Gonzalo Martínez de Miguel, Director General de INFOVA, escribió en Octubre pasado una breve nota de la que se hizo eco Cinco Días, hablando del cansancio estructural, inconcreto, de los directivos españoles. Allí, aseguró que el 32% admitía tener una sensación de cansancio permanente, el 42% reconocía vivir en una continua situación de agitación y el 50% aseguraba necesitar el fin de semana “como agua de Mayo”. ¡Vaya panorama!

En la misma nota, dos perlas que cito textualmente: La mayoría de los directivos que conozco aluden, debido a su trabajo, a la falta de tiempo para no descansar más o hacer más deporte.” “Tienden a auto compadecerse y a exhibir su cansancio como prueba de responsabilidad y compromiso con la organización.”

Tales afirmaciones se avalan  con los últimos datos del Observatorio del Comportamiento Humano en la Empresa (OCHE)”. Por desgracia, en dicha nota no se aportan los datos técnicos que las fundamentan, si bien cabe pensarse que algo pueden tener que ver con el avance del estudio “El modo de pensar de los directivos en la España de 2009 – 2010”, que aporta la misma consultora en su sitio web, investigación dirigida por Iñaki de Miguel, sobre la base de 800 entrevistas autoadministradas online, para el universo de población directiva de empresas ubicadas en España, con un muestreo: aleatorio, polietápico y estratificado en el ámbito geográfico nacional, con un error de muestreo de +/- 2,5% (para un nivel de confianza del 95,4%)

Un estudio sin duda interesante del que iré desgranando alguna reflexión marginal. Me sirve ahora para retomar la sempiterna excusa de las castas directivas: la falta de tiempo; como también para rememorar la memorable confusión entre las horas de presencia y la eficiencia.

Respecto del tiempo, recordar que todos tenemos y disponemos del mismo número de granos de arena: 24 horas al día, cada día, durante los 365 días. Ni un grano más ni uno menos. Y cada quien nos diferenciamos y ejercemos nuestra libertad de decisión en la aplicación de cada uno de esos granos de arena, que solemos destinar, sin excepción y en la medida de nuestros grados de libertad, a las cuestiones que mayor interés revisten para nosotros y mayor expectación o deseo nos despiertan. Algunos harían bien en aplicar el consabido aforismo: “Primero la obligación y luego la devoción”, sin embargo la experiencia nos demuestra que lo incómodo, lo difícil y lo desagradable solemos relegarlo, omitirlo y dejarlo para el final, así hay directivos cuya ignorancia manifiesta en determinados asuntos les impele a obviar determinados aspectos inexcusablemente ligados a sus responsabilidades. Señores directivos, sepan que, a través de la aplicación de su tiempo, podemos determinar sus intereses y áreas de máximo confort y por ende sus niveles de incompetencia.

Respecto de la aplicación de esfuerzos, recordarles que la eficiencia es el logro de resultados al menor coste y que prolongar jornadas interminables lo único que pone de manifiesto es la falta de competencia para gestionar sus responsabilidades, pues terminar extenuados ya es un indicador para determinar la incapacidad gestora de quien ni tan siquiera sabe administrarse y, en su defecto, al estar sobrepasado, disponer los medios adecuados para corregir la situación.

Estimados directivos, les invito a superar el espejismo de la plena dedicación y de la dedicación exclusiva imponiéndose un horario y dedicándose exclusivamente a dirigir y dejar hacer, pues quizá deben empezar a entender la diferencia entre el modelo de gestión de los recursos humanos y su superación mediante la concepción de los humanos como recursos, seguramente más eficientes, productivos, creativos y  sorprendentes de lo que algunos de ustedes serían capaces de imaginar.

© jvillalba

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