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La voz de la igualdad está afónica, ahogada, perdida. El discurso de la igualdad se viene cimentando en la discriminación y amparando, que no fundamentando, en la inculpación indiscriminada de todo lo que huela a hombre, asimilando su significado al de macho. Discriminación, sí, aunque positiva –ya se ve, uniendo significados opuestos, sino antagónicos-. Inculpación, también, incurriendo en el juicio sumarísimo en flagrante dejación del principio de presunción de inocencia.

Es decir, estamos en los extremos. Extramuros de lo que -al menos yo- entiendo como sociedades civilizadas.

En el siglo en el que nos encontramos, me cuesta entender que todavía estemos en este kilómetro… En el que, sin buscarlas siquiera, a diario nos topamos con numerosas evidencias de sucesos caracterizados por la discriminación de género. Hechos discriminatorios, de derecho y de hecho, de gesto, de palabra, de obra y de omisión que, por emplear la aproximación estadística, me parece que tenemos que reconocer que son más frecuentes y cruentos –por desgracia- contra las mujeres que contra los hombres, que también venimos padeciendo en la vida cotidiana, y tan sólo por el hecho de serlo, el azote femenino –o por mejor decir, feminista- de quienes, creyéndose que están en el derecho, incurren con contundencia o irónicamente, en el hecho diferencial como único argumento de valor.

Anunciado en junio de 2008, hoy, el controvertido Ministerio de Igualdad pone a disposición del colectivo de los hombres un número de teléfono gratuito (900 21 00 21) para atender sus consultas desde las 09:00 hasta las 23:00 horas, de lunes a viernes, con disimulada diferencia del 016.

En aquella fecha, “(…) la ministra habló de un servicio telefónico para “resolver de forma pacífica las cuestiones surgidas en los conflictos de pareja en vez de recurrir a la violencia”, lo que fue entendido por parlamentarios y periodistas como un teléfono para maltratadores.”Europa Press-.

Parece mentira, una pesadilla, que en una sociedad civilizada hayamos llegado a esto. La evidencia es que algunas y algunos –por desgracia- realmente necesitan echar mano de uno o de otro. ¡Tan inhumanos somos los humanos!

En este sentido no tienen desperdicio las declaraciones de Ana María Pérez del Campo, publicadas en La Razón el día 1, que transcribo para quienes no tuvieran ocasión de leer tales perlas:

(…)

“Sin embargo, las asociaciones de mujeres no ven el proyecto de Igualdad con buenos ojos. La presidenta de la Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas, Ana María Pérez del Campo, calificó el teléfono para hombres como «un error difícil de superar» por el Ministerio de Bibiana Aído. «Tenemos un disgusto profundo porque creemos que al final recogerá las quejas de los maltratadores y afines, aunque no digan abiertamente que lo son».

Según Pérez del Campo, la mayoría de las conversaciones de los hombres que recurran al teléfono gratuito serán del tipo «mi mujer me maltrata, no soporto la violencia psicológica, estoy arruinado…». En definitiva, «la iniciativa no va a contribuir a beneficiar la igualdad y la equivalencia entre hombres y mujeres».”

(…)

¿Qué opinan ustedes?

© jvillalba

Manifiesto "En defensa de los derechos fundamentales en Internet"

Si está de acuerdo con el contenido del manifiesto, le invito a difundirlo de la manera que mejor considere.

Reproduzco textualmente el contenido del manifiesto que figura en el sitio web de la Asociación de Internautas. La imagen corresponde a Mangas Verdes.

Manifiesto “En defensa de los derechos fundamentales en Internet”

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:

02-12-2009 

  1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
  2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
  3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
  4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
  5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
  6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
  7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
  8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
  9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
  10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

“El 80% de los dircom encuestados define la RSE como sostenibilidad económica, social y medioambiental.”

Suspenso en RSE (no lo digo yo); éste ha sido el titular (“Los dircom suspenden a las pymes en responsabilidad social”) elegido por el diario libre de información económica Negocio & Financiero (página 28) para hacerse eco del estudio “Encuesta de Responsabilidad Social Empresarial” realizado en Octubre de este año por la Asociación de Directivos de Comunicación, Dircom, cuya nota de prensa se publicó el 17 de Noviembre en su Website.

Marketing Directo y El Global (página 18) recogían la noticia, apoyándose, respectivamente,  en dos de las conclusiones del estudio: “Los directores de Comunicación piensan que la RSE deba avanzar más en España” y “El 90% de los dircom concede una importancia muy alta a la RSE”.

Según lo veo, no deja de ser un estudio de percepciones, pero a mi entender válido, quizá por la fuerte coincidencia de mi visión con los resultados de la encuesta.

La cuestión de la RSE tiene, entre otras muchas, dos facetas también a considerar, la fuerza de la demanda del público, en lo tocante a la exigencia de prácticas éticas en las empresas, y la del diálogo promocional de la propia empresa con la sociedad en materia de responsabilidad social. (Por acudir al ejemplo fácil. Si es usted inversor y no se preocupa de saber si le han colocado acciones en empresas armamentísticas o tabaqueras, por poner el caso, entonces he de suponer que su inversión no es responsable en términos RSE).

“Uno de cada dos dircom cree que la RSE es más alta en las organizaciones sociales que en las empresas”.

En cuanto a lo primero creo que en España todavía no percibo una exigencia fuerte, por parte del público, en lo que se refiere a anteponer el cumplimiento de los compromisos éticos de las empresas al consumo, quizá también –diré como eximente- por desconocidos o incomunicados. Pero es verdad que debido a influencias foráneas y grupos de presión minoritarios, así como por el proceso de ósmosis informativa, el lenguaje de la responsabilidad parece que se está abriendo paso en nuestra sociedad, en la que, sin duda, el debate no ha concluido.

“Según el estudio citado, un 75% de los dircom opinan que la sociedad española demanda a las empresas una mayor atención a la RSE, pero sin demasiada exigencia”.

Por otra parte, hablando en general, no tengo la certeza de que el paradigma mayoritario de gestión sea el responsable, el de la RSE, sino que albergo la sospecha de que códigos y memorias responden, en muchos casos, más a un esfuerzo publicitario, de imagen, que a otra cosa (salvo en todas las honrosas excepciones sobre las que usted pueda alertarme).

“Dos de cada tres dircom cree que las empresas están poco sensibilizadas con la RSE”.

“El 80% coincide que las PYME incluyen en menor medida la RSE en sus políticas”.

Según el citado estudio, “La memoria de sostenibilidad es la manera más habitual de poner en valor la RSE”.

Creo, en fin, que tendemos en exceso a poner el acento en los entes empresas olvidándonos de que detrás de ellas están las personas que las gestionan y, al tiempo, tendemos a descargar a la sociedad (a nosotros, a los ciudadanos) de su misión reguladora también en este ámbito; sociedad en la que, por otra parte, ya es notoria y manifiesta la pérdida o inversión de los valores sociales.

“Más del 40% percibe que a los grupos de interés les falta sensibilidad hacia la RSE”.

Resulta curioso que los profesionales de las empresas, ciudadanos también, al fin y al cabo, sean más conscientes de la necesidad que tienen las empresas, en un marco de sostenibilidad, de definir, adoptar y comunicar su posicionamiento RSE que la sociedad española entendida como un conjunto de personas que compartimos suelo y ciudadanía, cuando unos y otros somos los mismos.

“El 63% de los dircom se da cuenta de que la sociedad percibe actualmente un abuso o banalización de la RSE”.

¿Qué pesa más para el consumidor en territorio español: calidad, precio o respeto al medio ambiente? La percepción de los dircom, ciudadanos y consumidores, está clara: en primer lugar el precio (58,06%), seguidamente la suma equilibrada de calidad + precio + respeto al medio ambiente (30,11%), luego la calidad del producto adquirido o del servicio dispensado (10,75%) y, finalmente, el respeto al medio ambiente (1,08%)

¿Qué imagen nos dejan estos resultados sobre los consumidores? En mi opinión, no buena. Personas, en general, con despreocupación por el medio ambiente, más interesadas en lo barato, en el chollo, en lo accesible o en lo que se cifra a precios populares y que prestan menor atención a la calidad que al precio de lo que consumen. Por suerte, no así para una tercera parte cuyas opciones de compra consideran y supongo que sopesan todas las variables mencionadas: productos y servicios con una buena relación calidad-precio y poco contaminantes o que no contribuyan a degradar el medio ambiente.

“La mitad de los dircom encuestados piensa que se concede una alta o muy alta importancia a la RSE en la empresa para la que trabaja”.

© jvillalba

O cómo involucionar de jefe a emisario… y salvar ‘la cabeza’ cuando el liderazgo se ha dado por perdido.

Siempre, quizá más ahora, además de los recortes encaminados al esfuerzo de equilibrar ingresos y gastos, interesa encontrar fuentes de retorno de las inversiones y hacer florecer el patrimonio desapercibido que no está rentando.

¿Dónde se encuentran las fuentes del talento?

Si el talento es conocimiento en acción y admitimos que el conocimiento reside en las personas, es posible que lo que también podamos hacer, si no lo hemos hecho antes, sea poner a las personas en movimiento para hacer aflorar el talento desapercibido o desaprovechado.

¿Cómo se derrocha el talento?

En general, cuanto más grandes son y más jerarquizas están las empresas más fácil es que se derroche talento, salvo que se hayan previsto y articulado mecanismos de captura para los excedentes improductivos, pues cuanto más prevalecen formalismos y verticalidades menores ocasiones tiene el talento para aflorar. La razón estriba en que en muchos de estos contextos prima lo formal sobre lo funcional, más el rango que la competencia profesional.

Se dan hechos tales como que se organizan reuniones aplicando el ‘pasa/no-pasa’ (tuerca-tornillo) de la lista de cargos en vez de plantearlas sobre la base la experticia (experiencia + pericia –competencia-). Hay ocasiones en las que algunos conciben ideas y plasman proyectos en documentos que otros se encargan de defender; pero también se dan situaciones de retorno: encargos que a su vez se subadjudican a quienes verdaderamente pueden realizarlos para que otros se prendan los resultados solo si estos son positivos (todos podemos contar a bote pronto un manojo de casos…)

Así hay quienes confunden la esencia del “hacer-hacer” (hago que hagan) con el par “visibilidad-invisibilidad” (figuro y oculto)

Sin embargo, la figura de los ‘figurantes’ se trastoca del “hacer-hacer” en “corre-ve-y-diles”, emisarios de encargos y correos proponentes cuyo mayor acierto consiste en la determinación de los adjudicatarios de turno.

(Es también verdad que los mapas de talento no son un instrumento del que tenga noticias que se encuentren muy presentes en las organizaciones.)

Cuando lo formal tiene preferencia y no existen otros mecanismos de obtención de valores alternativos, las organizaciones desaceleran sus oportunidades de producción de valor desde el interior, que es uno de los pilares desde el que tender el puente de una oferta diferencial.

Hay organizaciones en las que se dice que se animan las iniciativas personales y que se alienta a las personas para que se arriesguen, tomen decisiones y sugieran nuevos caminos.

En ocasiones, esta propuesta más que en una realidad se queda en una declaración de intenciones que topa con barreras estructurales, formalismos monolíticos y estilo clasicistas de entender las relaciones en la empresa. La cruda realidad ¡Vaya!

Se dan casos en los que, tras lanzar una campaña (de imagen) pidiendo sugerencias, los proponentes se quedan sin respuesta; en otros, se ha dado el caso de que quienes lideran propuestas son precisamente algunos ‘cargos’ que no las propusieron. Hay situaciones en las que el proponente ni tan siquiera se encuentra integrado en el equipo proyecto. Y es que hay también ‘jefecillos’ que se nutren de las ideas de la ‘gente oscura’ (oscurecida) que jamás es considerada ni tratada como protagonista. Y los hay que anulan toda sugerencia relegándola a dormir el sueño de los justos en un cajón, sin prestarla atención ni darle curso alguno. Otros directamente las tiran a la papelera o las desoyen. Luego, sorprendentemente, algunas organizaciones se lamentan de los bajos índices de participación de la gente.

Ya que tantas veces se critica el egocentrismo de las empresas, he llegado a preguntarme si en realidad nos miramos el ombligo pero no lo vemos, pues me parece que ya va siendo hora de abrir los ojos para mirar más hacia dentro y empezar a ver dónde se encuentra y cómo podemos aprovechar el valor que nos viene pasando desapercibido o somos o incapaces de hacer florecer o, incluso, amputamos de raíz.

Y si no lo hay, tendríamos que empezar a preguntarnos qué hemos venido haciendo y qué consecuencias debemos asumir.

¿Cómo se pone el conocimiento en acción?

Obviamente ni tengo todas las respuestas y ni tan siquiera tengo una solución de éxito que referir, pero se me ocurren algunas posibilidades cuya viabilidad podríamos al menos considerar.

Para empezar, aplanando estructuras; para continuar, estableciendo directorios contributivos en base al mapa competencial, haciendo prevalecer las concordancias asuntos/funciones-personas/perfiles competenciales en convocatorias e invitaciones a actos de empresa; dando tregua al liderazgo situacional y anteponiendo la contigüidad funcional al imperativo de exclusividad de la jerarquía.

¿Y por qué no? estableciendo un sistema de vigilancia competitiva interna que, a diferencia de la trasnochada identificación de potencial, a la caza de mirlos blancos, nos permita establecer un mapa térmico de la empresa, a diferentes niveles de detalle, cuyos grados de temperatura podrían graduarse según la mayor o menor contribución, de cada foco de calor, a la sostenibilidad de la empresa.

Creando escucha y creando conversación, señores, y aplicando ese saber al hacer del día a día (se trata de crear las condiciones para simultanear la actividad de la empresa con la generación de valor por vía natural).

© jvillalba

_ ¿Cuántas veces hemos oído aquello de “nadie es imprescindible”?

_ ¡Tantas que ya nos lo creemos!

El lenguaje es un generador de realidades, pero los términos ‘realidad’ y ‘la realidad’ ni son sinónimos ni significan lo mismo aunque fonéticamente lo parezcan. El primero nos lleva al terreno de la verosimilitud, mientras que el segundo nos conduce a la frontera  de la verdad; aquél cimenta el consenso sobre el artificio, más o menos creíble; éste se ampara en el imperio de la (cuasi) objetividad, de lo contrastable e incontrovertible… Al final, los hechos no son lo que son, sino que son el significado con el que dotamos, mediante la persuasión y el encantamiento, a los acontecimientos.

La construcción de la realidad, una o muchas sucesivas, entre un conjunto de realidades posibles, es una de las actividades a las que nos entregamos humanos y sociedades y que configura la principal prioridad del poder. Y es que las palabras seducen y el lenguaje es una de las evidencias más patentes de su omnímoda influencia (instrumento que algunas organizaciones desaprovechan ostentosamente –aprovecho para decir-). Hay que construir historias

Historias que pasan a erigirse en referentes principales del imaginario popular admitiéndose como si de auténticas verdades (leyes naturales) se tratara, como sucede con la mencionada lexía “Nadie es imprescindible”.

_ ¿Están ustedes seguros?

_ Me temo que estamos jugando a justificar medidas.

Cuando argumentamos esa verdad lo que estamos tratando de decir, en realidad, es que ninguna persona tiene la condición de ser cuerpo y alma de un negocio, empresa u organización y, por ende, su desaparición (o depuración) no afecta a la marcha o vida de tales grupos, que son independientes de los miembros.

_ ¿Están ustedes seguros?

“Yo quiero sobrevivir, ganar… para sobrevivir a una guerra hay que transformarse en guerra. Yo soy prescindible, es como si alguien te invita a una fiesta, tu no apareces y a nadie le importa.”

Creo que intencionadamente se ha sustituido el término en esta frase verosímil. Si bien es cierto que, como anunció Rambo, “Yo soy prescindible”, también lo es que “Yo soy insustituible”, que todos nosotros lo somos, pues –para empezar- cada uno de nosotros somos irrepetibles. Y si ponemos en contexto las realidades, lo que acontece y se demuestra es que, cuando alguien, una persona concreta, falta o se ha dado de baja o desaparece o fallece, familias, escuelas, universidades, negocios, empresas, organizaciones… clases y grupos… sienten un vacío (en otras ocasiones un alivio) que no se puede colmar, aunque sí reemplazar.

En términos de gestión de personas, de su valor único y excepcional –sin ambages, con normalidad- cuando se decide prescindir de alguien que “lo ha dado todo” por un proyecto, que lleva su impronta, que se nutre de su inspiración, el proyecto proseguirá –sin duda-, pero lo hace con otro estilo, se empapa de otra alma, tiene otro talante… y muy probablemente cambie de rumbo. Esto todos lo sabemos.

Siendo así, seguramente somos prescindibles cuando se persigue prescindir de los significantes, pero sin duda somos insustituibles en el valor que tenemos, en nuestros significados, con nuestras diferencias e intencionalidades, con lo que se cumple la segunda acepción de la RAE que confiere a imprescindible: en nuestra condición somos “necesarios, obligatorios”, que es justamente lo contrario de prescindible (¡Que no se nos ‘abstraiga’, por favor).

Cuestión distinta -y sin embargo íntimamente relacionada- es que a alguien le importe o no que sigamos en esta ‘fiesta’.

© jvillalba

Autor

Javier Villalba

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