A Paco Muro hay que decirle que sí; que habría que sustituir a más de un alto directivo; cuando menos al “38% de la alta dirección española (que) no está a la altura de las circunstancias para su equipo”, según la reciente investigación que ha llevado a cabo Otto Walter, consultora especializada en desarrollo de comportamiento, presidida por Francisco Muro, quien presentó sus conclusiones el pasado jueves, en el campus de la EOI.

Otto Walter ha recopilado* más de 10.000 opiniones de casi 600 “mandos y profesionales cualificados de medianas y grandes empresas” para elaborar el mencionado estudio, que ha sido ampliamente difundido por los medios amplificando el subtítulo (“El 38% de los altos directivos, suspendidos por su equipo”) de la investigación OW-2010: “La alta dirección a exámen”, que ha sido publicada por la apd (disponible en Slideshare).

Ya que Paco Muro hace gala de su inteligencia emocional al destacar el papel del 62% de los altos directivos que lo hacen bien, o muy bien, no me mostraré tan político como él, precísamente con la intención de capitalizar los datos de este estudio que es absolutamente recomendable leer, subrayar y analizar para empezar a poner algunas cuestiones en su sitio, pues si es verdad que la visión de ‘la botella medio llena’ nos inclina a considerar que lo bueno de esta crisis es que podemos rentabilizarla vía aprendizaje, también lo es que el sobrecoste de dicha ‘escuela de negocios’ sobrepasa con creces la titulación obtenida.

No pediré disculpas por opinar que, por alguna oscura razón sucede que numerosos integrantes de la casta directiva, o dirigente –ateniéndonos al estudio, el 38%-, nos quiere hacer creer que, por el solo hecho de la pertenencia, se les insufla el hálito de la sapiencia y del bien hacer. Por suerte ni todos los directivos ni todos los dirigentes responden a ese patrón.

Mi experiencia seguramente no diferirá mucho de la de ustedes: he conocido pocos directivos muy buenos, auténticos líderes y modelos; algunos más, competentes; numerosos, manifiestamente ineficaces.

También por mis vivencias, puedo afirmar que habitualmente ocurre que cuanto más ineficaces son los profesionales, más autoritarios se muestran, más engreidos se manifiestan, más absolutistas son sus decisiones, más en posesión de la verdad se declaran y más alejados se encuentran de la realidad y de las personas. En mis años de profesión, he visto caer a grandes figurantes (prepotentes y soberbios, en una patética pirueta para esconder complejos y fantasmas), pues no resisten la prueba del tiempo; aunque he de admitir que el plazo en estos casos adquiere una dimensión cuyas unidades de medida no se atienen a las de las manecillas del reloj.

Aún siendo elogioso el arte político del presidente ejecutivo de Otto Walter (muy alejado del estilo de Francisco Javier León de la Riva -tenía que decirlo-) al aplaudir la labor del 62% de la alta dirección española –a quienes se les retribuye para eso-, el estudio destila contundencia y resulta francamente duro, así como su propuesta –muy acertada me parece- de ‘tocarles’ la remuneración y de constituir un fondo de reserva “para pagar la búsqueda o preparación del sustituto o la posible indemnización para el despido del directivo cortoplacista que ha demostrado no entender la buena gestión a nivel de alta dirección.” ¡Ahí les duele! Pues sépase que ante la crisis algunos altos directivos que han recortado salarios han incrementado los de su casta. Una doble moral, en efecto.

Ya digo que se trata de una investigación sin desperdicio, de la que probablemente muchos de ustedes ya tengan noticia, por lo que tan sólo destacaré un par de aspectos que me interesan especialmente.

Nuevamente el papel de la comunicación interna se revela esencial en la dinámica empresarial: saber comunicar y anticiparse, hacerlo con transparencia y honestidad, mostrarse cercanos y hacer fluir una información real y para adultos representa una palanca para contrarrestar los efectos desintegradores de las crisis; al fin, involucrar.

La falta de participación y la mala comunicación desgastan y desintegran, restan y desnaturalizan el trabajo y las relaciones, destruyendo la necesaria humanidad que debe presidir el quehacer de las empresas en todas sus manifestaciones: respeto humano; respeto a las personas. A las de afuera y a las de dentro. A todas.

No son los únicos factores, por supuesto, pero sí alguno de los principales porque la comunicación (un 33% destaca la mala práctica de la comunicación interna) también está en las decisiones incoherentes, en el apocamiento, en el alejamiento de la base, en la falta de decisión y arrojo para subsanar inefiencias manifiestas o erradicar carcinomas.

Siendo políticos podemos ganar clientes y adeptos; seguramente poniendo realidades sobre la mesa nos ganemos una recua de enemigos, pero quiero creer que los míos se encuentran entre el 38% desenmascarado por OW.

© jvillalba

* Universo: Profesionales de Empresas privadas medianas y grandes de España. Población: 9.720 mandos intermedios, técnicos y directivos de empresas medianas y grandes en España. Muestra válida: 581 válidas recogidas. Error muestral: +/-3,9% para una probabilidad en la que p = q = 50.

Recomendable el post de ayer de Jaime Pereira

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