La Semana Santa supone, para unos y otros, un paréntesis, más largo o más breve, pero ‘tiempo muerto’, al fin y al cabo, entre ‘asalto’ y ‘asalto’; una ocasión para desconectar del trabajo, pero sin entidad suficiente como para desencadenar el llamado síndrome postvacacional (SPV) que aqueja a un tercio de la población después del periodo estival.

Ello no quita para detenerse unos minutos a la semana y escuchar la sabia propiocepción, examen que ofrece algunos pequeños indicios que ponen sobre la pista del grado de satisfacción con la actividad que para la mayoría representa nuestro medio de vida.

Con motivo del reencuentro con el día a día, le invito a recapacitar sobre el interés que le despierta su trabajo, el grado de realización que le permite y el ambiente humano en el que se desarrolla su jornada laboral, para lo que le propongo un sistema de autoescucha que le permitirá empezar a establecer un diálogo consigo mismo para hablarse del nivel de adaptación que tiene con su situación actual, primer paso para revisar su proyecto de vida y afirmarse o reformular su visión interior.

Si su trabajo le resulta estimulante, probablemente no le cueste levantarse de la cama, es muy posible que le atraiga acudir a su trabajo y seguramente lo haga con buen ánimo y con cierto ritmo vital; cabe la posibilidad de que suela llegar pronto y se organice para salir a su hora; a menos que tenga alguna dolencia diagnosticada o padezca alguna enfermedad reconocida, su tono muscular será firme, pero estará exento de rigidez, se notará bien en general, descansará por las noches y, normalmente, se considerará en buena forma. Probablemente, y dentro de lo posible, habitualmente procurará acostarse a una hora prudente para descansar y poder afrontar la jornada siguiente en las mejores condiciones.

Si no llega a esta conclusión, puede que le interese replantearse la visión que tiene de su trabajo, y de si mismo en dicho empleo; en el peor de los casos puede empezar a barruntar un cambio de trabajo, pero si no cambia su visión interior y, como consecuencia, su estilo de vida y, por ende, su enfoque sobre la trascendencia de la actividad que realiza, un cambio de trabajo por si mismo no le dotará de los mecanismos de enriquecimiento que parece necesitar para empezar a disfrutar de la actividad que consume, cuando menos, un 33% de su tiempo diario o, si lo prefiere, un 50% de sus horas de vigilia.

Su vida se lo agradecerá, usted saldrá ganando y su familia también.

Trece escuchas

1. ¿Le cuesta levantarse por las mañanas?

¿Diría que siente como que un ‘peso’ le impide dar un salto de la cama? ¿Se hace el remolón en la cama, por las mañanas? ¿Tarda tiempo en despertarse e incluso después de la ducha se le cierran los ojos en los transportes públicos? ¿Si se desplaza por sus propios medios, y ocupa el lugar del copiloto, tiende a dormitar en el trayecto? ¿Admite usted que es de los que les cuesta terminar de despertarse y ponerse en marcha? ¿Llega con sueño al trabajo?

2. ¿Se nota cargado de energía?

Considere el estado de ánimo con el que llega a su puesto de trabajo y trate de reconocer e interpretar signos físicos en su cara: ¿tiene los músculos faciales relajados o ligeramente contraídos? ¿Nota tensión en las mandíbulas o siente una ligera torsión en los pómulos?  Revise su tono muscular: ¿Tiene la musculatura caída, nota la fibra lisa ligeramente estirada, diría que siente un cansancio generalizado? ¿Tiene dolores de espalda, lumbalgias o algún otro aunque sea difuso?

3. ¿Con qué ritmo camina?

Reflexione sobre sus pasos. ¿Se ha parado a pensar si su marcha, de lunes a viernes, es rítmica o si camina arrastrando los pies hacia el trabajo? Por el contrario, al término de la jornada ¿sale deprisa, su ritmo es acelerado, está deseando marcharse?

4. ¿Cómo es su mirada?

¿Tiene los ojos entornados o muy abiertos? ¿Su mirada es triste o vivaz? ¿Le brillan las pupilas? ¿Tiene los ojos enrojecidos? ¿Su mirada está perdida? ¿Le han hecho últimamente algún comentario sobre su mirada?

5. ¿Siente ganas por llegar?

Con independencia de incorporarse a la hora que fije su turno, ¿se toma con calma la llegada al trabajo, prolonga su entrada, se entretiene hasta el último minuto antes de ‘fichar’? ¿Acelera su marcha cuando va al trabajo para ingresar en punto, o antes? ¿De camino al trabajo, se entretiene ordenando en su mente los asuntos del día? ¿Suele llegar antes de que dé su hora? ¿Ha tenido que recuperar tiempo, en algunas ocasiones, por haber llegado tarde?

6. ¿Tiene la sensación de perder el tiempo?

¿Diría que, habitualmente, al término de la jornada está usted con las ‘manos llenas’? ¿Cree que ha producido y siente que ‘ha hecho algo’ que tiene valor? ¿Marcha a casa con la idea de haber perdido el tiempo? ¿Considera que su trabajo no tiene enjundia alguna?

7. ¿Está deseando que ‘toque la sirena’?

Piense si lo mejor del día es, con diferencia, la salida del trabajo y si se pasa la jornada deseando que dé la hora de partir. Calcule si habitualmente es capaz de cerrar su in-basket unos minutos antes de marchar o si con frecuencia no consigue salir a su hora.

8. ¿Le gustaría prejubilarse?

¿Usted diría que es de los que prefieren prolongar su vida laboral hasta los 70 años o que, por el contrario, y si pudiera, se acogería a una prejubilación siempre y cuando las condiciones fueran ventajosas? ¿Le gustaría dar el paso a quienes les siguen y pasarles el testigo? ¿Cree que lo que no ha logrado no lo va a lograr en los años que le restan de actividad? ¿Piensa que usted ya ha cumplido? ¿Tiene algún plan por desarrollar en su profesión?

9. ¿Le agradan quienes le rodean?

Revise qué relaciones tiene en el lugar de trabajo, valore cómo son y cómo se producen las interacciones y concluya si tiene la impresión de enriquecerse con el trato de los demás o si, cuando menos, le resultan gratas las personas con las que comparte oficio y actividades. ¿Cómo es su ambiente de trabajo? ¿Resulta fácil la convivencia? ¿Tiene conversaciones que trasciendan la dinámica laboral? ¿Conoce los gustos de sus compañeros? ¿Le resultan molestos los hábitos de quienes le rodean? ¿Sabe qué les hace felices? ¿Conoce su sociograma familiar? ¿Sabe dónde han estado las pasadas vacaciones y lo que han hecho? ¿Sería capaz de explicar el trabajo de sus compañeros?

10. ¿Qué le parece su ‘jefe’?

Piense por un momento qué tipo de relación sostiene con quien le manda ¿Toman café de vez en cuando, nunca o a diario? ¿Podría demostrar que tiene alguna de complicidad con su superior? ¿Le parece un buen ‘jefe’; es competente; le trata con respeto; siente que verdaderamente valora su trabajo y le valora a usted? ¿Tiene alguna prueba de que su mando se apoya en usted y lo reconoce abiertamente?

11. ¿Con qué humor se encuentra?

Nuestros estados de ánimo varían como también oscila nuestro humor, si bien lo normal es que dichos cambios de grado sean, por lo general y a excepción hecha de acontecimientos especiales, moderados.

¿Cómo suele sentirse, con buen o con mal humor? ¿Dicen de usted que es un malhumorado o le tienen por persona muy agradable? ¿Se nota irritado en el trabajo porque hay ‘cosas’ que, con toda razón, le sacan de quicio? ¿Se encuentra de malhumor, pero no sabría decir en concreto por qué? ¿Es usted de los que son tildados de ‘malas pulgas’? ¿Se saludan amablemente entre compañeros? ¿A la hora del café prefiere cruzar de acera para no toparse de bruces con gente que considera indeseable o maleducada? ¿En ocasiones se altera y pierde los modales? ¿Es usted es un ejemplo de persona equilibrada y de moderación para quienes le rodean?

13. ¿Y los fines de semana?

¿Reconoce que los fines de semana le entusiasman y que al término de los mismos le entra un ‘bajón’? ¿Los domingos por la tarde alberga la fantasía de no tener que ir a trabajar los lunes? ¿Se le pasa por la cabeza buscar alguna excusa para no ir a trabajar el lunes? ¿Los domingos se suele acostar más bien pronto o más bien tarde?

12. ¿Ha aprendido a conciliar?

Dígase con absoluta sinceridad si invariablemente no tiene hora de llegar a casa, sea cual fuere la causa con la que se justifica, y si reiteradamente su jornada supera con creces las ocho horas. Si es así, quizá debe usted olvidarse de los párrafos anteriores y puede que le viniera bien asociarse a trabajadores anónimos por si ello le ayudara a desintoxicarse, pues créame, más saludable me parece tomarle adicción a la vida (se sobreentiende que ello afecta a todas sus dimensiones)

© jvillalba

Anuncios