Interesante sesión en ESADE, donde esta mañana se ha presentado el estudio “La reputación de España en el mundo”. Un estudio online, basado en una muestra de 45.500 ciudadanos de 40 países, entre los que también se encuentran los pertenientes al G-8. Pueden leer un avance de resultados en “El pulso de la reputación” o la nota que ha publicado hoy La Vanguardia. 

De lo dicho esta mañana, pendiente aún de leer íntegramente el documento, resalto dos ideas que me parecen fundamentales: 

La imagen de España en el exterior es algo mejor que la que tenemos los habitantes de ‘la piel de toro’. El estudio informa que los atributos del país más estrechamente vinculados con el turismo son los que influyen en dicha consideración. 

Sin embargo, aquellas dimensiones que más directamente correlacionan con la competitividad y la productividad (entorno económico, calidad de productos y servicios, marcas y empresas reconocidas y tecnología) representan nuestros principales puntos débiles. 

Según los investigadores, lo primero significa que tenemos una crisis de autoestima; mientras que lo segundo hay que considerarlo a la luz de la posición en la que nos encontramos: la duodécima, de cuarenta, en el ranking reputacional por países. Queda claro que los ponentes han pretendido trasladar un enfoque optimista e ilusionante, con el que concuerdo, quizá más que por otra cuestión porque la utilidad principal de este estudio es demostrar que la reputación de un país se puede gestionar, hay que hacerlo y ésta es una estrategia que sin duda revierte en el beneficio general. 

No en vano las actitudes se matizan sobre la base de las percepciones y se traducen en comportamientos concretos (vivir, visitar, trabajar, comprar, invertir) que revierten directamente en la economía del país. 

Sin embargo, percepción y realidad pueden o no coincidir. No creo que tengamos una crisis de autoestima; más bien considero que los ciudadanos que habitamos España tenemos una visión más cercana y palpable, así como una suerte de vivencias que posiblemente nos animen a desear vivir mejor y a pretender lo mejor para “nuestra casa”. Este punto de vista es el que me lleva a fijarme en modelos que parecen más avanzados, que son posibles y que parecen mucho más respirables. 

Insisto en que este estado de situación, lejos de llevarnos a rasgarnos las vestiduras, nos podría motivar a actuar, a sumar esfuerzos, dejarnos de controversias y empezar a edificar un país mejor. 

Un país mejor es también aquél que investiga, innova y ofrece nuevas soluciones, ése que económicamente está reforzado y es creíble; ése en el que el mercado internacional confía porque se considera solvente. Uno que no está endeudado por encima de sus posibilidades. 

En un país mejor la tasa de desempleo es mínima o está en los mínimos de las estadísticas comparadas. Uno donde se ha logrado erradicar la mendicidad y en el que, cuando menos, en todos los hogares se puede citar una fuente de ingresos constante (un 20% de nuestra economía está sumergida –Cinco Días; hoy-). 

Un país mejor genera tejido productivo, hace circular el dinero, revierte en servicios a los ciudadanos una buena parte de la recaudación impositiva; crea empleo. 

Mejorar está en nuestra mano y nos compete a todos. La reputación se basa en percepciones, identificar los indicadores que permiten encontrar la correspondencia entre las variables racionales (comportamientos o conductas) y la variable emocional (pulse), que finalmente determina la resultante reputacional, no está fuera de nuestro alcance. Podría ser otro cualquiera, pero el modelo CountryRepTM, al igual que su antecesor RepTrakTM orientado al objeto/sujeto empresas, aporta una línea de trabajo clara y definida, considerando cuatro dimensiones (estima, admiración, confianza e impresión), que se articulan en once atributos* que se organizan en tres variables: Calidad de vida, Gobierno eficaz y Economía y cultura avanzada. 

En un país mejor circulan las sonrisas. No creo que tengamos una crisis de autoestima. Creo que tenemos una crisis de gestión en sentido amplio que afecta a administraciones, empresas y familias y que bien podría recuperarse por la vía del consenso y del esfuerzo colegiado. Y con un ápice de generosidad social. 

© jvillalba

Download the Complimentary CountryRep 2010 Report

* 1. Entorno natural; 2. Ocio y entretenimiento; 3. Estilo de vida; 4. Marcas y empresas reconocidas; 5. Tecnología e innovación; 6. Calidad de productos y servicios; 7. Cultura; 8. Respeto internacional; 9. Entorno político e institucional; 10. Bienestar social; y 11. Entorno económico.

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