Le debo a Julio Castro el vídeo que refiero en este post, que gentilmente me lo dió a conocer para ejemplificar la distancia que media entre las palabras y los hechos.

 

La comunicación interna es una herramienta de gestión cuyo principal objetivo es influir en sus públicos para generar actitudes y conductas alineadas con los valores de la organización.

 

Se trata de lograr que la información que deba llegar, llegue a sus destinatarios, llegue en la forma y llegue en la cantidad que debe llegar y en el momento en el cual conviene que llegue.

 

Sus responsables, por lo tanto, son gestores del comportamiento de la organización y han de comprender que las personas trabajaremos más y mejor si nos sentimos parte de un proyecto y de una organización.

 

Resulta fundamental e inevitable para lograr gestionar con éxito el cambio en las organizaciones, en las que ya nadie discute que es una necesidad fidelizar a las personas y propiciar cambios de comportamiento acordes con las necesidades estratégicas del momento.

 

¿Son los comunicadores gestores del convencimiento? ¿Ha de ser la comunicación interna un gestor del convencimiento?

 

Si el propósito de la CI es influir en sus públicos, parece que, en congruencia, ha de serlo. ¿Y hasta qué punto es lícito ejercer el papel de influenciador? ¿Y si la causa para la que reclutar adeptos hace agua de alguna manera? ¿Qué distancia media entre la RSC declarada y las prácticas internas?

 

Para ejercer la influencia hay primero que convencerse sobre aquello en lo que se pretende mediar, en tanto que agente persuasor, pues entre la manipulación y la persuasión hay una línea que la traza la intencionalidad del sujeto actuante y, en este caso, las motivaciones de la figura en nombre de la cual se actúa.

 

Si la CI es una función al servicio de la estrategia, previamente habrá que validar estrategia y tácticas desde una perspectiva social de la moral y conducir éticamente el proceso de influencia; luego se requerirá un garante que refrende la actuación del persuasor ante su conciencia. ¿O todo vale?

 

En dicho sentido, puede interpretarse que la gestión del convencimiento ha de incluir la administración de la congruencia organizativa y, admitido el principio rector al que se sirve, apelar a la coherencia en todo momento y en toda actuación, haciendo explícita una política CI de conformidad a principios deontológicos.

 

El pensamiento estratégico, las tácticas, el código de gobierno corporativo, el eje RSC-cultura-políticas-normas-prácticas diseñan el skyline de la empresa para la CI.

 

© jvillalba

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