Tímidamente algunas empresas empiezan a plantearse su presencia en la red social, pero pocas parten de una estrategia previamente definida. Algunas van ‘allí’ porque hay que estar, otras empiezan a ‘editar’ su presencia invitando a jugar, las más todavía se resisten, quizá por temor a comparecer en el ágora digital, puede que por un mal entendido instinto de supervivencia ante la arrolladora corriente de conversaciones. ¿Todas saben qué decir?

“A las redes sociales se va a conversar no a vender”.

De lo que no me cabe duda es de que la anterior afirmación de Neil Revilla les pondrá nerviosos a muchos de los que se plantean su presencia en la red social exclusivamente como burda táctica de negocio para hacer caja.

Reveladores fueron los datos ofrecidos por Addoor y Nurun en el estudio sobre las percepciones de los internautas españoles del uso de Twitter, como herramienta de comunicación corporativa, y en el informe sobre la presencia de marcas en Twitter: mientras que el “48% de los usuarios españoles de Twitter sigue perfiles de marcas”, “El 31% de las marcas en Twitter no han conversado nunca con sus usuarios”.

¿Cuál es su propuesta de valor?

Lo que algunas empresas no tienen claro es que el éxito, como consecuencia de la reputación, es una variable a largo plazo, que se construye en el día a día y orientándose al futuro.

De no contar con una propuesta de valor firme, afirmada en los hechos, partiendo de un posicionamiento claro y coherente con la visión de empresa, no será posible aglutinar una comunidad en torno de una marca. Antes, por tanto, de decidir si estar o no presentes, sería preciso tener claro el para qué, despejar la incógnita del por qué, saber el cómo y afirmar claramente la propuesta de valor, que no debe ser diferente de aquella que la empresa haya definido en su pensamiento estratégico.

Como se sabe, estar o no en la ‘conversación’ no impide que se hable de la empresa, como tampoco lo evita permanecer de espaldas a La Red, cuya monitorización permitiría en parte contrarrestar el efecto de negación de la realidad social en el que algunas empresas incurren.

Hay una diferencia sustancial entre participar de la ‘conversación’ y gestionarla. Esta diferencia viene dada por estar, comunicando la propuesta de valor, donde hay que estar, en el tejido social. Creando conversación, no sólo conversando.

© jvillalba

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