Días atrás…

Según los medios –prensa, radio y televisión- estamos a la cola en el nivel de estudios de los países desarrollados: tan sólo un 51% de los españoles acaban de cursar la educación obligatoria.

Por el contrario, el titular de la nota de prensa recientemente difundida por el Ministerio de Educación reza: “El número de jóvenes titulados en educación postobligatoria crece en España por encima de la media de la OCDE”

Para el Ministerio, se intensifica el ritmo de mejora de la formación; nuestro sistema educativo mejora en 2 puntos el número de graduados en educación ‘posobligatoria’, debido al crecimiento de la FP de Grado Medio; cada año incrementamos un 7% el número de jóvenes que optan por una educación superior; y la esperanza de vida escolar se ha incrementado también debido a la universalización del segundo ciclo de infantil.

Pero la realidad que identifica el Informe español del panorama de la educación (indicadores de la OCDE 2009) está más en la línea de un crecimiento de la ignorancia y de un empobrecimiento cultural que se cimenta en tasas de abandono prematuro, mayor en el caso de los chicos, y que a diario presenciamos en la calle, vemos en televisión y no dejamos de escuchar en los noticiarios.

Ya sabemos que hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas, pero lo cierto es que nuestra sociedad deja traslucir una inversión de valores que va en aumento –lo quiera o no el Ministerio, o el ministro- y muy probablemente las causas principales de esta mutación no sean otras que la pérdida de peso de la influencia familiar (de padres y madres), la menor adquisición cultural de que hacen gala muchos jóvenes (más que el colegio y la educación priman el dinero –fácil-, el sexo –sin seso- y la notoriedad –sin méritos-) y la influencia incremental y perniciosa de una buena parte de la parrilla de contenidos que nos sirven los medios de comunicación (violencia, sexo, enriquecimiento), que ladinamente informan de que notoriedad y éxito, cuando menos el enriquecimiento, están al alcance de personajes que otrora ni serían noticia ni podrían erigirse en modelos sociales.

© jvillalba

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