Me gusta encontrarme, como esta mañana tomando un café, con notas sobre comunicación en la prensa. En esta ocasión, ojeando “20 minutos” (página 16), descubro un artículo promocional de Paula Arenas (“El abecé de la comunicación”), en referencia al libro de Matthew McKay, Martha Davis y Patrick Fanning –de próxima aparición- que lleva por título “Los secretos de la comunicación personal” y cuyo subtítulo centra el propósito, contenido y destinatarios del mismo: la mejora del propio estilo de comunicación, al servicio de las relaciones interpersonales, para el público en general (“Aprenda a comunicarse de manera efectiva en cualquier situación”). Un volumen editado por Paidós que bien puede clasificarse entre los de autoayuda. Bien.

Digo bien porque –en opinión mía; vaya por delante el matiz- los medios de comunicación también cumplen una función socializante, que se viene distorsionando, y cuyo primer escalón es el pedagógico. Me refiero a la formación de la población y a la generación de una opinión informada.

Y la comunicación necesita del apoyo de la prensa, en particular, y de los medios de comunicación, en general, para educar a la población en la importancia que dicha función relacional tiene; tanto en las distancias cortas como a mayor escala y por cualquier vía.

La inclusión de pequeñas notas como ésta, educativa, nos trae a la agenda de actualidad la importancia –en este caso- de una competencia que no se nos enseña en la escuela, que nos creemos que dominamos desde la infancia, sobre la que todos opinamos y que suele ser fuente de conflictos o ventajas, según como la convirtamos en acto y pase a formar parte de nuestra identidad.

Que no es un libro para especialistas, está claro; pero quienes lo sean en esta materia serán los primeros en comprender la trascendencia de educar a la población en técnicas de comunicación activa. Como también los profesionales de cierto nivel reconocerán inmediatamente la repercusión que la buena o la mala comunicación tienen en la trayectoria de mujeres y de hombres de empresa. Cuestión que tampoco nos pasa desapercibida en otros ámbitos de nuestras vidas.

Aún tratándose de una sencilla nota en un diario gratuito, la periodista tiene el acierto de destilar los elementos esenciales de la comunicación interpersonal en un apretado resumen y dejando claro el mensaje subyacente: si tiene interés en poner su estilo de comunicación de su parte, acuda a las librerías…

Cuantas más veces y desde más canales se emitan y reiteren estos mensajes mayores posibilidades de impacto y fijación tendrán; que es lo que nos está sucediendo con otros acontecimientos que mejor sería dejarlos orear.

Tomo esta anécdota para recordar la responsabilidad social de los medios de comunicación y el compromiso de los profesionales de la comunicación de atenerse al código deontológico profesional, que exige ponerse al servicio de la sociedad y de los ciudadanos, siempre del lado de la objetividad y no de parte de otros intereses. Sin exceptuar al periodismo de opinión que, debiendo atenerse a lo mismo, tiene ocasión de posicionarse, si se ofrece como tal y sin disfraz, y no con la apariencia de la verdad; como está ocurriendo.

© jvillalba

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