Gloria Lomana, directora de informativos de Antena 3, escribe hoy, en La Razón, un interesante artículo de opinión (Mujeres escudo), referido al pasado debate de los presupuestos. En dicha columna hace un ejercicio de argumentación lucida y, entre otras metáforas, recuerda la frase de Indira Gandhi “El mundo te exige resultados, no le muestres al mundo tus dolores de parto… muéstrales el niño”.

“La verdad no tiene más que un camino”, pero la realidad, que solemos asimilarla a aquella, tiene múltiples aristas –al igual que las verdades- y, a nuestro pesar, o no, se reconstruye permanentemente como si cualquiera de nosotros pudiera diseñarla a voluntad. Y así es como funciona, haciendo que las cosas –la realidad- sean como las vemos; es decir, como nos conviene que sean. Y para lograrlo, lo comunicamos, lo reconstruimos sobre la base del lenguaje recreando imágenes mentales a las que tenemos que conferir verosimilitud si queremos ganar adeptos para la causa. Luego exportamos visiones para que quienes no tengan la suya, o no se quieran tomar la molestia de hacerla valer, importen cómodamente una perspectiva prêt à porter.

A estas alturas, cuando la moda nos lleva a editar manuales de lenguaje no-sexista y enarbolamos el paradigma de la Igualdad, somos al tiempo capaces –sin sonrojarnos- de declamar el panegírico de la diversidad y de reconocer, implícitamente, que la mayor prueba de que la discriminación, en razón del género, es también una realidad, es precisamente cuando nos consume la atención la omnipresente metáfora sexual, que es un asunto insuperable toda vez que va contra-natura, cuando lo natural sería reconocer las diferencias, asimilar que no somos ni podemos ni nos conviene ser iguales y que en ello estriba el verdadero valor, la riqueza de la convergencia sexual.

Ni mujeres ni hombres, personas. Personas inteligentes, capaces, generosas, empáticas sin renunciar a la propia perspectiva. Sexuadas y educadas, por favor. Y de acuerdo en una cuestión, al menos, en sumar perspectivas para ampliar un horizonte que cada vez resulte más ventajoso para el conjunto –mujeres y hombres-, para la humanidad, los pueblos y las personas, que son quienes construyen la sociedad.

Si, parafraseando a Lennon, “La vida es aquello que te ocurre mientras estás ocupado haciendo otros planes.” ¿No sería mejor reunir nuestras fuerzas en vez de  consumir nuestros esfuerzos en perpetuar la diferenciación improductiva?

© jvillalba

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