Paisajes, pueblos y ciudades hablan. Se expresan tatuando de mensajes rincones y fachadas, plazas y callejas, avenidas, alamedas y jardines, jalonando de murmullos el territorio, haciéndoles cobrar una identidad precisa, única, local; unas veces diferente. Otras, similar, recordatoria. Aun, ahora, en las ciudades, indiferenciada.

Muchos de estos mensajes nacen de la espontaneidad de los habitantes; otros, consustanciales al territorio, tienen su origen en la historia y en la actualidad, superponiéndose o conviviendo, convirtiendo el espacio en un ejercicio de expresión arquitectónica y vital, produciendo lo que podríamos llamar la geocomunicación ciudadana, urbana o rural, acto por el que se recrean otras formas de expresión colectiva donde la individualidad tiene también su lugar. Es el lenguaje del territorio.

Extremadura está hablándonos. Se ha propuesto cinco ambiciosos objetivos, todos ellos íntimamente enraizados en su acervo cultural, haciéndolos converger en Cáceres con el propósito de erigirla en la Capital Europea de la Cultura en 2016, y lo está haciendo con el apoyo de los extremeños y de todos aquellos que quieran sumarse a su candidatura.

Esta interesante iniciativa tiene una Web oficial [caceres2016] que respira frescura, tiene un enfoque colectivo, cuenta con una visión europea, tiene vocación convergente, está en el mundo y muestra un talante de enriquecimiento sobre la base de la diversidad, ante la que ofrece su singularidad.

Se trata de “un proyecto perdurable en el tiempo que implica un desarrollo urbano impulsado a través de la cultura”, un valor que necesitamos recuperar en España, que necesita dejar emerger ciudades creativas para que podamos hacernos ciudadanos abiertos.

© jvillalba

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