Para los conductores que cada día, día tras día, realizamos un centenar largo de kilómetros por carretera resulta fácil comprender que nos parezca un hecho patente -y reiteradamente demostrado- que la mayor frecuencia en la causalidad de los accidentes de tráfico se acumula en los propios automovilistas, cuyas prácticas oscilan entre los descuidos, el incumplimiento de la normativa de tráfico, el comportamiento incívico, el abuso de maniobras cargadas de riesgo y la producción de situaciones objetivamente peligrosas.

Al final, te preguntas ¿Cómo será posible que no haya muchos más accidentes?

Para quienes aún creemos en que el lenguaje del tráfico sigue estando, cada vez más, necesitado de cortesía y buenos modales, de una conducción pausada y responsable, administrando las posibilidades del vehículo según impongan las condiciones del momento, nos queda como refugio –o defensa- la conducción preventiva.

Aquella tiene el propósito de reducir las estadísticas de los accidentes de tráfico. Es decir, sobretodo, ahorrar dolor –reducir costes emocionales-; en segundo lugar reducir gasto público. Vidas segadas, funcionalidades cortapisadas, vidas cotidianas desviadas de su natural evolución o interrumpidas, proyectos truncados, familias impelidas a sustituir rutinas y alegrías, cambios impuestos y adaptaciones forzadas… son algunas de las consecuencias cuando la voz del tráfico no se imposta con la necesaria prudencia o pericia.

Colocar la propia voz en la riada del tráfico supone escuchar activamente, con atención, convertirse en agudo observador de ese fluido en constante movimiento, mudable y alterable en fracciones de segundo.

Entender la conversación que los automovilistas proyectan significa anticiparse, precisamente como resultado de la observación atenta a los cambios de situación en los cuatro puntos cardinales.

Mantener un diálogo fluido en el tráfico supone contar con margen para ello, tener la ocasión de reaccionar para poder responder adecuadamente a tenor del discurso producido.

Observar, anticiparse y disponer de un margen para reaccionar son tres de las conductas relevantes que a los conductores nos interesa convertir en hábito si pretendemos colocar nuestra voz en esta conversación entre automovilistas.

© jvillalba

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