Al igual que los buenos propósitos es posible que interese armarse de conceptos para no perder la visión del Oriente; es decir, orientarse, según el rumbo que cada cual se trace.

Uno de mis conceptos principales para 2010 es la deconstrucción, término que me parece más intuitivo, más plástico, que el que venía empleando para decir lo mismo: léase la desestructuración mental o el cambio poliédrico de perspectiva para analizar hechos y sucesos desde muy diferentes ópticas.

Y puesto que la realidad se construye –quizá debería decir con mayor propiedad que nos la construyen-, un modo plausible para analizar -o sea, levantar y ver qué hay debajo del constructo- sea éste, la deconstrucción sistemática, por estratos, de la supuesta realidad social, pues hay ocasiones en que el cambio de perspectiva aporta nueva luz al aproximarse al objeto de estudio desde ópticas aparentemente alejadas; establecer la conexión, entonces, puede ser un ejercicio de lucidez tanto más consistente en la medida en que los fundamentos del análisis permitan hacernos evolucionar de lo verosímil a lo verdadero, entendiendo aquí por verdadero el consecuente cuando éste pueda objetivarse, acreditarse y replicarse.

Le debo este concepto a Pablo Maella, quien lo menciona en su libro “Gestionar con sencillez”, lectura que me puso sobre la pista de Jacques Derridá.

© jvillalba

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