mailartConozco gente que ya no contesta los correos electrónicos, aunque algunos emiten. He visto buzones con 1.400 y con 2.300 correos pendientes de leer. Otro día, hace algunos meses, le tuve que explicar a alguien, que estaba alarmado porque había dejado de recibir correos –por over cuota-, que los eliminados del webmail hay que borrarlos definitivamente para que no te resten cuota de consumo, pues ¡no lo sabía!.

 

Este preámbulo para decir que estoy convencido de que el correo electrónico es una herramienta que no se sabe gestionar y que bien merece los esfuerzos de CI para aportar alguna luz al respecto: el protocolo de uso y entreteniendo del correo electrónico.

 

¿Cuántos correos te llegan al día sin pié de firma? ¿Cuántos sin una fórmula de contacto distinta a la del propio usuario de correo; sin teléfono, para facilitar el contacto? ¿Cuántos de las mismas compañías con fórmulas diferentes de firma; en aplicación de una mal entendida creatividad? ¿Cuántos sin acuse de recibo? ¿Cuántos urgentísimos por esa vía diferida? ¿Cuántos reenviados con las direcciones insertas, desveladas, de usuarios que ni tan siquiera conoces? ¿Cuántos de gente que tienes al lado o muy próximos? ¡En fin, un pitote! Ha llegado a tal punto el abuso del correo electrónico, que ha perdido buena parte de su carácter como medio de comunicación fiable.

 

Quería aportar un elemento que me parece especialmente revelador.

 

He observado que algunos mensajes en las empresas, e interempresas, se emiten para dejar constancia de aquello que se dice, se advierte o se informa, como si de un guardaespaldas se tratase. Y en consecuencia se guarda copia. A este mismo hecho responden algunos mensajes en los que se incluyen determinados usuarios en copia, para darles por enterados de asuntos que no deberían ser materia de sus ocupaciones; razón que prevalece en algunos reenvíos con destinatarios copiados. Un paso más en estas luchas internas son los envíos con copia oculta que, por descuido, en ocasiones, de los copiados, se desvelan al responder a todos los destinatarios.

 

Un dato más (¿alguien ha oído hablar de las pelotitas rojas de Edward Deming?), algunos usan el correo electrónico para echar balones fuera. Remiten el correo, dan por cumplida su gestión y se lavan las manos. ¿Qué os parece?

 

Si bien es cierto que, por lo general, la gestión del correo electrónico es deficitaria, también lo es que debe establecerse una práctica organizativa para regularlo y que la formación en netetiqueta tiene aquí uno de sus aliados más fuertes.

 

Puedo asegurar que una sesión en esta materia resulta verdaderamente práctica e interesante para todo el colectivo de usuarios.

 

© jvillalba

Anuncios