La comunicación es a la incomunicación lo que la luz a la oscuridad.

Hay empresas oscuras; mientras que otras aparecen radiantes y luminosas. No hablo de su imagen, como tampoco de su lustre externo, como ejemplificaría la última oferta de Coca-Cola: la alternativa de un mundo mejor. Me refiero a los sentimientos que dichos edificios evocan en la legión de trabajadores perdidos entre bastidores oscuros, desvencijadas claraboyas, almacenes polvorientos y desordenados proscenios, frente a aquellas otras sensaciones que experimentan quienes desarrollan, con mayor fortuna, sus actividades en otros escenarios luminosos, seguros del papel que están representando. Sabiendo lo que hacen; y haciéndolo en consecuencia.

La información es a la desinformación lo que la rosa de los vientos es a la incertidumbre, lo que el día a la noche tenebrosa que, cegada sin estrellas en las que amparar el rumbo, sin horizonte al que dirigirse, nos hace sentir perdidos y atrapados en la negritud.

Hay empresas oscuras, lóbregas, semejantes a mazmorras en las que las personas se sienten galeotes de la ignorancia, reos de la confusión, zigitas al son de la monótona percusión.

Mi metáfora es un exceso; lo sé. Como tampoco se me escapa que hay veces en las que deformar la realidad, caricaturizarla, afilar todos sus rasgos, nos ayuda a comprender.

Hay empresas luminosas, amplias, bien distribuidas, edificadas con amplias salas, diáfanas, diseñadas para albergar estancias transparentes e incrustar amplios ventanales por los que abrirse al exterior, al paisaje, dejando filtrar la luz, renovando y haciendo respirable el aire.

Por el contrario, las hay oscuras, contrapuestas, sombrías, que no son capaces de acertar a reproducir otros estilos, por más que se esfuerzan, que le son impropios; pues difícilmente puede aparentarse lo que no se es. Construido el edificio con materiales baratos, incluso de deshecho, no resulta posible transformar lo opaco en translúcido, lo mugriento en limpio, por más que se invierta en limpieza de locales. Como mucho, lo opaco quedará limpio y reluciente, pero nunca será translúcido.

La comunicación es eso, un constructor de constructos, edificios, locales o naves, un armador de embarcaciones, cuyo diseño facilita, cuyo ambiente cala, cuyo entorno condiciona, cuyas vibraciones se contagian para bien o para mal. Y una empresa, al igual que una nave se calafatea, se edifica a base de materiales nobles, uno de los cuales es precisamente la comunicación, uno en el que no se puede ahorrar para asentar cimientos y forjar estructuras.

La arquitectura empresarial está necesitada de la brea y forja comunicacional, un arte para embarcar en proyectos redondos y luminosos a legiones de trabajadores que aspiran a ser parte de un proyecto ilusionante. Es lo que llamo comunicARTE o la estrategia de cumplir para la totalidad de la comunicación, en y de las empresas, cuatro sencillas fórmulas: Actualidad, Relevancia, Transparencia y Ética.

© jvillalba

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