Hoy he conocido a Sylvia –no cometeré el error de trazar su retrato; le restaría el ápice de misterio que me he propuesto en este post-, que nos ha regalado un pequeño libro con un gran mensaje: la comunicación.

[Una comedia en tres actos y dos anexos]

La comunicación, pero la que hace, o ayuda a hacer, “másclaro”, dos palabras comulgadas en solo término que suena a rotundidad, lo que ya te invita a escucharlas.

Sylvia ha relato su oferta de servicios: consultoría de comunicación, centrada en soluciones y estrategia de comunicación –sobre todo la interna-, y formación (vivencial, por lo que he colegido). Dos ingredientes sencillos, pero cargados de futuro.

Lo dejo ahí, en dos mujeres, de las que he conocido a una que se expresa con un habla distinto, detrás o delante de la que hay una extensión de domino punto net en la que figuran cinco mujeres. Una es ella, la fundadora. Y se le nota en la expresión.

¿Qué aportan? No lo sé, pero intuyo que el lado femenino de la comunicación para la empresa, un ingrediente cada vez más necesario, seguramente lleno de frescura, no por cuestión de género, pero sí por el lado de la emoción; y con toda seguridad la independencia de su mirada, un ejercicio cada vez más irrenunciable para quien se atreva a testar su modelo relacional en levitación, sin lastres, en epojé, ligero como en un sueño, en busca de un feed-back presuntamente novedoso y de una propuesta de alternativas para reinventarlo.

Lo hemos dejado ahí; en suspenso. Y ahí lo dejo caer, por si a alguien le interesa.

A mi sí.

© jvillalba

Escuchando a Echanove me refuerzo en la convicción de que las enseñanzas de Stanislavski representan un plus en el acervo de todo comunicador.

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