Cuando estás con alguien, algo sucede cuando la gente lo deja todo empantanado, y a ti con la palabra en la boca, para atender al móvil: un medio de comunicación a distancia se convierte en una herramienta para cortar la comunicación cara a cara, presencial.

 

Para mí el móvil es el mejor invento del siglo pasado, pues ha permitido hacerte dueño de una parte de tu comunicación, llevarla contigo, localizar y estar localizado; nos ha hecho más independientes y ha contribuido a acercar distancias.

 

No obstante, me parece que una parte de la población o no sabemos o no queremos aprender a usar los móviles, lo que algunas veces llega a ocasionarnos mala prensa, cuando menos, entre nuestros correligionarios.

 

Los móviles tienen una tecla de encendido y apagado y ahora incluyen un menú de opciones entre las que figura el modo silencio, que no todo usuario de móviles utiliza en ocasiones que lo requieren. Asistes a una conferencia o al cine y algunos móviles suenan demandando la atención de alguien que, incluso, se pone allí mismo a hablar.

 

Acudes a visitar a alguien o te reúnes en su despacho y cuando suena el móvil muy pocos lo desatienden o lo desconectan y, por el contrario, es costumbre dar prioridad a la llamada del móvil haciendo de menos a quien tienes frente a ti. Pocos de estos piden permiso o se disculpan para contestar la llamada.

 

Es tan frecuente esta práctica en las empresas que, para ganarme la preferencia, voy a terminar llamando por teléfono en vez de reunirme en persona.

 

Los que así actúan no se dan cuenta de la impresión que causan en su contertulio. Por lo que a mí respecta, creo que son personas maleducados y manejables que han perdido su capacidad de decisión y responden como si un resorte fueran al soniquete de sus móviles. Esto me da ventaja para distinguirme, pues no pasa desapercibido que silencies tu aparato ante alguien con quien te reúnes para prestarle toda tu atención, como tampoco se pasa por alto que lo desconectes si te sorprende una llamada en plena conversación, lo que da la medida de tu interés.

 

Atender el móvil cuando estás hablando con otro es signo de desinterés y una manera de cortocircuitar la conversación, como también sucede con los teléfonos fijos que alguien descuelga dándote a entender que esa llamada representa una liberación de tu conversación.

 

Quizá alguien vea en mi falta de comprensión o rigidez. Cabe la posibilidad de que quien así lo interprete sea un moviladicto que prefiera la charla telefónica a la conversación cara a cara y en persona.

 

© jvillalba

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