Después de leer el irónico post de Michael Arrington, en Tech Crunch, sobre la reputación on line, la verdad es que no me puedo sustraer a reconocerle cierta parte de razón; pero aún dándosela no dejo de considerar que la reputación on line es asunto importante, tanto para empresas como para particulares; máxime para ese supuesto 20% de membresías en busca de empleo o de recolocación, pero no sólo en su caso.

En relación con las redes sociales profesionales, días atrás me interesó el estudio publicado por Addeco, el día 29 de marzo –sobre el que alertó Luis Perdiguero en LinkedIn-: “Las redes profesionales ya son utilizadas por el 51% de los usuarios de Internet”, sobre cuya base puede plantearse el pensamiento que sigue, partiendo de la hipótesis de que el rastro digital afectará en determinada medida a las propias posibilidades de obtener una buena percepción (consideración inicial) de quienes se lleguen con algún interés a tu perfil.

Si se admite que el 40% de las ofertas de empleo no se publican, puede pensarse que resultará imperativo contar con fuentes de reclutamiento alternativas a las que poder acudir, ya sean propias o ajenas, para hacerse, al menos, con una masa crítica de candidatos. Podrá tratarse de bases de datos, referencias de terceros, captación directa, publicaciones y anuarios… o redes sociales profesionales, pues no cabe duda de su utilidad en este campo.

Luego la primera conclusión es que, en efecto, empresas e intermediarios en la gestión de empleo acuden a dichas fuentes, donde el acceso al perfil representa la posibilidad de realizar una primera criba sobre la base de los requisitos formales del proceso en curso.

En esta primera fase los reclutadores hacen una aproximación con el grueso cedazo de los requisitos técnicos (formales), bajo la premisa más primitiva de la calidad: cumple-inclumple los requisitos fundamentales de la oferta. Aquí, lo que cuentan son el currículo y el perfil y el rastro digital no tiene relevancia, pues ni tan siquiera merece la pena investigarlo en esta fase.

La cuestión está en que un 13% habitualmente y un 33% ocasionalmente de los reclutadores pueden estar comparando requisitos y perfiles técnicos sin que ni tan siquiera los usuarios consultados tengan idea de ello; salvo en el caso de quienes limiten la visualización de su perfil y el acceso requiera, por tanto, autorización.

A excepción de los procesos orientados según búsquedas dirigidas, los reclutadores simplemente omitirán comparar esta clase de referencias ‘ciegas’.

Sin entrar en el detalle de las fases posteriores, que mucho me temo que se consumen prontamente en La Red para pasar enseguida de lo virtual al contacto personal, entre otras razones por el factor tiempo, es digno de mención que el 52% de los encuestados aseguren que podrían descartar a candidatos (preseleccionados) a tenor de su rastro digital, de lo que se concluye que, en efecto, la reputación del contacto se va conformando sobre las percepciones que susciten sus presencias en Internet, lo que en algunos casos (presencia baja o muy baja) será inviable chequear y en otros (presencia alta), mucho más fácil.

Pero hay otras variables a considerar en los procesos de preselección on line ¿Merecerá la pena tomarse el trabajo de seguir el rastro digital en todos los casos o sólo será preceptivo en algunos?

Partiendo de que (1) el índice de presencia de los internautas es muy variable, (2) que no todo rastro es significativo ni determinante, (3) que el reclutamiento puede realizarse para puestos de muy distinto nivel y que (4) los perfiles requeridos pueden ser muy abiertos o mucho más cerrados, la importancia del rastro digital ni es igual para todos los casos ni puede serlo. Y es ésta una investigación no fácil para presencias bajas o discretas en Internet que consume tiempo, las más de las veces escaso en numerosos procesos de selección que van contrarreloj.

¿Saben que muchas veces uno de los problemas de los head hunters y de los técnicos de selección es contar con un número significativo de candidatos para poder cubrir con garantía el proceso encomendado? Estamos de acuerdo, ¡parece increíble!, pero es una realidad con la que también hay que contar.

Al igual que siempre ha sido preceptivo acreditar las referencias, valía y honorabilidad de una candidatura, más cuanto más elevada sea la posición en juego, el rastro digital y la reputación en La Red son credenciales que sin duda harán inclinar la balanza en uno u otro sentido en el momento de la verdad.

Aunque enunciativas, muy acertadas me parecen las recomendaciones de Addeco para “mejorar la propia reputación on line en 8 pasos”, si bien habría que matizar la octava propuesta ya que la privacidad puede gestionarse selectivamente, pero sin olvidar que uno de los principales principios de la producción en La Red aconseja “abstenerse de publicar cualquier contenido del que pudiera avergonzarse la propia familia o que le pusiera a uno en evidencia frente a sus vecinos”.

Además del octeto de Addeco, me parece que puede resultar recomendable definir el propio modelo de egosearch, para lo que será necesario fijar las propias fuentes de investigación y hacerse con un paquete de herramientas de monitorización, pero sin obsesionarse ni con ánimo defensivo, más bien para disponer de elementos de juicio, establecer las oportunas reflexiones y tomar las decisiones más convenientes para gestionar la propia marca.

Hay quienes, además, aprovechan las solicitudes directas de recomendación, que estas redes proporcionan, para incrementar su book referencial. Examinar este ‘rastro’ y su confiabilidad podría ser motivo de otra encuesta.

© jvillalba

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