En algunas organizaciones las cosas no funcionan.

 

Cuando concurren, entre otras, una débil cultura, prima el interés personal y se tiene una estirada jerarquización, la organización no tira, marcha a trancas y barrancas, embarrándose y demostrándolo ante los reiterados silencios cómplices. Se aplica, en estos casos, el consejo que recomendara Góngora en su conocida letrilla: “Ándeme yo caliente…” Y, así, el debilitamiento de la cultura se incrementa día a día.

 

En este tipo de organizaciones orientadas al poder, puede ocurrir que además, máxime en épocas de crisis, prevalezca una estrategia de eficiencia y resultados, lo que condimenta el caldo de cultivo que permite justificar cualquier acción sobre la base de los pretendidos objetivos, incurriendo en una espiral de luchas de poder.

 

Un contexto propicio para enarbolar la administración de la influencia como máxima de la gestión, confundiendo la gestión de la influencia con el tráfico de poder, que termina focalizando a la organización según dicte la dinámica de intereses y prebendas.

 

La influencia así considerada, al margen de la RSE, promueve una dinámica de gestión de las rentas que van desde las departamentales hasta las personales poniendo en tráfico mercaderías  como la información privilegiada, los grados de consideración, el poder psicológico, la primacía de ciertos proyectos o demandas sobre otros u otras, algunas atenciones menores que aportan ganancias en términos de flexibilidad, entre otras ganancias en especie.

 

En entornos como el esbozado, prevalecen los cargos sobre las funciones y las responsabilidades. Y con estos valimientos, los compromisos con la actividad se gestionan desde el interés, con el acopio de rentas, la adquisición de prebendas y la concesión de gracias, pues no hay alguien con poder que reformule la importancia del acontecer diario cuando éste, en situaciones críticas, se encuentra más esclavo de los resultados a corto que del buen gobierno a largo.

 

¡Todo un problema para los CEO’s que pone de manifiesto el lado oscuro de la gestión ética frente a la rentabilidad, aparente o no!

 

IESE Insight nos ofrece una observación no tan generalizada al hablar de la gestión de los grupos de interés, recogiendo el artículo publicado en el Journal of Business Ethics, de Pascual Berrone, Carmelo Cennamo y Luis R. Gómez-Mejía.

 

© jvillalba

Does Stakeholder Management Have a Dark Side?

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