¿La asunción de la diversidad? ¿El reconocimiento del otro como sujeto-sujeto, centrípeto, independiente, reconocible por sus peculiaridades? ¿El creciente desinterés actual por los demás; tan tolerante que ni te importan? ¿La sociedad solipsista, individualista, del modelo americano? ¿Es verdad que estamos solos frente al resto del mundo? ¿Hablamos de mayor tolerancia en EEUU que en Europa cuando la primera nación da continuamente pruebas de la máxima intransigencia social e internacional; exponente de las mayores desigualdades?

 

Las 3 ‘tes’ se asemejan, en este entorno, más a una prédica que a una realidad. ¡Ejercítalas! Más un ejercicio de optimismo sobre el papel que una práctica posible. ¿Cómo hacerlo realidad?

 

Me parece muy sugerente evolucionar del concepto de riqueza tradicional a poner el acento en las ideas, en la innovación, como generadores de riqueza, pero es verdad que éstas están en las personas y las personas somos actitudes. Me parece muy sugestivo interrogarse por la localización de las personas, que somos las que tenemos las ideas y, en efecto, ese panorama sólo es posible con un cambio social, que sólo pueden propiciar, nuevamente, las personas (con ideas).

 

¿En qué lugar se encuentra ese mundo en el que las personas podemos dar lo mejor de nosotros mismos? Sería fácil, pero es poco menos que imposible.

 

Es verdad que 1+1=3 se cumple, pero cuando los sumandos se elevan a centenares, a miles o a millones, se convierte en una inecuación; sin embargo la diversidad no sólo aporta la estética colorista del arco iris, también permite adoptar la duda como fuente de conocimiento y asumir la relatividad de la realidad social, incluso. Esto es peligroso, no lo olvidemos, pues se corre el riesgo de transmutar lo inmutable en mudable; como de hecho sucede. ¿Qué sucedió con Galileo, Darwin o Freud?

 

© jvillalba

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