanzar y nos queda tanto por ganar que lo primero será empezar a  plantearnos en serio si de verdad somos capaces de ganar algo en esto. Y reconocerlo.

© jvillalba

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