Con los dedos de una mano

Con motivo de la Navidad he recibido la felicitación de una querida colega que -en la más estricta confianza- me hace saber que se encuentra apenada en estas fechas por la reciente pérdida de su jefa (querida jefa). Dicha líder no ha fallecido –gracias a Dios- sino que ha sido una víctima propiciatoria más de este festín estadístico en el que la crisis, cual ave carroñera, se está cebando en el tejido productivo de este país. En este caso concreto, el despiece tiene el nombre de fusión.

Mi colega –a quien agradezco tamaña confianza- abundaba en su estado anímico con estas palabras -que prefiero reproducir a mal traducir-: “… ella había hecho posible mi automotivación… y por eso sabrás entender lo duro que es perder a una jefa que te deja crecer.

Creo que la líder en cuestión puede sentirse satisfecha, pues cada vez menos jefes y jefas son capaces de despertar tal grado de admiración y respeto, tal reconocimiento ganado a pulso en el día a día, lección que no se aprende en la industria del management por mucho que se adquieran manuales de bolsillo adheridos a la prensa económica de fin de semana.

El liderazgo se ejerce en el día a día, en los pequeños actos cotidianos y en las grandes ocasiones, sin tregua, continuamente, en el largo plazo, mientras que la jefatura de management de bolsillo se apalanca en alguna técnica ocasional bajo promesas milagrosas vacías de contenido.

Y es que existen evidencias populares y generalizadas que nos demuestran que en nuestras vidas profesionales se recuerdan con menos de los dedos de una sola mano los buenos jefes que hemos tenido, de los que hemos aprendido algo y nos han ayudado a crecer; a quienes tenías por un lujo seguir.

A estas alturas, ya la gente sabemos que nuestras carreras profesionales están plagadas de orfandad, por ello tengo la certeza de que para mi colega esta experiencia representa una adquisición valiosa a incorporar en el propio acervo, pues puede sentirse orgullosa de haber compartido tiempo y experiencias con una jefa que será una referencia, un modelo a tener en cuenta en su futura soledad del mando.

¿Cuántos maestros y profesores alberga usted con un cariño especial en su corazón? ¿Lo ha pensado alguna vez?

Si los verdaderos educadores representan un modelo de aprendizaje y disciplina, los auténticos líderes significan una referencia paradigmática en el desarrollo de la carrera profesional. Como he dicho, ambos se cuentan con menos dedos de los que tenemos en una sola mano. ¿Usted podría citar alguno más? Tenga en cuenta antes de contestar que la excelencia no está al alcance de cualquiera.

Por alguna razón, también a un buen jefe le hace un buen trabajador. Por alguna otra razón, aún con jerarquía por encima de nuestras cabezas, quizá llegue un momento en el que el profesional deba convertirse en su propio jefe si se distingue por agregar valor en su actividad más allá del mero cumplimiento, trascendiendo a su descripción de funciones. Es muy posible que en esta purga evolutiva de profesionales no solo haya que aplicar la disciplina del despido a los trabajadores, sino también a los managers de bolsillo con tapas en rústica incapaces de hacer dimanar valor para las organizaciones en su propio seno.

Con franqueza, no lo sé, pero tengo la sospecha de que el futuro demanda reinventar lo que muchos expertos pregonan: la empresa, lo que significa y afecta especialmente a quienes las dirigen y a las formas de dirigir.

Vaya este post por esas extintas y raras avis que sucumben en el cataclismo glacial que nos hace incurrir una industria ochocentista que no sabe cómo reinvertarse para generar beneficios sostenibles. ¡Oiga! Digo bien, ‘sostenibles’.

© jvillalba

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