Parece que en el ámbito político se han puesto de moda las ruedas de prensa sin opción a preguntar. ¡Indignante!

 

Creo que el tema de fondo es la pérdida generalizada de valores que impregna la sociedad actual en todas sus facetas, a excepción y a salvo de honrosas excepciones individuales.

 

Así, si los medios de comunicación se han prestado a servir a los intereses políticos y económicos, si han entrado a jugar ese juego, ¿por qué no dar el paso siguiente? Quizá algunas administraciones más y algunas empresas más hayan entendido el mensaje complaciente de algunos medios, antes reputados; que no hoy desde mi perspectiva.

 

¿Y qué decir de algunos licenciados en periodismo que hace años dejaron de ser becarios, asimilando aquí la beca con la oportunidad de realizar prácticas en el medio?

 

Opino, entonces, que la decadencia de la rueda de prensa también podría devenir de la subversión del papel que algunos medios de comunicación juegan hoy en día en el escenario hologramático en el que parece estarse convirtiendo la llamada realidad, como también la pérdida de estatus que algunos compañeros licenciados podrían estar transfiriendo al perfil de la profesión (como también sucede en mi ámbito del saber: la psicología); es decir, recreando un estereotipo profesional en el que se confunde la interviú con el juicio sumarísimo, la pregunta con la acusación o el insulto, el asunto con las ramas, la entrevista con la declamación, la crónica con la prédica ideológica o la objetividad con la veracidad.

 

Me sorprende que en la agenda mediática me haya pasado desapercibido el silencioso clamor de los profesionales reivindicando su papel mediador en la sociedad.

 

Tomo con agrado algunas iniciativas (FAPE) que, cuando menos, representan una muestra de rebeldía profesional en el contexto actual, que leo como una pancarta que dijera “Yo no juego a ese juego”. Y se echa en falta escuchar ese clamor para recuperar la confianza en los medios de comunicación; pues hay una diferencia -en absoluto sutil- entre estar al servicio y ser servil.

 

© jvillalba

elmundo.es 02/04/2009

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