Raúl, un tipo cuya amabilidad iguala su estatura, me ha traído un ejemplar de su “Tiempo para decidir“, de manera que sin más demora he empezado a devorarlo durante la comida, que solo me ha dado para ingerir un 30% del nutriente de esta obra aliñada con cariño y servida en 222 páginas.

También hoy ha coincidido que Marta me ha remitido el artículo de Pilar Jericó que, como ya sabe toda nuestra comunidad, ha sido -y no en vano- la “ganadora de la 2ª Edición del Premio Literario RRHH Digital”.

Para más abundamiento, en animada charla con Julio Sanz, de Kit digital, solución que recomiendo encarecidamente conocer de viva voce, hemos llegado a la conclusión –como no podía ser de otra manera- de que ‘esto va de personas’.

Y así es, “esto” va de personas. Personas somos los jugadores que conformamos un equipo y sin nosotros el juego no se produce; personas somos los trabajadores, los clientes, los ciudadanos, los votantes. Todos nosotros somos personas, incluso también los mandos intermedios, los directivos, los CEO’s, los políticos…

Pero no actuamos así. ¿Y por qué, si esto va de personas?

Hace pocos días, casualmente capturó mi atención el programa tres14, cuyos editores habían sabido aunar dos términos que me llevan a lo mismo y que para mí encierran fuertes connotaciones comunicativas: violencia y empatía.

Pero nos cuesta empatizar y lo cierto es que vivimos y nos relacionamos en una sociedad con variadas y fuertes dosis de agresividad, que ¡para qué negarlo! producimos nosotros mismos.

Resulta chocante. Los trabajadores somos quienes a la postre jugamos el juego de hacer rentables a las empresas, sin embargo los entrenadores que nos dirigen apuestan más por interactuar agresivamente y pocos son los que adoptan perspectivas empáticas para alentar a sus equipos.

También ayer RRHH Digital se descolgaba con el siguiente titular “Las empresas dirigidas por mujeres son más rentables”. Pocos días atrás –el 24- numerosos medios se hicieron eco de los resultados del Barómetro Edenred-IESE, según el cual la mayoría de los encuestados preferimos tener por jefe a una mujer. No lo digo por nada ¿O sí?

Y es que esto va de personas, pero nos cuesta reconocerlo.

Decía que resulta chocante. Chocante es que los seres humanos seamos los causantes de daño y atrocidades –ejemplos bien actuales tenemos todos presentes- a nuestros semejantes; ya sea burda o refinadamente, pero parece increíble lo crueles que podemos llegar a ser.

Resulta chocante que numerosos trabajadores verbalicen su malestar. Resulta chocante que todavía haya jefes que no son ni llegarán jamás a ser líderes. Resulta chocante que todavía existan entornos laborales que textualmente impidan a las personas apasionarse con su trabajo. A mí todavía me sigue asombrando que en las empresas nos preguntemos cómo motivar al personal y que algún jefecillo bien intencionado pregunte cómo puede motivar a su equipo.

Sinceramente creo que la motivación está en uno y que el mérito de jefes –y empresas- está más en no desmotivar, frustrar, cortapisar, amputar, atechar, ningunear a quienes ya, de por sí, seguro que albergan el deseo de que les dejen entusiasmarse con su trabajo.

Pero volviendo a lo que decía, lo que va de personas va de relaciones, de interacción, va de gestos y de guiños, va de actos, va de comunicación y va de a quienes consideras personas y a quienes no o menos o de inferior rango, categoría o clase.

Te comunicas, y lo haces con esmero, con quienes te importan y saludas de pasada a quienes no te resultan tan interesantes, aunque en realidad lo sean. Y esto mismo es lo que venimos observando en algunas empresas cuyas prácticas de comunicación se dirigen con cuidado al exterior mientras se descuida el interior.

Quizá haya llegado el momento de empezar a replantearse la prioridad de las relaciones de las empresas con su público, con sus grupos de interés y haya que empezar a interesarse de verdad por la comunidad interna, ese equipo de jugadores sin los que no hay partido que jugar.

Es posible que también haya llegado el momento de revisar planes y presupuestos de comunicación y reasignar partidas porque, si esto va de personas, las personas principales son las que primero merecen ser enamoradas.

Por suerte, barómetros y tendencias nos vienen informando que este giro, sin restarle importancia a otros segmentos del público, se está operando tímidamente en España. La cuestión, ahora que hay ocasión, está en adelantarse a otros; rezagados y timoratos perderán la ocasión de fortalecer su marca interna y para cuando lo hagan su diferencial de valor será mínimo en el par retención/atracción.

© jvillalba

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