Sobre mi mesilla de noche se apilan lecturas pendientes que de día en día crecen. De vez en vez reconstruyo el ‘campanil’, remuevo sillares en el inútil intento de disimular una espadaña que ya sobrepasa mi cabeza al tumbarme esmerándome para no alzarla más allá de los centímetros que me tengo impuestos en aras de una pacífica convivencia, pues la obra se retrasa y alguna que otra argamasa recién cocida se incorpora a la desvencijada torre al término de la semana.

El deseo de un nuevo sillar, tendrá la culpa mañana: Faceboom. Dos mil pesetas de las de ahora serán las culpables. Un creativo en la cuarentena, redactor, guionista, publicitario, quizá humorista, bloguero, nacido en la ciudad de Buenos Aires, con un segundo libro en su currículo de escritor me pone en el brete ante el centímetro y todavía no sé si me obligará a recomponer mi pila de libros. Se trata de Juan Faerman, del que no tenía noticia antes de este sugestivo título: “faceboom: el nuevo fenómeno de masas facebook”; al parecer, en curso desde septiembre de 2009.

[Escribe algo…] “Heme aquí buscando información sobre libro y autor, que la hay.”

¡Cómo transcurre el tiempo! Al primer deseo de ávida lectura se superpone ahora la decepción que me depara lo leído y escuchado en Internet, incluso de boca del propio ‘humorista’, aguando las ganas de recomponer mi pertrechada torre de papel; máxime con el número de pendientes que aguardo impaciente devorar.

Ahí lo dejo, haciéndome eco de lo que esta misma mañana provocó un deseo en mi que, a la tarde-noche, ya maltrecho y tras la dura jornada, tal vez con la percepción errada sobre lo escuchado, visto y leído, se enfrían mis ganas tras una curiosidad defraudada.

¿Efecto de una publicidad que a otros parece memorable? ¿Consecuencia de una campaña para otra audiencia concebida? ¿Resultado de un humor para público selecto?

Ahí lo dejo… (Quizá esta dejación de ahora me lleve a leerlo una lluviosa tarde de vacaciones)

© jvillalba

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