Mi reflexión de hoy es consecuencia de la lectura del post “Redes sociales corporativas, la asignatura pendiente en España”, de Mireia Ranera, fechado el viernes pasado, y del modelo de planificación de la estrategia SM, que he conocido de mano de Javier Godoy.

Desde una perspectiva ‘macro’ de comunicación interna es muy posible que las razones de ser de las redes sociales internas no difieran tanto en su embrión, pues necesidades y propósitos son muy similares para todas las empresas; aunque varíe su formulación, la esencia permanece prácticamente inalterable: la consecución de un fin. Y las personas no somos tan diferentes en lo esencial. Lo que marca la diferencia seguramente sea la intencionalidad de unas y de otras.

Social Objects

En todas las empresas resulta necesario comunicarse para hacer el trabajo, luego la comunicación interna, entendida como conversación por medio de la cual los diferentes miembros de la comunidad-empresa interactúan, creo que puede considerarse un objeto social. Objeto con múltiples prismas que requieren abordajes diferentes. Entre otros, destaco:

Por un lado ha de cumplir una función informativa-situacional que ha de dar ocasión para poder conocer y compartir los ejes de situación; pero también ha de cumplir una función integradora-inclusiva: informar e informarse para favorecer la integración en la comunidad-empresa de referencia. Se trata de saber qué sucede y por qué acontece.

Pero también tenemos una necesidad relacional que la comunicación debe posibilitar, así la función afectiva y relacional puede constituirse en un objeto por si mismo por medio del cual cultivar también la identidad de grupo y de clase; una función madurativa desde la perspectiva personal.

Por otra parte, la conversación interna ha de capitalizarse traduciéndose en conocimiento, por lo que la gestión de la participación, tanto en términos de diálogos para la innovación como en posibilidades reales de co-creación temática, resulta esencial para convertir el conocimiento de las personas en talento organizativo.

Social Graph

Por otra parte, el “social graph” o los tipos de conexiones entre los miembros de la comunidad-empresa me parece que no difieren del clásico esquema de la comunicación formal/informal.

Este mapa social tiene también dos caras superpuestas que son una traslación de las relaciones reales; por un lado están las conexiones formales, más racionales e impuestas por el organigrama y las trasacciones de trabajo, con un grado de fortaleza que dependerá de la frecuencia exigida por la interacción o interdependencia de actividades; de otro, las conexiones que denominaría vitales o afectivas y cuyas relaciones se basan en la simpatía, la afinidad, la identificación y la contigüidad.

Social Capital

La red social interna será sostenible en la medida en que la comunidad-empresa favorezca, en general, la obtención de capital social y les permita a sus integrantes capitalizar sus contribuciones en términos de reciprocidad; obteniendo ayuda cuando se necesita, respuestas cuando se demandan, conocimiento cuando se precisa, afecto y reconocimiento cuando se contribuye útil y generosamente. Aportar valor aquí se contabiliza en términos de reputación profesional y personal.

Cuando una red social interna se percibe como una propuesta de la empresa, una acción o concesión de la élite a la plebe, es muy probable que la iniciativa fracase o se termine adoptando de modo anecdótico.

Una de las claves de las redes sociales internas es basar su propuesta de valor en “crear valor juntos” [me lo dijo Javier Godoy].

Y para hacerlo bien y desde el principio habrá que orquestar y dar audiencia, desde antes de su implementación [lo dice Pere Rosales; y concuerdo absolutamente con él], a quienes luego la dotarán de valor y utilidad.

© jvillalba

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