3. El arte de la improvisación

 

Conocí a un director general –de profesión- que me confesó que se sentía muy satisfecho de sí mismo porque siempre improvisaba sus intervenciones en público, estaba convencido de que éste era un indicador de solvencia sobre su conocimiento, pero nunca se sentó entre el público para confirmar su creencia –subrayo creencia-. Le conocí en los 80, cuando contaba 60 años, y ya había ostentado 4 direcciones generales. Tuve ocasión de presenciar su 4º despido pactado y de ver su DNI, allí figuraba como profesión ‘director’.

 

Se admita o no, la comunicación no se puede improvisar, requiere preparación y exige planificarse. ¿Cómo es posible que quienes consumen todo el día de reunión en reunión dispongan de tiempo para preparar las siguientes? Hay directivos con la agenda tan cargada que resulta imposible fijar una cita con ellos antes de tres meses. Si antes dije que la comunicación no se improvisa, también afirmo que un gestor realista y eficiente, con los pies en el suelo, tiene que tener tiempo para atender los imprevistos que surgen –se quiera o no-, pues hay decisiones que cuestan muy caras si tienen que demorarse dos meses.

 

© jvillalba

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