Se ha comentado mucho el caso France Telecom y el gobierno francés parece que ha optado por tomar medidas. Así, las empresas de más de mil trabajadores tendrán que negociar con los sindicatos la adopción de medidas preventivas del estrés laboral y deberán presentar un plan de acción con fecha límite el primero de febrero.

El asunto, que ya saltó a los medios de comunicación y está pendiente de auditarse, en un esfuerzo por averiguar las causas, arroja -a día de hoy- una cifra de 25 suicidios y 14 intentos fallidos en año y medio y cuenta con algunos testimonios de los propios suicidas, argumentos que oscilan entre la incapacidad para “afrontar otra reorganización” y la denuncia de “un sistema de gestión basado en el terror”.

Para ampliar este resumen, merece la pena leer el artículo de Ariadna Trillas, publicado el día 10 en El País, y conocer la visión que aporta Guillermo Edelberg en su artículo 170: Suicidios en el lugar de trabajo.

Obviamente ‘la empresa’ no es responsable de tales hechos, si bien ello la pone ante un serio problema de reputación, pues no cabe duda de que la vida diaria en los trabajos, el entorno social, en particular, y el ambiente en general de alguna manera influyen en el ánimo de las personas y, dependiendo de su mayor o menor resistencia a la frustración y según sea la personalidad premórbida de cada quien o las circunstancias por las que atraviesen los individuos, el acontecer de la empresa, podrá influir de una u otra manera.

Pero las empresas, es decir, quienes las dirigen sí son responsables de cómo se reinterpreta la realidad en esa organización, de cómo se afronta la presión del mercado y de qué prácticas se instauran para contrarrestar la pujanza de los competidores; los dirigentes de las empresas, y por extensión toda la cadena de mando, sí que tienen la responsabilidad sobre el estilo de conducta a adoptar en esa ‘carrera feroz hacia la rentabilidad’, cuestiones que influyen en el estado de salud de la organización [Tatum 2009], determinando un tipo de clima en las relaciones humanas.

El debate que suscitan estos acontecimientos no es otro que el de la responsabilidad social de las empresas con uno de sus principales –y no por ello el último- grupos de interés en materia de IPF: índice de políticas de felicidad y, por ende, de prevención de la salud. ¿Tienen o no alguna responsabilidad que integrar en sus  contraprestaciones las empresas en relación con la mejora de las vidas de sus trabajadores?

© jvillalba

Jefes tóxicos: artículo de 12 de enero de 2008, publicado en El País, sección Salud.

IFN Índice de Felicidad Nacional (Facebook)

Observatorio de la Empresa Familiarmente Responsable

Observatorio Permanente de Riesgos Psicosociales

Encuesta Nacional sobre las Condiciones del Trabajo

Asociación de Especialistas en Prevención y Salud Laboral –AEPSAL

Ivan du Roy. Orange stressé

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