Algo tendrá un texto*, que se le atribuye a Albert Einstein, que está circulando por Internet y se ha convertido en punto de encuentro para mucha gente en este último período.

 

Alguien, a quien agradezco su envío, pues desconocía dicho texto, me lo remitió por correo, lo que ha despertado mi curiosidad y, deseando fijar la fecha y el contexto, he acudido a Internet.

 

Blogs, emails, presentaciones, menciones en declaraciones a la prensa, citas textuales…, por doquier aparece reproducido el texto que se le atribuye al genio (1879 – 1955) y que, a falta de mejor referencia, fecho en el entorno del crack de 1929. Y repentinamente he reparado en algo en lo que no había caído hasta visitar la Red: la crisis ha puesto de moda a Einstein, lo que me ha hecho reflexionar, pues parece que la gente estamos necesitados de amarre ante este tifón que ya es incuestionable.

 

¿Por qué? Quizá porque necesitemos creer en algo que nos de seguridad y la caída del modelo actual de al traste con el ídolo ante el que la sociedad se ha venido postrando y, como consecuencia, la gente eche la mano al primer madero, que a mano tenga, para asirse con fuerza en vez de ponerse a bracear con determinación para sortear la fuerza de la corriente.

 

Me seducen la fuerza y el sentido poético del mencionado texto, no así su discurso racional, pues me parece que pone el foco en un excesivo entusiasmo en detrimento de los datos de realidad. Es como si a alguien que acaba de perder la vista le dijéramos que se alegre porque así podrá ejercitar el resto de sus sentidos, hasta ese momento sin explotar en todas sus posibilidades.

 

Soy de los que piensan que la maduración del individuo se va gestando en los momentos difíciles, también con las pérdidas que vamos elaborando en nuestro desarrollo; es decir, visualizándolo, que “llorar nos ayuda a madurar”. ¿Que es verdad que el ingenio se agudiza en situaciones de penuria y escasez? ¿Que sabe más el pícaro, por necesitado, que el noble por cultivado? También.

 

En dicha línea, ¿por qué no instaurar la crisis permanente como fuente de innovación y creatividad continua? ¿Y si eleváramos la crisis a la panacea en tanto que agente motivador universal?

 

Me entristecería pensar que la creatividad, los cambios, el progreso nazcan de la angustia y no de la motivación para construir un mundo mejor y para todos –subrayo el adverbio de cantidad– y no sólo para los herederos de la vida fácil, del capital, del occidente, de las tierras al norte…, del mundo interconectado.

 

No quiero creer con Einstein que las crisis sean la energía que precisa nuestra sociedad en el S. XXI y por eso me quedo con el sentido poético del discurso, pues quisiera seguir creyendo que aún nos quedan arrestos para asumir nuestro principal compromiso vital, que es hacer de este mundo un mundo mejor, más habitable, más fácil, más agradable para todos y cada uno de los que habitamos este planeta. Y éste debería ser, con crisis y sin ella, el plan rector que orientara la política mundial sin excepción.

 

En nuestra mano, y por extensión en la de los políticos, líderes y fuerzas vivas, está crear y recrear crisis o construir y ejecutar un plan global, real, mundial de habitabilidad en hermanamiento e igualdad.

 

¿Quieren asumir ustedes su parte de compromiso?

 

© jvillalba

*

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos.

 

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar “superado”. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

 

La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

 

El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

 

Hablar de Crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.

 

En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla.”

 

Albert Einstein

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