European Network and Information Security Agency publicó un informe, el 8 de febrero, con el propósito de sensibilizar sobre los riesgos potenciales derivados del uso indebido de las redes sociales on line (SNSs), preferentemente a través de teléfonos móviles, cuestión sin duda meritoria y digna de elogio, cuyo valor radica más en la insistencia que en la novedad. Un informe de 49 páginas, en formato pdf, de mucho interés, que es recomendable conocer.

Con todo, de las diecisiete ‘golden rules’, una me ofrece muchas dudas. Concretamente la 3.

ENISA propone utilizar un seudónimo (nickname) para los perfiles en red y lo argumenta bien: (1) no es necesario usar su nombre real en línea; (2) con ello protege su identidad y privacidad; (3) si lo considera conveniente, podrá revelarlo a sus contactos más estrechos.

Necesario, lo que se dice necesario, no es pues no se precisa obligatoriamente del propio nombre para conectarse y actuar en Internet. Más que protegerse, el término que me parece más adecuado en el contexto es ‘ocultarse’ para no dar la cara, cuestión muy alejada de lo que significa ‘desnudarse’. Finalmente, si uno se pretende ocultar, ¿para qué revelarlo selectivamente? ¿Para presumir? ¿Por narcisismo? ¿Para ‘reencontrarse’ en línea y saber con quién se está relacionando?

Antes de proseguir con mis dudas, una pregunta: ¿le satisface a usted no saber con quién está entrando en contacto en línea? ¿Le agrada estar sospechando de toda posible interacción?

La regla 3 me parece que atenta contra una norma básica de etiqueta en La Red: actuar por derecho, en el propio nombre, dando la ‘cara’ sin ‘desnudarse’ y sin poner en peligro la propia privacidad, pero mostrando la propia identidad, aunque con la máxima prudencia, el máximo respeto hacia los demás y aplicando la inteligencia.

En Internet siempre ha seducido a muchos el pretendido anonimato, pero solo se oculta quien alberga dudosas intenciones. Es la plaga de los snnifers de los antiguos foros y chats, la tribu de los husmeadores en busca de piezas de caza.

El anonimato no representa una fórmula de salvaguardia democrática ni anima la participación ante requerimientos de terceros, por el contrario ampara numerosas conductas reprobables en las que algunos no incurrirían si se les pudieran adjudicar como sujetos.

Sin duda hay que protegerse y principalmente hay que velar por la seguridad de los jóvenes, pero ocultarse en el anonimato, ampararse en identidades diseñadas para la ocasión, me parece muy peligroso y perturbador para el correcto desarrollo de las personas. Creo más en la educación, en dedicar tiempo a tutorizar y a acompañar a quienes por veces primeras se adentran en el nuevo mundo de La Red y de las redes y a quienes van creciendo, descubriendo y experimentando nuevas opciones en el ámbito de la cibersociedad.

En este sentido ENISA, como otras muchas organizaciones y asociaciones, recibe toda mi consideración, pero la función educativa primigenia descansa en las familias y ha de ser ayudada y completada, pero no hurtada, por las instituciones educativas, cuestión que precisa amor y mucho tiempo de dedicación, pero también ejemplo en el núcleo primario, que es donde se gesta el carácter y la orientación del sujeto, siendo ésta la principal referencia en valores y comportamientos.

Matando al perro se termina con la rabia (de ese perro), pero educando en el error, en vez de en la prudencia y el conocimiento, se gestan yerros que luego es fácil generalizar a otros ámbitos de la vida.

Sin restar valor al informe, declaro que me opongo a la regla 3 de ENISA.

© jvillalba

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[full report original: documento pdf de 49 páginas]

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