Empiezo a dudar.

Hay veces que, a medida que se avanza en la lectura un post –no referiré alguno por respeto; pero también por prudencia-, uno empieza a albergar sospechas. Cuando esta experiencia se repite, el que esto suscribe empieza a poner en duda los verdaderos propósitos del blogger que así postea. Bueno; y lo dejaba ahí…

Hasta un momento en el que, al crecer la duda, empecé a dejar de confiar en algún autor de textos que, más bien, empezaban a parecerme más propios de vendedores que de prescriptores; autoridades que creía que eran.

Como siempre duele reconocerse desconfiado sin otros pertrechos que meras sospechas, cada vez que empezaba a sorprenderme dudando de los verdaderos motivos de un autor, empezaba a buscar indicios en un intento de disipar mis infundadas suposiciones o, por contra, hallar algún dato que disipase mi sentimiento de culpa por reconocerme poco menos que paranoico, pues por principio, y sobre todo por respeto a mi mismo, que pretendo ser un navegante en la misma blogosfera que otros bloggers circundean, no debo -¡ni tan siquiera!- permitirme abordar una lectura desde la desconfianza. Ello equivaldría a admitir una enfermiza perspectiva si no había razón para ello.

Pero es verdad que, sin proponérmelo ni mediar juicio previo alguno, en ocasiones he experimentado esto que digo, que me sorprendo sospechando de las verdaderas motivaciones de algún blogger.

¿Por qué me sobrevendrá tal sensación? ¿Será por el tono empleado? ¿Por su verbo imperativo, no sé si fruto del convencimiento o no? ¿A causa de lapsus desafiantes? ¿Puede que debido a imperceptibles tics de soberbia? ¿Qué me hace sospechar? ¿Mi lectura entre líneas?

Durante tiempo no reparé en ello. Sabía de la existencia de reconocidos influenciadores, expertos reputados a quienes empresas y organizaciones acuden en demanda de ayuda, poniéndose a su disposión para informarles “con pelos y señales” para buscar su aprobación, dejándoles hacer, con la esperanza de que contribuyeran a reputar, por propio convencimiento, los asuntos motivo del contacto, cita o convocatoria.

Todos conocemos casos; todos seguimos a algunos en espera de aprender al rebufo de sus manifestaciones.

No es un secreto que reputados bloggers se han ganado a pulso la condición de e-fluentials, siendo considerados auténticos prescriptores por la comunidad. Son muchas las marcas, y también las instituciones, que sabedoras del poderoso efecto WOM1, pretenden ganarse el respeto de los líderes de opinión con la esperanza de que hablen bien de ellas.

Todos nosotros, con el tiempo, vamos haciendo nuestros pinitos. Algunos nos  llaman para proponernos alguna colaboración, lo que nos agrada porque representa un pequeño reconocimiento, y accedemos gustosos a publicar alguna nota en sitios que nos inspiran confianza y nos ofrecen la difusión de nuestras ideas u opiniones, aportando flujo al medio o a la comunidad. Todos salimos ganando y no prima ni la relación ni los compromisos dinerarios. Y nuestro prurito profesional se engalana con estos pequeños reconocimientos.

Y no hay nada más que añadir cuando el blogger está en la Red sin pretensiones de monetizar contribuciones, aprovechando una vía de expresión con el talante de intercambiar perspectivas con los miembros de la comunidad y enriqueciéndose con ello.

Pero también sucede que hay patrocinadores buscando posicionar sus productos o servicios, queriendo ganar influencia, y tocan aquí y acullá ofreciendo fáciles o suplementarias ganancias. Así, puede haber artículos patrocinados –a 30 ó 60 o más euros- y enlaces en los blogroll esperando sumar 10 céntimos de euro por clic.

Tales pensamientos le sobrevienen a uno cuando se evoluciona del ofrecimiento colaborativo a título gratuito a la propuesta pecuniaria. Tal es el caso.

No tengo algo que objetar a quienes, sin que sea ésa su fuente de ingresos principal, adoptan una estrategia de monetización; quizá su futuro evolucione por dicha vía y, en consecuencia, decidan transformar su bitácora personal en un blog profesional a la búsqueda de rentabilidad. Pero reconozco que me causa cierto desasosiego enredarme en algunas lecturas que me parece que responden más a los intereses del pagador, ocasional o no, que al propio criterio del autor que firma de buena fe sus posts.

Si de transparencia hablamos, un post patrocinado siempre tendría que indicarlo visiblemente y el patrocinador debería admitir la independencia y el sentido crítico del blogger contratado, pero ¿le restaría enteros al prescriptor? Pero de lo que no me cabe duda es de que si un post patrocinado es ciego, entonces el blogger admite poner en serio riesgo su reputación, aunque solo sea ante quienes le contratan y aunque pase desapercibido por ser ocasional. Difícilmente puede hablarse en público no bien de quien te paga y que éste siga contando contigo, no parece ser una lucrativa técnica SEM. ¿O sí?

Si el patrocinador propone los términos a introducir y resaltar y facilita las URL’s a las que apuntar, quien lo admite asume mediatizar su libertad de expresión.

¿Es lícito o ilícito? ¿Es una oportunidad o una amenaza?. Que cada quien decida lo suyo, haga balance y proyecte su futuro a su antojo. No seré yo quien critique a quienes tengan la aspiración –que me parece lícita- de hacer de la Red su medio de vida. Salvo que categoricen e identifiquen sus posts patrocinados, simplemente eliminaré sus feeds de mi bandeja de lectura y dejaré de seguirles.

© jvillalba

1. WOM: word of mouth (boca oreja).

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