Todavía nos encontramos en el terreno de las creencias cuando argüimos sin sonrojo, y por todo argumento, afirmaciones tales como que la comunicación interna:

  1. Mejora el clima laboral y éste la productividad.

    • Dígame, ¿cómo, en qué dirección y en qué cantidad? ¿Cuánto la incrementa y qué diferencial aporta?
    • Y una consistente propuesta de valor interna, también.
  2.  Motiva a los trabajadores porque comunica las acciones positivas y  negativas y sirve para valorar los esfuerzos, exponer las estrategias de la empresa, formar en los métodos de trabajo…

    • No diga tonterías ¡Hombre! ¿Cuántos factores influyen en la desmotivación humana? ¿Cuánto puede la comunicación interna por sí sola, y sin otros intervinientes, motivar? ¿Por el mero hecho de comunicar se activa el resorte motivacional? ¿Y comunicar cómo, cuándo, cuánto, con qué respaldo?
    • Un líder lo hace. Ejerciendo la comunicación, sí; pero mediante una suerte de acciones y actitudes, no sólo a base de comunicación.
  3. Promueve el diálogo como palanca para generar compromiso. 

    • ¿Y ello a qué nos conduce? ¿Qué he de concluir de la frase? ¿De que grado de compromiso hablamos? ¿Y en qué se traduce ese compromiso?
    • Y que las personas nos sintamos bien tratadas y se nos considere, también.
  4. Apoya la implantación de procesos de cambio, interviene en la gestión de crisis, incluso ahora la jubilación. 

    • Y habría que añadir que ahora también interviene en la producción del desempleo.
    • Bien, interviene. ¿Y…? ¿Y qué beneficios en concreto, debidos a la función de comunicación interna, podemos atribuirnos? ¿Y no es verdad que la comunicación interviene aunque ni tan siquiera exista una función de comunicación formalizada?  ¿No será que influirá más la actitud organizativa –suma de conductas-, que también comunica, que la comunicación interna como abstracción?
  5. Promueve la gestión de conocimiento (información funcional y buenas prácticas). 

    • Sí. ¿Y en qué se traduce dicha gestión? ¿Qué valor aporta? ¿Cómo lo mide y cuánto vale?
    • Sin tecnología de respaldo, no lo logrará.
  6. Favorece la integración en la empresa. 

    • Ya; la integración que se traduce ¿En…? ¿Y en cuánto?.
    • Los buenos compañeros, también.
  7. Desarrolla el sentimiento de pertenencia a un equipo. 

    • Digo lo mismo que antes: pertenencia…
  8. Crea lazos de solidaridad entre el personal. 

    • De verdad que no estoy en contra, simplemente trato de que me digan, en términos de empresa, qué valor dimana de tales beneficios y en qué proporción se deben a la comunicación interna.
    • Y sentirse partícipes de las mismas experiencias, también. Y si son límite, más aún.
  9. Favorece el diálogo fluido entre los departamentos.

    • ¿Y le parece que si no hubiera una función de comunicación no habría ni diálogo ni comunicación entre las distintas áreas de la empresa? ¿Entonces, qué aporta?
    • Hablar la misma lengua, también.
  10. Despierta la identificación de la familia del trabajador con la empresa. 

    • ¿No cree que estamos yéndonos un poco fuera del lugar que nos corresponde?

 

Así las cosas, ustedes me dirán la ristra de argumentos con los que puedo presentarme ante el consejo de administración para hacer valer mi papel en la empresa.

En un intento de definir la función de comunicación interna, el 21 de marzo de 2009 me tiraba, sin mucho remilgo, pendiente abajo, de aquella guisa:

“La comunicación interna es una función transversal, al servicio de la estrategia, que tiene un objetivo explícito y alberga un propósito implícito: administra los flujos de información y de comunicación en el seno de la organización, contribuyendo a gestionar y a difundir el conocimiento organizacional, tratando de influir en sus públicos para generar actitudes y conductas alineadas con el pensamiento estratégico, la cultura y los objetivos de la organización.”

Releyendo aquella propuesta de definición, urdida al calor de un animado debate en Dircom, no puedo por menos que esbozar una sonrisa espontánea y tolerante conmigo mismo. ¡Ingenuo de mi! Transversalidad, estrategia, finalidades, flujo conversacional, propuesta de valor, gestión del comportamiento.

¿Necesita avalarse la razón de ser de la función? ¿Ha de justificarse su coste de existencia en un por qué? ¿En sus porqués? ¿Su coste ha de servir para obtener algún beneficio? ¿Convienen las funciones suntuarias a las organizaciones?

La comunicación interna tiene una razón de ser: producir sinergia para emplearla en imprimir eficiencia a la organización.

Si esto es así, entonces la producción de sinergia hay que cuantificarla, como también hay que poder determinar su grado de contribución a la eficiencia; si lo que nos proponemos es hacer valer el valor de la función.

Al igual que otras funciones, la comunicación interna se justifica en aras del negocio, y no al revés; es una de sus principales palancas, pero su existencia se justifica sobre la base de sus contribuciones ciertas.

Cuando la función de comunicación interna puede acreditar que aporta valor –a la empresa y al negocio-, entonces cobra carta de naturaleza y puede reivindicar su papel estratégico, que se fundamenta exclusivamente en su utilidad y beneficios; no en una suerte de credos decorativos.

Hace pocos días participé en una reunión de profesionales de la comunicación en la que volví a escuchar proclamas místicas, principios verosímiles, pero indemostrables e irreplicables, una colección de manidos argumentos, jalonados de lugares comunes, relaciones evanescentes causa-efecto, creencias vinculadas a un lenguaje religioso y recurrente, afirmaciones sin control de variables extrañas y toda suerte de argumentos esotéricos.

No nos engañemos; que la comunicación interna produce efectos, está claro, pero de ahí, a sujetarla precariamente, dista todo un ejercicio de demostración que no hemos sido capaces todavía de afirmar.

Lo que importa no es lo que creamos, sino determinar los efectos, aislar su influencia y determinar lo que vale, que ha de ser más de lo que cuesta.

© jvillalba

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