La gente que algo tenemos que ver, ya sea directa o indirectamente, con la gestión de personas, podríamos parecernos a peregrinos en Katmandú haciendo girar los molinillos de oración en un acto de fe para que nuestras plegarias llegaran, mecidas por el viento, hasta los dioses que habitan en las montañas.

Algunos, motivados por introducir algún ribete, quizá personal, echan mano del hispanismo y resumen una idea, que ya tiene entidad propia, en un término el ‘enganchin-g’, pero repárese en que se trata de una construcción sui géneris en imitación de la terminación británica del participio presente, lo que me recuerda nuestro favoritismo por los anglicismos, aunque éstos sean de andar por casa.

Así, en un reciente artículo, publicado por Expansión & Empleo, se vuelve sobre el ‘enganchin-g’ (que, escrito a la castellana, mataría la ‘ge’) en alusión a Montserrat Ventosa, directora de Employee Branding, quien, anglicismo en ristre y para pasar del compromiso al ‘enganchin-g’, receta tres ‘bes’: “believe (creer), belong (pertenecer) y be embassador (ser embajador)”

Pero no hay bebedizo posible que logre la auto inmolación de las personas como los japoneses lograran a la desesperada, con los pilotos de los cazas, en la cubierta de sus portaviones, allá por los años 40.

Tal y como me lo imagino, no dejamos de hacer que den vueltas y más vueltas los molinillos de oración –de hasta 130 euros-, sobre las mesas de nuestros despachos, buscando el milagro de que la gente se comprometa, participe y se involucre; pero ¿a cambio de qué? ¿Será tan difícil?

Ya he citado en alguna ocasión el artículo de Mónica Deza “La reformulación digital: E=m2c, que figuraba en al anuario Dircom 2009, en el que la ex-CEO de Universal McCann España, se refería al engagement en los siguientes términos:

 “La palabra inglesa Engagement significa compromiso, participación, involucración. En los últimos años se está generalizando el uso de esta palabra para definir las nuevas estrategias de relación entre la marca y los clientes, la evolución del concepto tradicional de marketing, su adaptación a las reglas de juego de la sociedad digital, el Engagement marketing.”

No hace muchos días, en la Jornada de tendencias de RRHH, el hilo conductor que los representantes de tatum recomendaban aplicar no era otro que la aplicación de las estrategias del marketing a la gestión de personas. Si en la sociedad actual resulta imprescindible establecer prácticas de engagement para atraer y retener a los clientes, ¿por qué no aplicamos las mismas estrategias para disolver el continuo que delimita el binomio burnout-engagement, alejándonos del primero a favor del segundo?

Una primera aproximación podría venir de la mano de Talent Engagement Solution, la herramienta Hudson de aplicación para quienes, a falta de mejores tácticas de ‘enganche’, no se les ocurran políticas auténticamente adhesivas.

Parecerá un asunto nuevo, pero no lo es, ya lo advertía el profesor Edelberg en 2005, quien nos ponía sobre la pista de las 12 preguntas emitidas por la Organización Gallup para medirlo.

Engagement me gusta más; con todo, ¿por qué no hablar de la gestión del compromiso?

© jvillalba