De las 9 conclusiones que recoge el Estudio 2009 de la implantación y el uso del software social en la empresa española, realizado por Fundación Orange y presentado en Abril de este año, me llama la atención que “el etiquetado semántico sea la tecnología menos utilizada” (15% de las empresas)

“Todo puede ser clasificado de diferentes maneras.”

El conocimiento ha de organizarse con posterioridad a su creación, tal y como la gente lo usa, no tal y como lo concibe un generador de información.

Este principio de la folksonomía es un antídoto contra la infoxicación, de modo que como recordara Alfons Cornella (Up Date’09 one), citando a “David Weinberger (…) en el mundo digital, cuanto más desorden aparente, más orden se genera. Cuantas más etiquetas pegadas a un elemento digital, más encontrable será por personas en diferentes situaciones (…) el orden se genera cuando buscas.”

Las fases de gestión del conocimiento suponen hacer explícito lo tácito y compartirlo; es decir, crear contenidos o generar información, ser capaces de almacenarlo, poderlo gestionar o, lo que es lo mismo, organizarlo, difundirlo o ponerlo a disposición o, cuando menos hacerlo accesible, dar a conocer dicha opción o difundirlo, y consumirlo, para lo que el paquete informacional necesita ser encontrado, mejor con facilidad, mejor aún desde diferentes perspectivas y por distintos usuarios.

Como se ve, en este proceso el etiquetado se revela absolutamente necesario. ¿Cómo estamos gestionando entonces la información y el conocimiento en las empresas españolas? Si a ello se suma que las empresas medianas son las más reacias y que el 80% de nuestro tejido industrial está conformado por PYMES, el panorama de pérdida de eficiencia en las empresas menos poderosas parece que puede ser una realidad.

© jvillalba

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