Desde luego coincido en lo sustantivo con Puri Paniagua, socia de Neumann International, en que toda una suerte de decisiones arbitrarias son origen de incertidumbre, pero no son aquellas las únicas aguas fecales al servicio del despiste, diseñadas para producir temor. Por buenas o por malas que sean las decisiones, éstas se traducen necesariamente en actos que -antes o después- son visibles; peores efectos provocan las aguas pestilentes y empantanadas de la desinformación, aquellos lodazales en los que se instala el imperativo del mutismo, manifestado en las nieblas bajas de la espiral del silencio.

Pero también la información torticera, amañada, elaborada al despiste, para confundir, se cierne en derredor del mutismo generalizado.

Por lo dicho me cuesta hacer sujeto de la pérdida del compromiso a los que en el artículo de Puri se denominan -quizá en una licencia plástica- “agazapados”, pues la lealtad de quienes una vez se sintieron comprometidos se roba con fuerza y con violencia, sin misericordia, con daño. No es una simple pérdida al descuido, fruto de una conducta in vigilando, y por ende –a mi modo de entender- no tienen culpa; ellos no son responsables del desencanto que experimentan como consecuencia de la pérdida irreparable que se les ocasiona.

Existe, por el contrario, una culpa in eligiendo, que corresponde asumir a quienes alientan la ignorancia, a quienes toman decisiones irrazonables o difícilmente explicables, o justificadas mediante aporías, o sujetas en sofismas indemostrables; una responsabilidad que compete asumir a todos aquellos que velan o difuminan hasta opacar el estado de situación que concierne conocer. En fin, y por resumir, una culpa directamente atribuible a quienes optan por la aplicación de políticas más propias de las sociedades secretas y a quienes, en el escalafón ejecutivo, les secundan en propio beneficio.

Disiento de la autora que afirma que “Ahora, se valoran positivamente las empresas con sede nacional, puesto que la capacidad de decisión es cercana y apropiada a la realidad que vivimos.” Pues la honestidad en planteamientos y decisiones, la transparencia y la verdad fundada en hechos incontrovertibles, no la verosimilitud con apariencia de verdad (pero siempre, a medias), se corresponde con la elección de un estilo de gestión responsable y no tanto con la geografía de los estornudos.

Hoy las multinacionales parecen haber superado sus catarros, mientras que algunas de las empresas nacionales lo han importado y muestran síntomas de haberse constipado.

© jvillalba

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