Queridos Reyes Magos_

Lo primero que deseo hacer hoy es agradeceros los raudales de dicha que habéis depositado al lado de mi chimenea y tantas dádivas con las que me habéis obsequiado este año, quizá merecidas, como quiero suponer, pues me parece que me he portado bien con quienes me rodean. Cuando menos, me he esforzado en respetar sus perspectivas y -desde luego- me he aplicado por hacer felices a quienes digo amar, pero también –aunque muchas veces me ha resultado harto difícil- he hecho lo posible por respetar a aquellos con quienes he coincidido en este transitar diario en los pasados 365 días.

¡Ah! También creo haber hecho un esfuerzo para no derrochar innecesaria y caprichosamente los haberes familiares, como se demuestra en nuestro libro de contabilidad  doméstica. Y he vigilado mi comportamiento cívico, también al volante, y mi conducta con el medio ambiente, aunque, como podéis imaginar, mis contribuciones representan un grano de arena.

Quería que, a vuestro regreso, os estuviera esperando esta carta de agradecimiento, pues, aunque creo haberme portado bien, tengo la sospecha de que este lote de regalos ha excedido mis méritos, por lo que me siento en deuda con vosotros. Con todo los tomaré como un estímulo que no deje de recordarme que he de seguir mejorando en todas las facetas de mi vida, desde lo más cercano y cotidiano a lo más alejado y casual. En fin, gracias. Quiero deciros que no dejaré de esforzarme para estar a la altura de los presentes recibidos.

Ya puestos, he  pensado también que podía aprovechar para anticiparos mi carta de pedidos para el próximo año, lo que, dadas las circunstancias, confío que os parezca pertinente y adecuado ya que, en vez de hacer balance, vayan esta vez por delante mis propósitos de manera que el próximo año podáis calibrar -en tan esperada noche- si cumplí o fallé en la aplicación de mis esfuerzos durante los próximos centenares de días; reto que ahora, queridas Majestades, os expongo.

Este año deseo tener paz y ejercitar la templanza para discriminar lo importante en mi vida y aplicarme con esmero a cultivarlo, obviando cantos de sirenas, omitiendo pírricos triunfos y desoyendo halagos tentadores que confunden los sentidos.

Lo primero en mi vida, la salud, pero para dedicarme por entero a lo principal: mi compañera y mi familia, el más dulce don que a varón le fuera concedido.

Un ejercicio de inteligencia para cuidar de mi vida en todas sus facetas, de lo principal a lo accesorio, de lo primero a lo último, de lo cercano a lo alejado.

Salud también para trabajar con ahínco y con esmero, pero con cabeza, centrándome, en su tiempo, en lo eficiente y productivo para no cometer excesos inoperantes ni restarle sus tiempos al resto de mis responsabilidades. Pensar para actuar y proceder; cada cosa a su tiempo y un tiempo para cada cosa.

Ahora que sigo cumpliendo años y soy capaz de remansar la mirada en el futuro presente, seguir envejeciendo activamente, aplicando esfuerzos para cultivar salud y mente con las miras puestas en ampliar -en todo lo posible- mi capacidad de autonomía para la vida diaria, cuestión a trabajar ahora, en el día a día, para que luego sea posible, pues quiero alcanzar el gozo de la independencia siendo capaz de actuar por mi mismo hasta en las mínimas actividades cotidianas.

Nuestras vidas son una sucesión de instantes decisorios en los que, con cada decisión, optamos por un sendero que va trazando nuestro transcurrir aún en las mínimas elecciones. Mi decisión es adueñarme de mis elecciones por insignificantes que éstas sean.

No quiero perderme la ocasión de seguir aprendiendo, este año, cada día; mantendré los ojos bien abiertos, ‘escuchando’. Para ello he de estar despejado, tranquilo, receptivo, y no veo mejor estrategia que estar bien descansando, suficientemente recuperado del esfuerzo diario, por lo que administraré mi tiempo para gozar de horas reparadoras que me permitan estar en lo que esté.

Tengo también el propósito, como todos los años, de seguir reencontrándome con la Naturaleza, a la que amo en todo su esplendor, y de recorrer paisajes, nuevos y conocidos, por lo que echaré mis pasos al monte de vez en vez, para llenarme la mirada y entender mejor, con alguna lucidez, la realidad en que vivimos.

No quiero ser una carga que, como pesado fardo, se imponga a quienes me rodeen intoxicando el ambiente, por lo que quiero hacerme liviano como el aire, aprendiendo de la brisa, para orear los ambientes en los que me encuentre como si de una bocanada de aire fresco se tratara.

Finalmente, ahora que seguimos en crisis, y aunque la vayamos superando, me he propuesto seguir administrando mis gastos con mesura, no para atesorar, sino para hacer un ejercicio de conformidad con una vida tranquila.

Tengo en mi vida una dicha, mi compañera, que la llena toda, con quien me siento cómplice en este plan que compartimos y le dedico y que ahora os expongo para hacerme merecedor de tanta dicha como espero alcanzar en los doce trabajos que la vida me impone para poderla vivir por mi mismo con ella.

Queridos Reyes Magos, he de añadir un último trabajo: alcanzar el misterio de la comunicación es mi último deseo para ser capaz de transmitirles a mis seres amados todo mi cariño y mis desvelos y para poderme expresar con oportunidad y translúcidamente, en esta vida, en un ejercicio de sencillez como exponente de una inquebrantable paz interior.

Atentamente,

© jvillalba

P.D. Si me porto bien, os agradecería que el próximo año me traigáis una buena pluma estilográfica, de color granate, con una estrella blanca –mi estrella del Norte-  con la que pueda garabatear volutas, trazos y grafismos en la fachada de la quinta nube, allá donde los escritos se convierten en oraciones que el viento transporta hasta los dioses de las montañas para recabar sus gracias. Gracias.

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