Me temo que el grave problema que tenemos quienes trabajamos en las áreas ‘blandas’ de las empresas es el de la medición. Se necesitan datos para acreditarse ante un Consejo o para ejercer nuestra influencia en los comités de dirección.

Hablo de datos vinculados con el negocio, referidos a resultados, con reflejo en el balance y, cuando menos, que con visos de verosimilitud puedan hacer valer su contribución específica al impulso de la estrategia y de los resultados.

¿Cómo medir? Es nuestra sempiterna pregunta. ¿Cómo mejorar nuestros sistemas de medida? ¿Cómo afinar indicadores? ¿Cómo acercar nuestros ratios a los resultados contables?

Numerosas afirmaciones, aportadas por todos nosotros, como argumento de peso para defender la importancia de nuestra actividad adopta el formato de creencia.

Tomo el ejemplo de la que figura en la nota de prensa, motivo de los cuatro últimos post, referida por  Javier Ayuso, director general de Unique en España, y que también suscribo: “La motivación es uno de los factores que más directamente repercute en los resultados y en la productividad de los trabajadores y, por tanto, de las empresas”.

La comunicación interna nos plantea el mismo problema, ¿cómo aislar los efectos de la misma y referirlos a resultados de negocio?

Mientras que no seamos capaces de soportar nuestras afirmaciones en datos relevantes, seremos tomados por apóstoles de una religión empeñados en una misión evangelizadora, suicida porque, de no contar con otros creyentes entre la dirección, siempre llevaremos las de perder en el frío juicio de los resultados ‘contantes y sonantes’, juicio en el que tampoco nos salvará el argumento de la reducción al absurdo: ¿qué sucedería o perderíamos si no tuviéramos o no hubiera o no hubiéramos…?

(Rellene usted los puntos suspensivos)

© jvillalba

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