Llego al blog de Pilar Jericó inspirado por el artículo de Teresa Jiménez aparecido en el número 102 de Dossier Empresarial (“Dos de cada tres empleados desconfían de sus directivos”),  pues como bien es sabido, nombrar una instancia (“tandem tóxico”) es dotarla de identidad. En este caso, el término parece que fue acuñado por Robert Sutton, de la Universidad de Stanford, como consecuencia de la “investigación de la galleta”. En este punto, lo recomendable es leer el post “El tándem tóxico o los jefes que se comen la galleta” del que es autora la consultora de Innopersonas.

Por lo que se desprende, la figura del “tandem tóxico” refiere una situación de alejamiento entre mandos y subordinados (o ‘colaboradores’, eufemismo con el que a numerosos jefes les seduce denominarlos), de tal manera que en vez de ponerse éste al servicio del equipo interpreta que sus colaboradores están para servirle a él, cuestión que se agrava en situaciones de crisis (como ésta que nos sigue aquejando). A la postre, lo que se pone de manifiesto es una falta de sensibilidad, por parte de los ‘jefes tóxicos’, sobre las necesidades de las personas que dirigen, circunstancia ante la que éstas últimas amplifican las reacciones de alejamiento que perciben en aquellos.

Así las cosas, barruntando sobre el “tandem tóxico”, me llega casualmente la ponencia de Juan Antonio Palacios Raufast* (“Directivos psicópatas”)  dictada en el IX Encuentro Internacional de Profesores de Política de Empresa, promovido por el Instituto Internacional San Telmo, acaecido en Sevilla los días 15 y 16 de octubre de 2005 –según reza en el documento recibido- o en 2007, según data el propio instituto en el plan de trabajo que figura publicado en Internet.

A pesar de su antigüedad, lo traigo a colación porque me parece vigente y relevante con el motivo de este post, así como también por mi natural inclinación por la psicología y, en particular, por la psicopatología de la vida cotidiana.

Palacios, en lo que debió ser una brillante ponencia que, por desgracia o no está disponible en Internet o no he sido capaz de encontrar, se refiere al daño que los directivos psicópatas infringen a las empresas y a las dificultades que existen para mitigar sus efectos, para lo que se basa en las investigaciones del profesor Robert Hare –de 1980 y 1985- que derivaron en la creación del instrumento ‘Psychopathy Checklist’ (PCL-R), cuya aplicación sería factible en las empresas en evitación de la incorporación de directivos psicópatas, cuyos principales rasgos pueden resumirse en cinco:

  1. Individuos fríos, sin conciencia, centrados en su exclusivo interés y exentos de todo sentimiento de culpa.
  2. Sujetos con sentimientos que califico de ‘faraónicos’, convencidos de su infalibilidad.
  3. Excelentes actores, de trato amable y muy gratos, expertos en el arte del fingimiento (encantadores de serpientes).
  4. Mentirosos compulsivos y hábiles manipuladores.
  5. Incapaces de admitir sus propios fallos, de los que invariablemente culpan a otros.

Siendo personalidades de marcado liderazgo, embaucadores al fin, su identificación resulta muy difícil, pero el problema se acrecienta porque la rehabilitación de tales sujetos, su reconducción, falla, es inoperante, resulta imposible debido, principalmente, a su más absoluta falta de asunción de culpa.

Para mayor INRI, si sus resultados son buenos, las cúpulas tienden a ‘perdonarles sus rarezas’ aunque causen daños objetivos e irreparables, plantillas incluidas; si son malos, echan las culpas fuera de sí, tienden a ocultarlos y, en la medida en que puedan, realizan una huida hacia delante antes de ser descubiertos.

Por apostillar una diferencia esencial entre los directivos psicópatas y los narcisistas –ambos tóxicos-, mientras que éstos se creen realmente llamados para cumplir una ‘gran misión’, aquellos simplemente actúan en beneficio propio.

La conclusión, salpicada de ejemplos con nombres y apellidos, resulta obvia: hay una clase de directivos, los directivos psicópatas, cuya conducta profesional resulta destructiva, tanto para las empresas como para las personas que las padecen. Afortunadamente para las mujeres –no figura alguna entre los ejemplos-, al ostentar en menor número (¿no les resulta este hecho sospechoso en el S. XXI?) las primeras posiciones directivas corren menos riesgo de ser consideradas directivas psicópatas.

Y, vuelta al principio, si es verdad que la comunicación puede resultar asuntiva y ser un antídoto contra el alejamiento entre directivos y empleados, recojo la afortunada frase de cierre del artículo de Teresa Jiménez «la incorporación de la mujer a la dirección, ya que es más empática y más clara a la hora de comunicar», dicha por Juan Carlos Cubeiro, presidente de Eurotalent, podría resolver numerosas situaciones que hoy en día se siguen dando en las empresas quizá porque algunos de los hombres que dirigen empresas y personas tengan una visión trasnochada del mundo de los negocios que no concuerda exactamente con las necesidades que exigen los tiempos que vivimos.

Una dificultad, señalada por Palacios, es la falta de aplicación de estos estudios al mundo de la empresa, lo que muy posiblemente evitaría sufrimientos, quiebras y derrotas.

¿Y cuál puede ser el antídoto contra el “tandem tóxico”?

Quizá los cuatro aspectos referidos en mi post de 21 de enero, con ocasión del artículo 174 del profesor Guillermo S. Edelberg, en referencia a los propuestos por Robert I. Sutton en junio de 2009 (How to Be a Good Boss in a Bad Economy. Harvard Business Review. Boston): predictibilidad, comprensión, control e identificación (a los que también hace referencia Pilar Jericó en su post de 6 de abril)

Creo, sinceramente, que la sociedad y las empresas necesitan hoy de mucha ayuda y echar mano de la visión femenina para resolver asuntos que los hombres –sin llegar al extremo psicopático- estamos demostrando que o no somos capaces o no queremos resolver.

Y si quieren hacerme cambiar de opinión, demuéstrenmelo.

© jvillalba

* Doctor en Administación de Empresas. Standford University. Máster en Economía y Dirección de Empresas. IESE, Barcelona. Ingeniero Industrial. E.T.S.I.I. Barcelona Profesor Emérito. IESE; Barcelona. Política de Empresa

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